Enlaces de accesibilidad

Cuba, cuna del independentismo catalán


ARCHIVO>Un pequeño grupo de manifestantes encapuchados queman una bandera española al término de la manifestación de los movimientos independentistas catalanes.

La Habana fue durante los años 1920 el escenario en el que se formuló la Constitución provisional de una eventual República Catalana.

El Estado español vive hoy momentos de alta tensión, no solo por una crisis económica sin visos de solución a corto o medio plazo, sino también por el camino abierto por parte del gobierno autónomo de Catalunya para celebrar unas elecciones el 25 de noviembre que reafirmarán o rechazarán la voluntad del pueblo catalán de convocar un referéndum para la autodeterminación. O lo que es lo mismo, para que Catalunya abandone el paraguas de España y pase a ser un nuevo Estado de Europa, vieja aspiración de una nada menospreciable cantidad de catalanes y algo que hoy, dada la situación, muchos consideran un sueño posible y realizable.

Echando un vistazo atrás, más allá del debate sobre la autodeterminación, encontramos un estrecho vínculo de Cuba con la línea separatista del catalanismo. De hecho, La Habana fue durante los años 1920 el escenario en el que se formuló la Constitución provisional de una eventual República Catalana. La capital cubana fue el lugar donde este texto, que establecía una democracia de tipo liberal para una Catalunya independiente, fue aprobado en el marco de una asamblea celebrada en la isla el 2 de octubre de 1928. El texto protegía el derecho a la propiedad privada y, a nivel de derechos individuales y colectivos, defendía la libertad de expresión y religión, así como la libre circulación de información.

Cuba fue mucho antes de eso la cuna del independentismo catalán pero precisamente con motivo de la aprobación de este texto constitucional provisional a finales de los años veinte se adoptó como bandera oficial una fusión de la llamada “senyera” catalana con la bandera cubana, dando origen a la actual “estelada”, la cual hoy luce en muchos balcones y ventanas de toda Catalunya como reivindicación del derecho a decidir de los catalanes sobre la formación de un Estado propio, separado de España.

Unos años atrás el catalán Martí García-Ripoll citaba en un artículo a Víctor Castells, autor del libro Catalans d’Amèrica per la independència (Catalanes de América por la independencia), en el que se explica que Cuba fue el lugar donde se constituyó, en 1922, el Club Separatista número 1, dentro de la sede del Centre Català. Las reuniones de este club clandestino se celebraban en la droguería La Americana. De acuerdo con este autor sus miembros tenían la idea de hacer como Irlanda, "que la libertad llegara a través de las colonias o las comunidades americanas".

Los separatistas catalanes eran fuertes. En Santiago de Cuba había un grupo que incluso llegó a retirar de sus sedes el retrato de Francesc Macià, el presidente catalán que en 1931 proclamó la República Catalana, pero que tras una negociación con Madrid rebautizó esa República con el nombre de Generalitat de Catalunya. En Cuba consideraron el pacto inaceptable y además de retirar su retrato, despojaron a Macià de la presidencia de honor que hasta ese momento había ostentado.

El alma de la Constitución provisional de la República Catalana que se aprobó en 1928 fue un catalán, cubano de adopción, el abogado y periodista Josep Conangla i Fontanilles. Este personaje llegó a Cuba por primera vez con motivo de la guerra de la independencia, a finales del siglo XIX. Vivió en Cuba hasta su muerte, en 1965, y estuvo siempre vinculado a la Isla en donde escribió libros y artículos. Uno, en particular, lleva por título Errores y engaños del comunismo, que, dada la situación posterior y actual de Cuba, resulta interesante rescatar del olvido. En él leemos pasajes como el siguiente:

"La desigualdad de fortunas y la división naturalísima de clases, no constituyen por si constituyen, por sí solas, ninguna desgracia ni estorbo ninguno contra los intereses y necesidades sociales. En cambio, de la nivelación igualitaria de las clases y fortunas, de la castración del estímulo egoísta engendrador de nobles y legítimas ambiciones materiales y morales, sí se derivarían males y desastres de perjuicio incalculable; porque aún cuando se obtuviera, por cumplimiento del desideratum más absoluto, la nivelación educativa de todas las clases sociales, siempre existirían entre las gentes diferencias esenciales de temperamento, de vocación, de tendencia y de espíritu, que harían imposible o cruelmente torturante la uniformidad forzosa".

En los próximos meses la cuestión sobre el independentismo catalán estará continuamente sobre la mesa. La batalla política se centrará en un asunto espinoso y que levanta pasiones a favor y en contra. No está de más recordar el pasado de un movimiento político con estrecha vinculación con Cuba, inspiradora en el proyecto de liberación nacional que desde Catalunya se reclama.

Tu opinión

Mostrar los comentarios

XS
SM
MD
LG