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Alerta El Mercurio sobre apoyo comunista a Bachellet


Michelle Bachelet.
El ideal comunista, derrotado en el Chile de finales del siglo XX ha vuelto a rondar la tranquilidad de algunos ciudadanos de la nación austral. Así lo afirma un artículo del columnista Eugenio Tironi, en el rotativo chileno El Mercurio.

El contexto actual ha traido una sospecha de que “los comunistas” vuelvan por las suyas en un pasado que muchos intentan olvidar a fuerza de heridas de todo tipo. El apoyo que esa fuerza política le ha brindado a Michelle Bachelet ha hecho resurgir el presentimiento de que los herederos de Javier Corvalán pudieran ubicarse en un ángulo visible y bastante provechoso en el próximo gobierno, en caso que la Bachelete salga airosa.

Después del gran tropiezo de 1973, cuando la Junta Militar chilena derrocó al president socialista Salvador Allende, los comunistas vivieron entre la clandestinidad y el desasociego, sin embargo, define Tironi, pasaron una dura prueba con el descalabro del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética.

El Partido Comunista chileno era antes del golpe military uno de los promocionados como de los más poderosos en Occidente, con una estructura que iba desde diarios, puestos parlamentarios, influyentes en el mundo intellectual, artístico y académico, lo que lo ubicaban con una reputación a la que espiraban muchos de sus homólogos. A la par de ello, era de los que se oponían de manera abierta a la vía armada y violenta, lo que le trajo no pocos encontronazos con los paladines de las guerrillas y de “crear muchos Viet nam”, como planteara el Che Guevara.

Entre su peculiaridad (respecto a la beligerancia de las demás corrientes comunistas) estaba la de oponerse al militarism, condemanr el golpe pinochetista y criticar con ferocidad el “ultraizquierdismo”. Su propensión a crear puentes de entendimiento con la Democracia Cristiana por retornar a la estabilidad del país fue criticado por unos y otros.

Sin embargo, a incio de los años ’80 su etrategia dio un vuelco enorme, al apoyar la insurrección armada, la violencia a toda costa y el intento de legitimar cualquier forma de lucha le trajo aún más muertes y encarcelamiento, lo que hace suponer que esa orden haya bajado directamente de Moscú hasta Santiago.

Pero las fichas jugadas nofueron las mejores y terminaron perdiendo la partida. A fin de cuentas, la oposición decidió integrarse como fuerza democrática para derrocar a Pinochet desde sus mismas estructuras como sucedió con el Plebiscito que trajo consigo el derrocamiento de la dictadura.

Cuando en Chile amaneció una primavera en que las distintas fuerzas democráticas podían apostar por el poder, los comunistas quedaron fuera de las apuestas. Solo volviendo a las iejas artes de las masas y los inconformes han conseguido hacerse del apoyo de los estudiantes y algunos grupos sindicales.

Cuando algunos creen que el pasado no importa, y que los comunistas “no son una amenaza”, basta mirar al pasado y a quienes les animan desde las gradas con la fuerza de la nostalgia.
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