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Hugo Chávez no solo incurre en el ridículo, sino que obliga a sus más importantes funcionarios a caer en una bufonería.

El histrionismo de Hugo Chávez tiene semejanzas con el de Benito Mussolini. El déspota italiano también disfrutaba mucho del espectáculo, sus actuaciones públicas podían ajustarse a una pieza teatral sin muchos esfuerzos.

Pero en honor a la verdad, el mandatario venezolano supera a su predecesor. Chávez tiene menos inhibiciones, y por eso le da igual participar en un partido de pelotas o interpretar "Yo soy el Rey", sin especificar si su monarquía es absoluta o constitucional.

Chávez también gusta de humillar a los más altos funcionarios de su gobierno. Lo mismo hace que un general se disfrace de Simón Bolívar, e imite al Libertador durante un desfile militar, o reúne a varios de sus ministros más importantes y los pone a hacer ejercicios. Su vicepresidente le puede servir como caballete para exponer "una obra maestra", o interpretar una canción durante una solemne ceremonia en la que se firma un acuerdo petrolero.

El mandatario no solo incurre en el ridículo, sino que obliga a sus más importantes funcionarios a caer en una bufonería que les degrada a ellos, y a toda la nación venezolana.

El gobernante venezolano disfruta el baño de multitudes. Mussolini lo hacía desde el palco de Venecia y Chávez desde el balcón del Pueblo de Miraflores. La adicción al culto a su personalidad les une. A Chávez le gusta impresionar a los espectadores y por eso cae en lo burlesco con frecuencia. Una de sus diferencias con el dictador italiano estriba en que Mussolini, era un actor serio, dramático, y el venezolano, las más de las veces, se comporta como un bufón.

Hugo Chávez impulsa un populismo muy parecido al que en su momento practicó Mussolini. Sus promesas van más allá de las posibilidades de cumplirlas. Su discurso está orientado a satisfacer las quimeras más absurdas, ya que desde su perspectiva lo importante no es hacer, sino decir lo que la gente quiere escuchar.

Ambos gobernantes encontraron sociedades en las que fueron valorados como capaces de resolver todos los problemas que enfrentaba el país. Contaron con un amplio apoyo de las clases populares y el respaldo de amplios sectores de la clase dirigente, incluyendo los medios de prensa.

Mussolini practicaba un nacionalismo y militarismo extremo, función en la que Chávez le imita a la perfección. Pues ha invertido miles de millones dólares en fortalecer las fuerzas armadas y en la creación de una milicia que tiene muchos parecidos con las Camisas Negras, que sirvieron con eficiencia al dictador italiano.

El nacionalismo de estos individuos no confronta con su proyección hegemónica. Buscan influenciar en todos los movimientos políticos de la región y llevar al poder en cada país del hemisferio a los que comparten sus puntos de vista. Si en alguna medida Mussolini pretendió reconstruir el imperio romano apropiándose de Albania y territorios africanos, el Bolivarianismo de Hugo Chávez pasa por una Gran Colombia que esté bajo su control, aunque para ello tenga que aceptar los procónsules que elija cada país.

Otro factor común es que Mussolini se busco de aliado a Adolfo Hilter y Hugo Chávez se ha convertido en un incondicional de Fidel Castro. Sin dudas que el tipo de relación entre Alemania e Italia eran diferentes a las que sostienen los gobiernos de Cuba y Venezuela, porque Chávez aunque soporta el totalitarismo insular, está subordinado emocionalmente a Fidel Castro, lo opuesto a la dupla Hilter-Mussolini.

El comandante Hugo Chávez dirigió un golpe de estado pésimamente organizado, según los conocedores de ese desastre, pero que lo proyectó nacionalmente y que los tontos útiles, subestimando al golpista, confiaron que podían beneficiarse de las dolorosas consecuencias del suceso.

Mussolini protagonizó la Marcha sobre Roma, que lo condujo directamente al Poder. Aquello fue también una especie de golpe, porque la base popular de su protesta le llevó al gobierno. Mussolini se tomó su tiempo para crear un gobierno fascista, Chávez se tuvo que tomar el suyo, para tener un gobierno rojo rojito.

Chávez, como su mentor Fidel Castro, tiene la habilidad de convertir los más rotundos fracasos en éxitos, porque siempre encuentran otros enterradores que le hacen en trabajo sucio. Si Chávez tuvo la sangrienta pifia del golpe de febrero de 1992, Castro, tuvo su cuartel Moncada y el naufragio del Granma.

Por supuesto que hay factores comunes a todos los déspotas, llámense Adolfo Hitler, Fidel Castro, Mao Tse Tung o Vladimir Ilich Lenin.

La persecución, y el sectarismo les identifican. Calificar despectivamente a sus enemigos y adversarios, sin establecer diferencias en las motivaciones de la oposición, es otra práctica habitual. Son agresivos porque necesitan pretextos para impulsar sus proyectos y tienden a elegir enemigos poderosos mas allá de sus fronteras para promover un nacionalismo extremo que es una de sus herramientas más usadas para reprimir a los descontentos.

En ellos está la pasión antes que la razón. Silencian a quienes les denuncian por abusos de poder o simplemente por malas decisiones. La intimidación y la difamación junto al soborno o el chantaje, están siempre presente en sus mandatos. El delirio de grandeza les conduce a procurarse grandes y poderosos enemigos, aunque al final de cuentas quienes pierden son los pueblos que desgobiernan.

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