Sumario
- La versión oficial sostiene que Allende se suicidó durante el golpe de 1973, pero existen teorías que sugieren magnicidio, con evidencias contradictorias.
- El periodista venezolano Casto Ocando ha revelado nuevos detalles sobre la operación estadounidense para capturar a Nicolás Maduro y el rol de los cubanos encargados de garantizar la seguridad del dictador.
- En este contexto, se explora el rol de la inteligencia cubana y sus nexos históricos con figuras como Allende, trayendo a la luz episodios clave sobre injerencias políticas, entrenamientos militares y teorías sobre el trágico final del exmandatario chileno.
El colega venezolano Casto Ocando, probablemente el periodista con información interna más sólida sobre la campaña estadounidense Southern Spear (Lanza del Sur) y la operación de captura de Nicolás Maduro Absolute Resolve (Resolución absoluta), ha hecho tres revelaciones sobre esta última, basadas en sus fuentes de inteligencia.
Ocando, uno de los coautores en 2019 del libro “Cubazuela: crónica de una intervención cubana” junto con el politólogo Juan Antonio Blanco, el investigador Luis Domínguez y quien escribe, tituló “Cubanos en desbandada dramática en Venezuela” uno de sus programas diarios en YouTube, en el que destapa lo siguiente:
1- Que sí hubo cubanos sobrevivientes del dispositivo de seguridad que fueron helitransportados, tal como Maduro y su esposa Cilia Flores, al miniportaaviones Iwo Jima;
2- Que el gobierno de Cuba está sacando hacia Colombia y otros países a sus efectivos para evitar que EEUU acumule pruebas de una injerencia y control militar masivos de Cuba en Venezuela (como se ha detallado en el citado libro).
3- Que los militares cubanos de la guardia pretoriana de Maduro fueron exterminados porque la CIA tenía información de que habían recibido órdenes desde La Habana de impedir a toda costa que Maduro fuera capturado vivo.
Este último punto sería congruente con situaciones similares en la historia del castrismo que permanecen como secretos de Estado. Una de ellas, el posible asesinato de Salvador Allende en el Palacio de La Moneda durante el golpe militar encabezado por Augusto Pinochet en Chile, el 11 de septiembre de 1973
Lee también "Una humillación" para La Habana: cómo las tropas cubanas fallaron en proteger a Maduro (VIDEO)Una visita tan larga como sus discursos
Allende había visitado Cuba en 1959, poco después del triunfo revolucionario, y se había reunido con Fidel Castro y el Che Guevara. Luego repitió visitas casi anuales hasta 1968. Al asumir, en noviembre de 1970, la presidencia de Chile, convirtiéndose en el primer político marxista en acceder al poder a través de las urnas en la región, restauró inmediatamente las relaciones diplomáticas con la isla (rotas desde 1964).
En noviembre de 1971, Fidel Castro llegó a Chile. La visita más larga de tres que le hizo Castro a Hugo Chávez, su discípulo venezolano devenido presidente ─la de octubre del 2000─ duró cinco días. La única que le hizo en Chile a Salvador Allende duró 24, del 10 de noviembre al 4 de diciembre de 1971.
Al parecer la victoria electoral de Allende, apenas un año antes, le provocó a Castro sentimientos encontrados. Por una parte, había un primer gobierno marxista aliado de Cuba en el subcontinente; por la otra, Allende había llegado al poder por la vía burguesa de las elecciones libres, no por la lucha armada que Castro predicaba y cuyos focos se habían reproducido como hongos en la región desde la década anterior.
Juzgando por lo que hizo en Chile, esto último prevaleció. Castro se saltó el programa original de 10 días de su visita realizando su propia vuelta de la victoria: recorrió de Norte a Sur la longitudinal geografía chilena visitando minas, fábricas y universidades, y castigando a las multitudes con discursos provocadores.
En ese marco hizo pronunciamientos que el propio Allende resintió. Acusó continuamente de débil a la vía electoral, en comparación con la lucha armada. (Décadas después apoyaría, a través del Foro de Sao Paulo que él y “Lula” Da Silva fundaron en 1990, la estrategia de alcanzar el poder a través de las urnas, una que llegó a sentar en la silla presidencial a políticos socialistas en 12 países de la región.
