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¿Por qué Cuba castiga el sacrificio de reses tanto como a presos políticos o violadores?


Vacas adquiridas por Cuba al estado de Vermon (EEUU). Fotografía de archivo.

Este tipo de delito quedó excluido de los 3.522 indultos decretados por el Gobierno, junto a figuras delictivas como asesinato, violación, tráfico de drogas o delitos contra la Seguridad del Estado.

Tal y como anunció este viernes a través de la prensa oficial, Cuba concedió indultos a 3.522 presos en ocasión de la visita a la isla del papa Francisco, aunque ninguno de ellos, presos políticos o "por delitos contra la Seguridad del Estado".

Según la nota oficial, se trata de "personas con más de 60 años de edad, jóvenes menores de 20 años sin antecedentes penales, enfermos crónicos, mujeres, varios que arribaban al término establecido para la libertad condicional en el año 2016, y una parte de quienes cumplen la pena y laboran en condiciones abiertas, así como extranjeros, siempre que el país de origen garantice su repatriación".

Entre los que no fueron considerados, además de presos por razones políticas, se encuentran violadores, implicados en el tráfico de drogas, el robo con violencia o la pederastia, pero resalta una categoría especialmente perseguida en Cuba: el sacrificio ilegal de ganado mayor.

Aparentemente, se trata de un delito menor, que sin embargo está penado con severidad en la isla: ¿Por qué lo castiga con tanta dureza? Las razones son sencillas: Cuba apenas cuenta con vacas y son un producto muy preciado en el mercado negro.

Si se mira desde el punto de vista estadístico los datos son reveladores. En 1959 Cuba contaba con 6 millones de cabezas de ganado vacuno y hoy, 56 años después, apenas hay 4 millones, que se reparten entre las 6.390 entidades estatales y cooperativas. Según cifras oficiales, además existen 242.000 propietarios individuales.

Todas las reses son propiedad del estado y ni siquiera los propietarios individuales pueden sacrificar las vacas sin permiso

Todo entraría dentro de la normalidad si no fuera porque todas las reses son propiedad del estado y ni siquiera los propietarios individuales pueden sacrificar las vacas sin permiso.

Tal y como refleja en un artículo BBC Mundo, una de estas ganaderas dice que "aquí las vacas son casi tan sagradas como en la India, casi que no les puedes cortar las pezuñas".

En su caso –cuenta- ha iniciado el proceso burocrático para adquirir una vaca y un ternero, para producir leche, y para ello ha tenido que solicitar la autorización de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), que a su vez debe remitir la pertición al Ministerio de Agricultura para que éste la apruebe. Un entramado legal que se puede dilatar demasiado en el tiempo.

Debido a esta situación y a la escasez de ganado vacuno, la carne de res está considerada un alimento casi “de lujo” que sólo puede adquirirse en las tiendas en divisas..

Restos del sacrificio furtivo de una res (Cubanet)
Restos del sacrificio furtivo de una res (Cubanet)

Desde el punto de vista legal, el sacrificio ilegal de reses se tipificó como delito en 1979 en el primer Código Penal de la Revolución, al que se sumo en 1987 el de caballos. Años más tarde, durante el Período Especial de la década de 1990, la situación se agravó más aún y este delito se convirtió en uno de los más frecuentes en los tribunales cubanos, por la escasez de alimentos.

Según declara en BBC Mundo Camilo Loret de Mola, que ejerció como abogado en Cuba entre 1989 y 1999, "en La Habana podían realizarse hasta cinco juicios diarios por este motivo".

Como resultado, comenzaron a florecer redes de delincuencia en un mercado negro que aún hoy existe y se aplicaron con más severidad las condenas por sacrificio de ganado mayor desde 1999 al modificar el artículo 240.1 del código penal todavía vigente y que establece como delito estas cuatro categorías:

• El que venda, transporte o comercie con carne de ganado mayor sacrificado ilegalmente será sancionado con privación de libertad de tres a ocho años.

• Quien adquiera carne de ganado mayor sacrificado ilegalmente, puede recibir una sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas pesos, o ambas.

• Quien ilegalmente suministre la carne a centros de elaboración, producción, comercio o venta de alimentos, puede ir a la cárcel de dos a cinco años.

• Quien sin notificar a las autoridades sacrifique un ganado mayor que haya sufrido un accidente, puede recibir una multa de 100 a 300 pesos.

Pero ninguna de estas medidas ha conseguido erradicar un delito tan temido como común y que miles de cubanos siguen “cometiendo” para poder llevarse a la boca un alimento esencial en la dieta de muchos países, que venden en el mercado negro a un precio de entre US$0.90 centavos y US$1.10 la libra.

Pese a todo, en 2011 se reportaron 22.728 casos de hurto y sacrificio de ganado.

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