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Brasil: luto por Chávez no exento de críticas


La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff (al centro), y su antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, en el funeral de Chávez en Caracas.

Los líderes de la izquierda brasileña lloran a Hugo Chávez con evidente criticismo, según sostiene un prestigioso periodista y académico de la nación suramericana.

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, declaró tres días de luto oficial en honor a su colega venezolano Hugo Chávez Frías cuando éste murió en Caracas, aunque en muchas ocasiones el gobierno de Brasil no estuvo de acuerdo con sus políticas, según destaca un artículo difundido este martes por el servicio de información y análisis latinoamericano Infolatam.

El artículo, firmado por Paulo Sotelo, señala que Rousseff “también puso alguna distancia entre su gobierno y los bolivarianos de Venezuela y sus aliados al regresar a Brasilia antes de la ceremonia oficial de funeral el viernes, esperado por tres docenas de dirigientes, incluyendo al presidente de Irán, Mahmoud Ahmadineyad, y al de Cuba, Raúl Castro”.

Sotelo, director del Instituto de Brasil del Centro Internacional para Académicos Woodrow Wilson, en Washington, apunta que el predecesor de Rousseff, el expresidete Luiz Inácio Lula da Silva, que acompañó a la presidenta al funeral de estado de Chávez en Caracas, matizó de modo parecido en un artículo sobre el dirigente venezolano en el New York Times.

Tras indicar que la relación de Lula con Chávez “no fue siempre tan cálida y amistosa en privado como sugerían sus abrazos en público”, Sotelo pone de relieve que en su artículo el exmandatario brasileño alude al “empuje de Chávez; su creencia profunda en el potencial para la integración de las naciones de Latinoamérica; y su compromiso con las transformaciones sociales necesarias para mejorar la pobreza de su pueblo”.

Pero Lula también señala a Chávez como “una polémica, a menudo polarizadora, figura” y admite que con frecuencia “sentía que hubiera sido más prudente para Chávez no haber dicho todo lo que dijo (…) Uno también podría discrepar con la ideología de Chávez, y un estilo político que sus críticos vieron como autocrático. No facilitó las opciones políticas y él nunca flaqueó en sus decisiones.”

Según Sotelo, de manera más significativa, “Lula le quitó importancia a la duración del impacto de Chávez y destacó el vacío institucional dejado por la muerte del egocéntrico líder bolivariano”, al escribir que “se necesitará un trabajo más profundo para saber si el legado de Chávez en el reino de las ideas se convertirá en una realidad en el complicado mundo de la política, donde las ideas son debatidas y refutadas”.

El académico destaca que, según escribió Lula, para mantener su legado los seguidores de Chávez en Venezuela tendrán que “construir y fortalecer las instituciones democráticas” y “ayudar a hacer el sistema político más orgánico y transparente; para hacer la participación política más accesible; para relanzar el diálogo con partidos de oposición; y para fortalecer sindicatos y grupos de sociedad civil”.

Entre otras diferencias que distanciaron a Brasil y Venezuela, el autor alude a la negativa de Caracas “para cumplir con el 40 por ciento de la inversión que le correspondía a su participación en la construcción conjunta de una gran refinería de Petrobrás y PDVSA (la compañía de petróleo de Venezuela) según lo acordado, en el estado brasileño de Pernambuco a mediados del 2000”.

También dice que en una reveladora declaración llena de pragmatismo, en su viaje a Caracas, Rousseff y Lula, ambos supervivientes de cáncer, lamentaron la negativa de Chávez a la oferta de Brasil de tratamiento en el Hospital Sirio-libanés de São Paulo, donde tan exitosamente fueron tratados ellos.

“Según el reportero Leonencio Nossa, del diario Estado de S.Paulo,--precisa-- Rousseff, Lula y miembros influyentes del Partido de los Trabajadores creen que al optar por ser tratado en Cuba ´Chávez tomó una decisión ideológica y política´ que puede haber acortado su vida”.
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