Otros puntos controversiales de las filípicas castristas en su tournée chilena fueron criticar a la prensa opositora, calificándola de “libelo”, y demandar mayor movilización de la izquierda chilena para defender al gobierno de la Unidad Popular "por los medios que sean necesarios" contra la oposición, a la que llamó reiteradamente “fascista”.
El siguiente ejemplo es parte de su largo discurso de despedida en el Estadio Nacional de Chile, el 2 de diciembre de 1971:
"Por debilidades en el propio proceso revolucionario... los fascistas —para llamarlos como son— están tratando de ganarles la calle... tratar de ganarles las capas medias de la población... el éxito o el fracaso de este insólito proceso dependerá de la batalla ideológica y de la lucha de masas".
Estos planteamientos descaradamente pontificados por el principal proxy de la Unión Soviética en América Latina a lo largo de su gira polarizaron a Chile: los simpatizantes de Allende los vieron como solidaridad, mientras que la oposición los usó para denunciar injerencia y radicalismo. Eventualmente contribuyeron a los cacerolazos y tensiones previas al golpe de 1973.
Algo que simboliza la inconformidad de Castro con la vía electoral es que no se le ocurrió regalarle a su “compañero” Allende una caja de habanos o de botellas de ron cubano, sino que le obsequió un fusil AK-47.
Controlar arriba
Controlar arriba ha sido una máxima de la contrainteligencia castrista en su labor de zapa contra la oposición. Infiltrarse no como miembro simple, sino cerca de los líderes. Aunque el dispositivo de seguridad de Allende fue inicialmente como sus siglas GAP lo indican un Grupo de Amigos Personales del presidente naturales de Chile y que compartían sus ideas socialistas, Castro necesitaba tener cerca de Allende a gente de su confianza.
Se ha dicho que fue la hija del mandatario chileno, Beatriz Allende Bussi, casada con el cubano Luis Fernández Oña, quien pidió ayuda a Cuba para reforzar la seguridad de su padre. Pero esto suena demasiado como la reciente justificación del gobierno castrista sobre la presencia de 32 cubanos en Venezuela que perecieron durante la operación Absolute Resolve: “cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, a solicitud de órganos homólogos” de Venezuela.
Agente Romeo
En realidad, Fernández Oña, alias Carretero, fue un oficial del aparato de inteligencia cubano, entonces DGI, particularmente enfrascado en la labor política y de inteligencia en América Latina durante las décadas de 1960 y 1970. Fernández Oña era, habitualmente, el funcionario cubano del Departamento América del Comité Central del PCC dirigido por Manuel Piñeiro que atendía a Allende cuando éste visitaba la isla.
En una de esas escapadas de Allende a Cuba, en 1967, Beatriz Allende conoció a Fernández Oña, y se inició una relación sentimental ¿Amor sincero? Me gustaría solo recordar el matrimonio de Juan Pablo Roque con la cubanoamericana Ana Margarita Martínez como parte de la cobertura de las actividades de espionaje de él en Miami.
La inteligencia cubana, como han expuesto desertores de ese sector, fue entrenada por la Stasi germanooriental en las tácticas del agente Romeo, el arte de la seducción con el objetivo de conseguir secretos de Estado o ejercer influencia, aprovechando relaciones sentimentales con mujeres que tenían acceso a información sensible o el oído de funcionarios clave.
Alias Carretero llegó a la Embajada de Cuba en Santiago de Chile 22 días después de la elección de Allende para preparar la reanudación de relaciones diplomáticas. Una de las primeras cosas que hizo fue estabilizar su relación con Beatriz Allende. Ejerció funciones de consejero político y de inteligencia en la embajada cubana, con responsabilidades que incluían el apoyo y coordinación con sectores de la izquierda en ese país. Pero el foco de su labor sería el refuerzo de la seguridad personal del presidente Allende, casualmente recomendado por Beatriz.
Así empezó Castro a comisionar para “proteger” al mandatario marxista chileno, no a efectivos del Departamento de Seguridad Personal del Ministerio del Interior, sino a algunos de sus más experimentados agentes y guerreros en la sombra.
Entran en escena los mellizos De la Guardia
En su libro “Narcotráfico y tareas revolucionarias, el concepto cubano”, el escritor Norberto Fuentes esboza la presencia en Chile de los superhéroes castristas Antonio y Patricio De la Guardia. Como es conocido, muchos años después, en 1989, los mellizos fueron víctimas de Fidel y Raúl Castro cuando necesitaron chivos expiatorios para exculparse de su relación de negocios con el Cártel de Medellín, comprobada por la DEA estadounidense: Antonio fue fusilado y Patricio condenado a 30 años de prisión.
