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Español que estuvo en Cién y Aldabó imagina el infierno de Carromero


El empresario español Sebastián Martínez Ferraté.

El periodista y empresario español Sebastián Martínez Ferraté estuvo encarcelado en el mismo recinto en que se encuentra Angel Carromero, el político español que conducía el auto en que viajaban Oswaldo Payá y Harold Cepero.

"Sólo le puedo decir a Carromero que luche y tenga esperanza", dice Sebastián Martínez Ferraté y rememora su infierno en el centro de detenciones de Cien y Aldabó donde estuvo detenido en el verano del 2010.

El periodista entrevistado en el programa Herrera en la Onda, de Antena 3, compartió la incertidumbre y el encierro que padece hoy Angel Carromero al recordar el largo proceso legal en Cuba (fue excarcelado en enero del 2012) donde se le acusó de corrupción de menores, proxenetismo, enriquecimiento ilícito y trata de personas.

“Sé perfectamente lo que está pasando en esa celda de 3x2 (metros) en cada momento”.

“En Cién y Aldabó, que los presos dicen que es cién y se acabó porque en cuanto entras ahí lo pierdes todo, la luz es artificial y tienes cuatro literas con lo cual te queda la solución de quedarte sentado o quedarte tumbado en tu cama”, recuerda.

"Me pongo en su situación y sé lo que está pasando y lo que está haciendo, es lo que yo sufrí día a día, minuto a minuto", dijo Ferraté y recordó que en el centro "no se ve la luz y se comparte celda con otras tres personas, no se puede estar de pie" y donde cada tres días los dejan salir por 15 minutos a una terracita de "5x3 metros donde hay dos bancos de piedra con una red de hierro en el techo para que nadie pueda salir por ahí.”

Tanto Carromero como Martínez Ferraté han sufrido los rigores del verano cubano en una celda hacinada.

“Estuve a cuarenta grados de temperatura y cuando te sacan para interrogarte ya te meten en otra sala donde la temperatura es bajo cero, porque está completamente helado. Es uno de los trucos que usan para fastidiarte sicológicamente”.

Martínez Ferraté fue detenido en el aeropuerto de La Habana en julio de 2010, al concluir un viaje de negocios a la isla como director gerente de la empresa turística mallorquina Marina Hotels, y estaba relacionada con un reportaje que grabó sobre la prostitución infantil en Cuba.

En entrevistas anteriores ha denunciado que su proceso judicial no tuvo una instrucción correcta: “no tenía ni pies ni cabeza, a medida que pasaba el tiempo se iban inventando cosas”.

En principio solicitaron para él una condena de 15 años, que posteriormente la Fiscalía rebajó a 10 "porque vieron que no había por dónde agarrarlo" y finalmente fue condenado a 7 por un delito del que no se le había acusado en un principio.

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