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Propinas como remedio contra la pobreza


El turista dice que prefirió pagarle a un particular como guía que tomar una gira organizada por el gobierno.

Un canadiense narra las experiencias de un viaje turístico con su esposa a uno de los pocos países del mundo con dos monedas oficiales.

La propina que por muchos años fue considerada “contrarrevolucionaria” y algo por debajo de "la dignidad de los patriotas cubanos" se ha convertido en el eslabón más directo y vital del país con la estabilidad económica, según un turista canadiense que fue con su esposa de visita a la isla.

En un extenso reportaje publicado en la revista canadiense The Walrus, Chris Turner afirma que una visita a Cuba se convierte en “una lección económica en forma de parábola, en el cuento de un viajero sobre la conexión entre el amo y el sirviente en esta colonia turística de facto”.

Turner dice que este año más de un millón de turistas de su país viajarán a la isla. “No hay otro destino turístico en el mundo donde los canadienses sean tan dominantes”, precisa, pero de inmediato aclara que resulta mucho más barato hacer turismo en Cuba valiéndose del mercado informal.

Debido a que Cuba figura entre las pocas naciones del mundo donde existen dos monedas oficiales (el peso corriente y el convertible o CUC) –aclara-- los visitantes pueden verse más interesados de lo común en estar al tanto de la tasa de cambio.

“Una gira organizada en una guagua con aire acondicionado vales más de $100 dólares (…) Nosotros preferimos la idea de pagar con nuestros CUC y tal vez dar además algún regalo a un “jinetero” emprendedor en lugar de pagar a un negocio controlado por el gobierno”, señala.

Hecha la aclaración pertinente de que en su reportaje algunos nombres no son reales a fin de proteger a esas personas, Turner relata haber contratado como guía para su estancia de una semana en Santiago de Cuba, a un joven llamado Antonio. “Le pagamos a él y al chofer 20 CUC a cada uno”, indica.

Como la cifra puede parecer muy baja, pero equivale al salario típico mensual que paga el gobierno, de inmediato señala que en Cuba no sólo la gente no puede costearse los gustos que se da un turista, sino que lo que se da por seguro en otros países en Cuba no está disponible.

“Estuvimos leyendo en Internet sobre lo que la gente sugiere llevar (para regalar): hilo dental, toallas, pelotas de béisbol, vitaminas, medicinas, cepillos de dientes, artículos escolares, de ferretería y espejuelos para leer”, dice.

Según Turner, ser un turista canadiense en Cuba es ser más que un visitante, uno es una suerte de vasallo moderno, “emisario de una metrópoli (Canadá) que nunca ha sido vista pero que generalmente es considerada generosa y benevolente”.

Luego de referirse a los vendedores particulares que ahora proliferan en las calles vendiendo helados o cucuruchos de maní, apunta que “el precio de casi todo es arbitrario en Cuba. Las reglas normales no funcionan. Eso es parte de la diversión”.

Por eso es que los canadienses regresan una y otra vez a la isla, señala, y cuando vuelven llevan de regalo incluso pulóveres, toallas, bolígrafos y (tabletas de calmante) acetaminofen. “Porque los cubanos merecen más por su trabajo…y mejor”, subraya.

Turner asegura en su reportaje que en su próximo viaje a la isla llevará muchas más cosas y no olvidará dar mejores propinas. “He decidido dar lo que es justo, cómo mínimo 10 CUC”, dice.

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