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Opositora excarcelada denuncia abusos en la prisión de mujeres "La Sufrida"


Marieta Martínez Aguilera, activista de UNPACU y expresa política cubana.

Abusos de las oficiales encargadas de velar por la seguridad de las presas comunes y políticas, falta de atención médica y encierros frecuentes en las celdas de castigo son parte la memoria que guarda la activista Marieta Martínez Aguilera tras cumplir 22 meses de cárcel.

El 2 de abril de 2016 Martínez Aguilera, de 50 años de edad y miembro de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) y las Damas de Blanco se dirigía a la heladería Coppelia en La Habana, al tiempo que tres activistas hacían una protesta pública: eran Jackeline Heredia Morales, Yunet Cairo Reigada y Xiomara de las Mercedes Cruz Miranda. Las cuatro fueron a dar a los calabozos de la unidad El Vivac, en Calabazar.

“Al mes de estar en El Vivac una oficial del MININT estábamos viendo televisión- entró por el pasillo y le dio una galleta a Yunet Cairo y cuando fuimos a ver por qué, llegaron todos los guardias y nos llevaron a base de palos, dándonos golpes para una celda que estaba abandonada”, relata Martínez.

Aunque es una celda de castigo, descrita en condiciones inhabitables, Martínez Aguilera y las demás detenidas recibieron allí la acusación de “desacato y daños”, con la sanción correspondiente de tres años de cárcel.

“Ellos sabían que era una celda abandonada, era como un depósito, como un cuarto de desahogo que habían literas rotas, almohadas rotas. Ahí me tuvieron hasta tardísimo y después me acusan de esos daños”, explica.

Un mes después fue trasladada a la prisión para mujeres El Guatao, y a los seis meses a la prisión Granja 5, conocida también como "La Sufrida", en Camagüey.

En El Guatao, señala Martínez, ellas tres llevaban camisetas o blusas blancas en señal de protesta, pero ante los castigos y luego de una especie de acuerdo con las autoridades penitenciarias empezaron a usarlas por debajo de sus ropas de presas.

En una ocasión, rememora, “llevábamos ya seis meses ahí y a Xiomara le hacen una requisa y le cogen todos los pulóveres blancos, la ropa blanca y se la queman. Xiomara reclamó y yo al ver que la llevaban para la celda me manifesté. Me dieron golpes, me llevaron para una celda que hicieron nueva allí en El Guatao. A las tres de la mañana me levantaron custodiada por (guardias) ‘boinas negras’, esposada, me llevaron para Camagüey”.

Señalada como presa política

“Cuando llegué todo era para arriba de mí. Estuve en celda porque les contestaba que eso era un abuso conmigo. Había una presa que llevaba unos cuantos años, su sanción era de 30 años, estaba mirando por una ventana y tomó represalia conmigo”, indica.

Por los abusos y la intolerancia de las militares hacia quienes están encarceladas por motivos políticos Martínez recalca: “es verdad que es una prisión sufrida”, como el nombre que lleva.

La estancia en celdas de castigo es de diez días, que aumentan si la reclusa persiste en reclamar sus derechos, como fue su caso en varias ocasiones. “El colchón te lo dan a las 11:00 de la noche –y lo retiran a las 5:00 de la mañana. No te dejan tener ahí la ropa ni sábana”.

Martínez explicó que no recibió el benefició de mínima severidad, reservado para quienes solo han ingresado una vez en prisión y que les confiere salir en libertad al tercio de la sanción.

Castigos “innecesarios”

“Algo que me impresionó mucho fue que cogieron a una interna, le quitaron la ropa, le dieron golpes. Entonces la esposaron de manos y pies, parada en una reja y así estuvo tres días. Fue el año pasado, algo que me traumatizó y me enfermé hasta de los nervios. Entonces me manifesté y le mandé mi colcha, le quitaron el castigo a ella, pero me lo pusieron a mí como medida disciplinaria”, recuerda Marieta entre lágrimas.

“Hubo una muchacha que tenía problemas, entonces las guardias todas le dieron golpes. A ella la trataban los psiquiatras”, explica Marieta.

Tal como ocurre en otros centros penitenciarios, la atención médica deficiente cuenta además con la indolencia de los funcionarios: “Ahí la que tiene un dolor tiene que seguir con él porque nunca hay pastillas. Para el médico pasan meses y no lo ves, pides una duralgina y no".

De las oficiales dice que son "lo más malo que hay" y recuerda una en particular, la jefa de unidad, Noibis Durán, que por cualquier cosa llevaba a las reclusas "para la celda para darles golpes, porque después venían las internas y yo verles los golpes, los morados”.

Según Martínez la brutalidad de las autoridades puede llegar a casos extremos. “Hay una interna que lleva en celda, Malena pero su apellido no lo recuerdo… lleva en celda meses y meses y hace poco la sacaron para enfermería. Ella se manifestó y me fueron a buscar las otras internas… todas las guardias le estaban dando golpes. Ella quería que la oyeran y allí mismo le han dado bastonazos, tonfazos’”.

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[Escuche la entrevista completa en el programa Contacto Cuba, de Radio Martí, a las 4:00 PM].

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    Luis Felipe Rojas

    Luis Felipe Rojas Rosabal, 1971. Narrador, poeta y realizador audiovisual. Tiene publicados -entre otros- los poemarios Para dar de comer al perro de pelea (2013) y Máquina para borrar humanidades (2015). Conduce el programa Contacto Cuba, de Radio Martí. Periodista dedicado al tema de los Derechos Humanos, ha recibido seminarios de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Lector voraz, amante del running, las artes plásticas y la música alternativa. Es autor del blog Cruzar las alambradas . Siga a Luis Felipe Rojas en @alambradas.

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