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Santera cubana conduce a policía de Madrid hasta red de narcos colombianos


La madrina de "La Princesa", una octogenaria de origen cubano, está en libertad por su edad, pero "se le leyeron sus derechos y permanece imputada", dijeron al diario ABC fuentes de la investigación.

Una santera de origen cubano, de más de 80 años de edad y residente en Toledo, España, ha conducido a la Policía madrileña hasta una red de narcotráfico a la que acaban de interceptar más de 500 kilos de cocaína.

Su ahijada colombiana, apodada "La Princesa de Porcelana", ha dado nombre a la operación policial en la que resultaron arrestados 25 miembros de la organización, pero no se cuenta entre los detenidos, reporta el diario español ABC.

"La Princesa" se halla actualmente en Colombia. Cada cuatro meses viaja a España para organizar las ventas de estupefacientes y disponer los escondites de la mercancía y el dinero, tras lo cual regresa a su país, informaron los investigadores.

En cada estancia en España, la joven colombiana visita a su madrina, la santera cubana, residente en El Casar de Escalona, en Toledo, para que le eche los caracoles, le purifique los collares con los que los narcos se sentirán protegidos y la "limpie" a ella y a otros dos miembros de la red, asiduos de la misma consejera espiritual.

La madrina, cuya identidad no ha sido revelada, "está en libertad por su edad, pero se le leyeron sus derechos y permanece imputada", dijeron al ABC fuentes de la investigación.

Al parecer, la santera no se limitaba a purificar a su ahijada en las creencias yorubas ni a "limpiarla" antes de una vuelta importante, sino que ponía en contacto a unos con otros. "Si un traficante buscaba droga, ella sabía a quién recomendar. Su cabeza funciona a la perfección", explicaron los investigadores.

La santera compareció ante el Grupo XV de la Brigada Judicial madrileña, al frente de la investigación, pero no declaró, y fue dejada en libertad, señaló el ABC.

Según el diario, la santera cubana cobraba hasta 3.000 euros por sus consultas, aunque no tenía tarifa, sino que apelaba a la voluntad de sus ahijados y clientes.

"Claro que no es lo mismo la voluntad de un narco colombiano que la de algunas señoras del pequeño círculo que también la frecuentan", subrayó uno de los investigadores.

(Con información de ABC)

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