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Capturaron a Maduro: ¿por qué se sorprenden?


Nicolás Maduro junto a una bandera cubana, en Miraflores.
Nicolás Maduro junto a una bandera cubana, en Miraflores.

Sumario

  • El resto de los que conforman la lista internacional de búsqueda y recompensa del Departamento de Justicia de Estados Unidos deben estar hoy consternados.
  • No les falta razón. Ayer vinieron por los rehenes, mañana pueden venir por ellos.
  • Los “gringos” no los olvidan y sus socios no parecen ya capaces de protegerlos.
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El pasado 27 de mayo, INFOBAE publicó mi comentario Remember Noriega referido a la capacidad operativa que había demostrado Washington para rescatar en pleno Caracas a un grupo de activistas políticos. Desde hacía meses los opositores habían buscado refugio en la Embajada de Argentina, y allí permanecían bajo una permanente vigilancia de las fuerzas del régimen de Maduro para que no pudieran salir sin ser apresados. Mi artículo cerraba del siguiente modo:

Maduro, Diosdado Cabello y el resto de los que conforman la lista internacional de búsqueda y recompensa del Departamento de Justicia de Estados Unidos deben estar hoy consternados. No les falta razón. Ayer vinieron por los rehenes, mañana pueden venir por ellos. Los “gringos” no los olvidan y sus socios no parecen ya capaces de protegerlos.

No aprendieron la lección. Sin embargo, no fueron ellos solos. Importantes medios de prensa, analistas y expertos de larga fama han mostrado sorpresa ante la operación de captura y extracción de Nicolas Maduro por el Departamento de Justicia de Estados Unidos apoyados por una fuerza de tarea conjunta que involucró por meses al Consejo de Seguridad Nacional, el Departamento de Estado, el Pentágono y la CIA. Daban por sentado que todo era un bluff de Donald J. Trump. Peor aún, Maduro y la inteligencia cubana (que hasta hoy creían infalible) tampoco le dieron debida importancia a lo ocurrido en mayo en la Embajada de Argentina, ¿Cómo fue posible?

La razón es que se conjugaron dos factores. Uno fue sin duda la obsesión neurótica de ciertos gobiernos, académicos y medios de prensa de demostrar a cada segundo que el actual residente en la Casa Blanca es un bravucón inconsistente.

La otra es que han estado sometidos, de forma inconsciente y por demasiado tiempo, al trabajo de influencia de agencias de inteligencia enemigas (principalmente las rusas, chinas y cubanas) que han elevado la desinformación a la categoría de arte. Su arrogancia les impide reconocer ese dato, ni siquiera como posibilidad. No obstante, en el mundo tecnológico del siglo XXI esto se ha convertido en un factor tan importante como el armamento del que dispongan los contendientes. La que fuera agente encubierta de la inteligencia en el Pentágono, Ana Belén Montes, tuvo un papel estelar sembrando desinformación y falsas premisas sobre el régimen cubano que, como verdades irrefutables, se extendieron por medios burocráticos e intelectuales del establishment de Washington D. C. Aun con ella en prisión, la Administración Obama utilizó esas supuestas verdades como guía de su fracasada política hacia la isla.

La mente del enemigo es hoy, quizás más que nunca, un campo de batalla a conquistar, como lo puede ser un territorio. En la literatura militar esa metodología se denomina Control Reflexivo (Reflexive Control). La esencia consiste en manipular las premisas, ideas y valores sobre los cuales el enemigo toma sus decisiones y hacerle adoptar puntos de vista y líneas de acción que lo debilitarían y, eventualmente, llevarían a la derrota.

En este caso se promovieron múltiples narrativas disuasorias para paralizar a la Casa Blanca. A guisa de ejemplo recordemos estas cuatro:

“Este presidente va a necesitar autorización del Congreso para hacer cualquier uso de la fuerza militar”. (omitiendo el hecho de no le exigieron lo mismo a Clinton ni Obama en sus múltiples acciones en diferentes regiones y países)

“Todo es un bluff de Trump que es un mentiroso. No ha movilizado suficientes tropas terrestres para invadir a Venezuela”. (sin admitir que una operación quirúrgica no requiere igual número de soldados que una invasión).

“No debe invadirse Venezuela” (sin mencionar que su aparato militar y de inteligencia fue y sigue invadido por cubanos).

“La soberanía de Venezuela es sagrada” (sin mencionar que esa soberanía se expreso en las urnas el pasado 28 de julio de 2024 y Maduro la violento desde entonces).

En este caso, sin embargo, el arsenal de premisas y sugerencias de acción que aportaron las sutiles campañas de influencia de los agentes de inteligencia hacer uso de redes de tontos seguidores en el Congreso, los medios de comunicación, la prensa, las universidades, o los burócratas federales, no pudo disuadir a un presidente terco y disruptivo de abstenerse de llevar a cabo cualquier acción militar en Venezuela.

¡Oh sorpresa!

Resulta ser que los dos millones de milicianos, las modernas fuerzas armadas equipadas por Rusia, China e Irán, los colectivos, los fervientes militantes del Socialismo del Siglo XXI, los partidos de izquierda latinoamericanos en el poder y en la oposición, apenas se dejaron ver o pronunciaron. La sombría perspectiva de enfrentarse a una “inevitable” guerra civil y empantanarse en un nuevo Irak o Vietnam se desinfló como un globo después de una fiesta de cumpleaños. Quienes decían que Trump vendía humo llegaron a comprar el que ellos mismos producían.

¿Qué sucedió entonces? Sencillo: los únicos engañados fueron los manipuladores de las agencias de inteligencia asociadas a Maduro que terminaron creyéndose sus propias fábulas.

El régimen narcoterrorista venezolano ha sido decapitado, no derrotado. Pero aquellos de sus gerifaltes que aún quedan en Caracas después de hoy saben mucho mejor a qué atenerse. Si no sacaron bien las cuentas cuando se produjo la extracción de activistas de la Embajada de Argentina, tienen ahora una nueva y última oportunidad para corregir sus cálculos.

[Este artículo de opinión fue publicado originalmente en Infobae]

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