Fuentes, amigo personal de los dos, señala que en septiembre de 1971 “Tony llega a Chile con el primer grupo operativo de Tropas Especiales, responsabilizado del estudio de las unidades militares chilenas y su situación operativa, así como la introducción clandestina de armamento”.
En el mismo mes, el chileno Max Marambio, apodado El Guatón y jefe de la escolta de Salvador Allende, el llamado Grupo de Amigos del Presidente (GAP), “comienza su proceso de acelerada cubanización. No pierde oportunidad de sumarse al entourage del ya legendario Tony de la Guardia, estacionado en Santiago”. El chileno acabaría siendo miembro del departamento MC (Moneda Convertible) del Ministerio del Interior de Cuba, dirigido por Tony De la Guardia, y encargado de conseguir divisas para Castro por cualquier vía, legal o ilegal.
Añade el también autor de “Hemingway en Cuba” que Tony sería “jefe del grupo operativo que garantiza la seguridad de Fidel (durante su visita de noviembre de 1971) en el norte del país —desde Santiago de Chile hasta Iquique. Años después, entre risas apagadas y en la intimidad de sus conversaciones conmigo, describe al Fidel de Chile ‘como un testigo de Jehová cuando anuncia el Armagedón’”.
El GAP y Cuba
El GAP, el dispositivo de seguridad de Allende, evolucionó de una tropa informal a una unidad armada con entrenamiento y apoyo cubano. El grupo surgió en 1969 nucleando alrededor del mandatario a militantes socialistas, comunistas y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) para proteger a Allende durante su campaña ante amenazas como atentados.
Tras su elección, se formalizó como su escolta personal, independiente de la policía (Carabineros e Investigaciones), con funciones de guardia en La Moneda, la casa presidencial de Tomás Moro y otras residencias. Integrado por entre 20 y 80 miembros (según la etapa) comenzó portando armas básicas.
Tras la petición ─personal o inducida─ de Beatriz Allende para reforzar la seguridad de su padre, Fidel Castro envió inmediatamente a sus agentes de confianza.
Cubanos como Dámaso José Lescaille Tabares, alias Ulises Estrada (entrenador de la integrante del grupo del Che Guevara en Bolivia conocida como Tania la Guerrillera); Patricio de la Guardia y Fernández Oña entrenaron al GAP en El Cañaveral, una propiedad de Allende, en manejo de armas como el fusil AK-47 y lanzacohetes RPG, conducción de vehículos y tácticas defensivas. Cuba les suministró armas por valija diplomática. Un escándalo de 1972 conocido como el de los "bultos cubanos" reveló en el aeropuerto de Pudahuel cajas con fusiles, pistolas y explosivos que habían llegado en un avión de Cubana de Aviación disfrazados como regalos destinados al GAP. Allende admitió públicamente que eran para su protección.
Aunque no hay certeza sobre presencia permanente de cubanos en el GAP, fuentes indican que los asesores castristas rotaban y algunos integraban temporalmente el grupo. Ese control sobre el jefe de Estado chileno se agudizó notablemente tras el primer intento de golpe militar, el 29 de junio de1973, más conocido como el Tanquetazo.
¿Fuego amigo?
El autor francés Alain Ammar asegura en su libro de 2005 “Cuba Nostra, los secretos de Estado de Fidel Castro”, que cuando la Habana supo que los chilenos que rodeaban al presidente estaban asustados, Fidel Castro hizo saber que Allende no podía en ningún caso rendirse ni pedir asilo en una embajada, sino morir como un héroe.
Ammar basa su versión sobre los hechos ocurridos en La Moneda, el 11 de septiembre de 1973, día del golpe militar que derrocó a Allende, en dos testigos que dicen haber escuchado la versión del magnicidio de labios de Patricio De la Guardia en distintos momentos: el supuesto agente Juan Vives y Dariel Alarcón Ramírez, el “Benigno” de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia.
