Enlaces de accesibilidad

El mandatario es enemigo de la prensa y los periodistas, porque considera un reto a su poder que la labor de informar este fuera del control de su gobierno.

El presidente ecuatoriano Rafael Correa, ha demostrado estar entre los iluminados. Es uno de esos individuos que no padece la agonía de la duda, porque posee la verdad absoluta. Su visión de la realidad solo permite apreciar la existencia de dos colores, el blanco y el negro.

Su lenguaje es el de la confrontación, del género todo o nada y por lo que dice y hace, se puede colegir que está convencido de que el fin justifica el medio, si el propósito es imponer sus convicciones e intereses.

La soberbia del presidente se evidencia cuando concede una entrevista. Sus sonrisas sarcásticas, los aires de superioridad y hasta la fingida condescendencia con la que trata al comunicador, permite apreciar el desprecio que siente para aquel que se atreve a preguntar y no obedientemente esperar que él decida compartir su sabiduría.

Correa personifica una nueva versión del déspota. Es un hombre ilustrado, con títulos académicos, economista, pero que a pesar de su educación, no deja de ser y actuar como el caudillo más primitivo que busca imponer sus caprichos a los que gobierna.

El presidente es enemigo de la prensa y los periodistas, porque considera un reto a su poder que la labor de informar este fuera del control de su gobierno. Rechaza que los medios puedan opinar en su contra, criticar su gestión y en cierta medida detenten un poder que no puede someter.

Correa es un depredador de guantes blancos, al menos, en lo que concierne a la información. Hasta el momento, al parecer, no está dispuesto a cerrar en un acto de suprema soberbia, periódicos, emisoras de radio y televisión, o imponer restricciones a la Internet, tampoco ha enviado a sus partidarios a atacar las instalaciones como hace su colega Hugo Chávez o como hizo Fidel Castro, confiscar los medios informativos de un solo porrazo.

Pero si ha recurrido a los poderes públicos, incluyendo la policía, para confiscar en el 2008, los canales Gama-Visión, TC-Televisión, América Visión y los de servicio por cable, Cable Noticias y Cable Deportes.

Estos medios no fueron vendidos como era de suponer para recuperar los fondos de Filanbanco, sino que están al servicio de la propaganda oficial del Palacio de Carandolet. Curiosamente Correa empezó a usarlos antes de promover la reforma constitucional que le permitía aspirar a un segundo mandato.

El Presidente no concibe la independencia de los medios, porque son el contrapeso a la voluntad de quienes tienen el poder. En su discurso a la nación se cuestionó si la prensa debe ser un contrapoder de los más poderosos, los gobiernos, y como si no fuera suficiente dijo que la palabra "Libertad" se ha convertido en un comodín de la derecha, una expresión digna de las cavernas y no de un individuo que se vanagloria de sus conocimientos y cuestiona los de otras personas.

Consciente de que cuenta con un notable respaldo popular, alimentado por factores que se escapan de este trabajo, recurrió a la nueva fórmula autoritaria que caracteriza a varios gobiernos latinoamericanos y promovió un referendo con la intención de reformar la justicia y controlar la prensa.

Pese a que montó una gigantesca campaña a favor de su propuesta en los medios de prensa, muy en particular en los del estado, también recurrió a la técnica chavista de usar los medios privados con fines políticos y atacó a la oposición, periodistas y medios que le rechazan, desde sus propias sedes.

La victoria le dio herramientas para regular los contenidos sexuales, violentos o discriminatorios, pero los que se oponían a su propuesta declararon que el resultado podía ser usado para "censurar" los medios privados y terminar con las críticas a su gobierno. Un alerta confirmado con la sentencia contra el diario El Universo.

La reforma de la Justicia fue otra de las vías. Un Consejo para depurar a los magistrados que las autoridades califican de ineficientes y corruptos. Una disposición que le permite eliminar la independencia del poder judicial. Una estrategia que está orientada a que los funcionarios judiciales, en todas las instancias, respondan a la voluntad del presidente y no a la justicia.

En fin, el proceso y sentencia contra el diario el Universo, es la antesala del infierno que espera a los periodistas ecuatorianos y una amenaza a la libertad de prensa y expresión en cualquier parte, porque como dijera recientemente el ex editor de opiniones de ese diario, Emilio Palacio, la sentencia de este tribunal sienta un precedente peligroso para todos los periodistas y para quienes defiendan la libertad de expresión en cualquier lugar del mundo.

Sin dudas, tiene un estilo diferente pero igual objetivo que sus colegas del Alba. Es quizás más pulcro, pero no menos letal, porque a fin de cuentas para gobernantes como Correa, el miedo, siempre el miedo, conduce a la autocensura y para aquellos que tengan las convicciones suficientes para vencer sus terrores, están sus tribunales que los enviaran a prisión.

Recomendamos

XS
SM
MD
LG