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Nueva política de viajes es fruto del miedo


Según el diario, Raúl Castro carece del “carisma demagógico” de su hermano.

Un artículo del diario The Wall Street Journal analiza las medidas del gobierno cubano para facilitar los viajes al extranjero y dice que no se trata de una señal de liberalización, sino de temor.

Probablemente no sea una coincidencia que en los últimos días corrieron rumores de que Fidel Castro podía estar cerca de la muerte y que su hermano Raúl anunció el fin de la llamada “tarjeta blanca” para que los cubanos puedan viajar al extranjero, dice un artículo que publica el diario The Wall Street Journal.

No se trata de que las reformas en las restricciones de viajes apunten en dirección de una Cuba más justa y libre—dice—. Más bien, da la impresión de ser otro ardid diseñado para reforzar el puño de los militares y asegurar que la población permanezca obediente.

La tesis del periódico es que si los cubanos se burlan ahora de Fidel Castro y lo culpan de que el país esté en ruinas, hay que imaginarse cómo reaccionarán cuando éste se muera. “Esta preocupación explicaría la nueva política de viajes”, dice.

El Journal destaca que los cubanos de mayor edad fueron criados reverenciando a Fidel Castro, “pero el adoctrinamiento no ha persuadido a las generaciones más jóvenes. Incluso con limitado acceso a Internet—precisa—, ellos saben que sus vidas en represión y privaciones no es normal”.

Además, apunta, quienes fueron educados para adorar a Fidel Castro no sienten lo mismo por Raúl, “que carece del carisma demagógico” de su hermano y ha hecho infinidad de enemigos, desempeñando durante años el “trabajo sucio”.

Según el diario, Cuba ya es testigo de una rebelión en la que más que desbordarse en las calles o manifestarse en amplios actos de desobediencia civil "la gente está expresando la desesperación simplemente negándose a cooperar".

Tras señalar que pocos decretos de Castro son tan odiados como el que prohíbe la libertad de viajar, el Journal pone de relieve las restricciones que seguirán en pie para médicos y otros profesionales. “Léase –dice-: nadie sale (del país) sin la bendición del dictador”.

Quizás las autoridades quieren permitir que más cubanos viajen al extranjero para que “la riqueza que Cuba no puede generar debido a su atrasado sistema económico–señala–, pueda ser importada maleta por maleta”.

De paso, añade, “sus vecinos disidentes, a quienes se les niega el permiso de viajar, aprenderán una importante lección sobre cómo no comportarse”.

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