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El Mercurio: legado cubano fue nefasto en Chile


Fidel Castro visitó tres semanas a su amigo Salvador Allende en Chile, en noviembre de 1971.

Un editorial del diario sostiene que nunca una agrupación política provocó mayor crisis en el país que la originada por los socialistas que se inspiraron en el régimen de Cuba.

Nunca en la historia de Chile un partido político ha provocado deliberadamente una crisis de mayor gravedad y trascendencia que la generada por el Partido Socialista entre 1965 y 1973, según destaca un editorial del diario chileno El Mercurio.

El periódico destaca que hoy, "que el terrible experimento castrista cubano se acerca a su fin", el presidente de los socialistas chilenos, Osvaldo Andrade, critica a Cuba.

Pero subraya que “ayer, en medio de toda su crueldad, Fidel (Castro) y su dictadura fueron los modelos inspiradores del Partido Socialista”.

El Mercurio comenta con ironía declaraciones recién hechas por Andrade según las cuales su partido ha sido el que más influencia ha tenido en el devenir de la sociedad chilena.

Durante la mitad del camino que ha recorrido desde 1933 hasta hoy, precisa el diario, esa “colectividad hizo la apología y la práctica de la lucha de clases, de la violencia, de la destrucción del Estado de Derecho y de la economía, de la violación de los derechos sociales, políticos y económicos de los chilenos”.

Primero en 1965, dice, descartó “de hecho la vía electoral”, después en 1967 afirmó que la violencia era “la única vía que conduce a la toma definitiva del poder político y económico”, y más tarde, en 1971, llamó a “aplastar la resistencia de los enemigos”.

El diario recuerda que ya en 1967, Salvador Allende, quien después llegó a ser presidente, sostuvo que “la lucha revolucionaria puede ser el foco guerrillero, puede ser la lucha insurreccional urbana, puede ser la guerra del pueblo, la insurgencia, como el cauce electoral”.

Después, añade, en 1973 el entonces secretario del Partido, Carlos Altamirano, declaró sin matices: “Nos hemos unido para luchar contra los enemigos, hemos escogido el camino de la lucha y no el camino de la conciliación".

El editorial concluye que todos aquellos planteamientos y las acciones que realizaron los militantes socialistas, hasta el último integrante de su juventud, se inspiraron en la dictadura castrista, que entre 1965 y 1973, apunta, “alcanzaba unos de sus apogeos represivos y su máxima expansión subversiva hacia América y África”.

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