El sacerdote Alberto Reyes, una de las voces más críticas de la iglesia católica en Cuba, describió el paso de 2025 a 2026 como un momento "emotivamente contradictorio y, a la vez, comprensiblemente lógico".
Reyes señaló que el año recién concluido estuvo marcado por “signos de muerte” que se han agravado con el tiempo: “la muerte de la luz, de la higiene en las calles, de la salud pública, de la vida digna, de la alimentación adecuada… la muerte de la libertad, de la alegría, del deseo de vivir en esta tierra”.
Sin embargo, el sacerdote afirmó que ese deterioro ha tenido un efecto paradójico. “Nunca como ahora hemos sido un pueblo tan hundido, tan maniatado y tan reprimido, y nunca como ahora hemos comenzado el año con la esperanza de que esta pesadilla termine”, escribió.
"Nunca como ahora nos hemos felicitado en la última noche de diciembre deseándonos que este sea EL AÑO: el año de la libertad, el año del cambio", dijo.
Reyes recordó que “hace ya casi 70 años una familia tomó el control de la nación y la ha manejado como a su finca personal”, apoyada por un entramado de poder cuidadosamente administrado para conceder o retirar autoridad a conveniencia. A su juicio, durante décadas se han impuesto “promesas vacías, mentiras repetidas y brutalidad represiva”, ahogando “todo intento de cambio, de diálogo, de disidencia”.
Al describir el inicio del nuevo año, el sacerdote habló de “cargas viejas”: el cansancio y el hartazgo acumulados.
“Estamos hartos de esta no-vida, de promesas vacías y de las burlas continuas a nuestra inteligencia; estamos hartos de pasar tanto trabajo para nada, de tanta escasez y miseria”, escribió. Asimismo, habló del dolor por “la ausencia de nuestros hijos presos o emigrados”, la criminalización de pedir libertad, el acoso y las amenazas, y del “vivir con miedo”.
En su columna habitual en redes sociales, Reyes también denunció “la destrucción de nuestras familias”, los ataques a la labor de las iglesias y las trabas a iniciativas ciudadanas para mejorar la economía. “Estamos hartos de ser una finca, de ser esclavos en nuestra propia tierra”, afirmó.
"No deja de parecer contradictorio cómo la muerte puede generar tanta vida, pero lo cierto es que toda esta muerte que hemos venido cargando durante años ha vivificado la esperanza: la esperanza de que pase algo que devuelva la luz a esta tierra o la esperanza de que entendamos que entre todos tenemos que hacer algo para traer nosotros mismos la luz a esta tierra", concluyó.
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