En síntesis apretada, según esta versión, el mandatario habría sido asesinado por De la Guardia, quien primero le habría disparado una ráfaga en la cabeza mientras Allende, presa del pánico, corría gritando "¡Hay que rendirse!" y planeaba capitular, para luego, antes de que los cubanos huyeran a su embajada, colocarle encima el mismo fusil AK-47 que Castro le había regalado durante su visita y simular que se suicidó o murió combatiendo.
Para este artículo, preguntamos sobre lo descrito por Ammar a Ileana De la Guardia, sobrina de Patricio e hija de Tony. Su respuesta: “Ese periodista francés hizo ese libro basándose en lo que le contó un loco mitómano, Juan Vives, que se hacía llamar El Magnífico (…) Juan Vives vivía aquí en Francia y llegó casado con una francesa. En Cuba había sido traductor de francés, se inventó una historia de agente secreto completamente falsa. En el primer libro que hizo, escribió que había llevado platillos voladores de Cuba a Moscú a los agentes de la KGB. En el libro que hace con el periodista francés cuenta todo tipo de mentiras. Por supuesto que es falso que él encontró a Patricio en Cuba, y por supuesto que es completamente falso que Patricio mató a Allende y que es Patricio quien se lo cuenta a él. Te imaginas que tendría que ser muy estúpido Patricio para contar que el mató a Allende a un borracho en el (bar del) Hotel Habana Libre (…) Nosotros le pusimos un juicio al periodista y a Juan Vives”.
Vives ya murió, e Ileana no mencionó el testimonio de “Benigno”. Según escribe Ammar que le contó el sobreviviente de la guerrilla de Guevara, antes de ejecutarlo, Patricio había atrapado con fuerza a Allende, quien quería salir del palacio, y lo había sentado en el sillón presidencial gritándole: "¡Un presidente muere en su sitio!".
¿Magnicidio, suicidio o muerte en combate?
La versión aceptada por el Estado chileno, historiadores y forenses sostiene que Allende se suicidó en el Palacio de La Moneda durante el golpe de Estado de Augusto Pinochet, mientras las fuerzas golpistas atacaban la sede de la presidencia.
Las evidencias a su favor son, entre otras, el testimonio presencial de su médico, Patricio Guijón, quien afirmó haberle visto dispararse con un fusil AK-47 (el regalo de Fidel Castro) en una habitación del palacio mientras la situación se tornaba insostenible; y una autopsia científica realizada en 2011 al cuerpo exhumado: una comisión internacional de forenses concluyó de forma unánime que Allende murió por una herida autoinfligida con el fusil al dispararlo bajo la barbilla.
Sin embargo, reportes encontrados años después sugieren que pudo haber un primer disparo, seguido del otro con el AK-47, lo que algunos interpretan como evidencia de que pudo haber sido baleado primero y luego rematado para simular suicidio. Un documental de televisión, titulado "La Duda", citado por el diario británico The Guardian, reveló un informe de 300 páginas de un tribunal militar, elaborado poco después de que Pinochet tomara el poder. El reporte indicaba que Allende pudo haber recibido un disparo en la cara con un arma de fuego de pequeño calibre antes de ser rematado con el fusil de asalto. Un análisis de huellas dactilares en el AK-47 no arrojó resultados.
Dos expertos forenses que analizaron este informe afirmaron que creían que primero le dispararon con un arma de pequeño calibre. Uno de ellos, Luis Ravanal, señaló que las fotografías de la escena no mostraban rastros de sangre en el cuello, el suéter ni la garganta de Allende, lo que sugiere que otra persona disparó el AK-47: "La única explicación es que la segunda bala fue disparada cuando ya estaba muerto, y en otra posición".
Entre noviembre y diciembre de 2000, se llevó a cabo un estudio de la Pontificia Universidad Católica de Chile que fue publicado tres años más tarde. En dicho estudio, el 50,9 % de los chilenos encuestados consideró que la muerte de Allende había sido producto de un suicidio, mientras que el 49,1 % restante estimó que había sido producto de un asesinato.
Quien sí se sabe que se suicidó, sin lugar a dudas, es la hija del presidente chileno, Beatriz Allende. Tras exiliarse en La Habana en 1974, se lanzó al vacío en 1977 desde un piso del hotel Habana Libre. Según la versión oficial, lo hizo abatida por la depresión que nunca la abandonó tras la muerte de su padre; según canales informales, después de descubrir que su marido, el agente del Departamento América Luis Fernández Oña, tenía esposa y familia en Cuba.