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Piden perdón verdugos de la Revolución Cultural china


Exposición en China sobre la Revolución Cultural
En 1970, Zhang Hongbing, un adolescente chino radicalizado por la "Revolución Cultural", denunció a su madre a las autoridades. Cuatro décadas después de su ejecución, Zhang ha explicado públicamente lo sucedido y ha pedido perdón.

Además de la de Zhang, otras confesiones de los protagonistas de ese movimiento, lanzado por Mao Zedong para eliminar a sus enemigos, están rompiendo poco a poco el silencio sobre este periodo de la historia de China (1966-1976), marcado por el caos y las atrocidades.

"Todo el mundo se vio empujado por el movimiento y no podías escapar, ni siquiera si querías. La amabilidad o la belleza que pudiera tener dentro estaban 'formateadas'", explicó Zhang Hongbing al periódico Beijing News, en una entrevista publicada el 7 de agosto.

Figuritas de porcelana de Guardias Rojos durante la Revolución Cultural china.
Figuritas de porcelana de Guardias Rojos durante la Revolución Cultural china.
Zhang acusó a su madre de haber criticado a Mao. Luego los militares vinieron a buscarla a su domicilio y se la llevaron de forma brutal. Dos meses después fue ejecutada. Varios años después, un tribunal de la provincia de Anhui, donde tuvieron lugar los hechos, anuló la condena y Zhang empezó a reconsiderar su denuncia.
"Nunca me lo voy a perdonar", confiesa ahora.

La llamada "Gran Revolución Cultural Proletaria" fue lanzada por Mao Zedong cuando su liderazgo estaba siendo cuestionado y permitió al Gran Timonel eliminar cualquier forma de oposición y asentar su poder personal.

En un clima de anarquía que provocó una ola de violencia generalizada en toda China, Mao movilizó a la juventud en unidades de los llamados Guardias Rojos, que tenían por objetivo reprimir a los considerados aburguesados o derechistas. Los guardias llevaron a vecinos, parientes e intelectuales a celebrar "sesiones de autocrítica" y muchas de sus víctimas acabaron en prisión, muertas o empujadas al suicidio. Aunque no existen cifras oficiales un historiador occidental habla de 500.000 muertos sólo en 1967.

En los últimos meses han salido a la luz otros testimonios de adolescentes de la época que hoy ya tienen más de 60 años.

Wen Qingfu, de la provincia de Hunan (centro), contó en junio como devastó la casa de un profesor cuyo hijo era su compañero de juegos. "Cuando la gente se hace mayor mira hacia atrás y reflexiona 1/8... 3/8 Si ahora no hubiera pedido perdón habría sido demasiado tarde", dijo a un periódico local. En una carta abierta, la hija del profesor aceptó su perdón en nombre de su madre, muy débil. "Puede dejar de sentirse culpable", escribió.


En China muchos han expresado su satisfacción por estos testimonios, aunque según Ding Xueliang, un historiador de la Hong Kong University of Science and Technology, podrían abrir la vía a acciones judiciales. A principios de abril un octogenario fue condenado en el este de China a tres años y medio de prisión por un asesinato cometido en 1967, una condena excepcional y muy polémica.

"Pero el impacto positivo es muy superior porque estas confesiones contribuyen al debate sobre la identidad china y sobre la construcción de una sociedad que esté todavía más basada en el derecho", explica Ding.

Estos testimonios están sin embargo bajo el estricto control del Partido Comunista, en el poder, y que no permite que se hable del papel que tuvieron las autoridades.

Poco después de la muerte de Mao, en 1976, el partido achacó las atrocidades a la llamada "Banda de los Cuatro", un sector dirigente liderado por la mujer de Mao, Jiang Qing. Sin embargo rechazó la responsabilidad del propio Mao. Hasta ahora casi no existen museos ni películas que hablen en detalle de esa década caótica, exceptuando un pequeño museo poco conocido en Sichuan que hace referencia a la "época roja".

"Una cosa es la responsabilidad individual pero las confesiones no afectan a las cuestiones más importantes o fundamentales", asegura Xu Youyu, investigador de la Academia China de Ciencias Sociales. En junio, otro protagonista de la época, Liu Boqin pidió perdón públicamente revelando las exacciones que llevó a cabo como guardia rojo y la lista de víctimas. Aún así casi no habló sobre quién daba las órdenes y atribuyó sus actos a "la juventud, la ignorancia, la tendencia a dejarse llevar y a la incapacidad de distinguir el bien del mal".

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