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New York Times: Crisis de Octubre es lección vigente


El USS Enterprise, el primer portaaviones nuclear del mundo, integró la flota que bloqueó a Cuba durante la crisis de los misiles.

A juicio del diario estadounidense, la crisis de los misiles con Cuba creó un mito que ha seguido pesando durante medio siglo sobre la política exterior de Washington.

Medio siglo después de la crisis de los misiles en Cuba que puso al mundo al borde de un abismo nuclear, en EE.UU. se sigue dando crédito a un mito que ha contribuido a algunas de las más desastrosas decisiones en la política exterior de Washington, según el diario The New York Times.

En un comentario que publica en su página de opiniones bajo el título de “El precio de un mito de 50 años”, se alude a los momentos álgidos de la confrontación Washington-La Habana-Moscú cuando según se ha dicho los destructores estadounidenses estuvieron a pocas millas de los buques soviéticos que transportaban misiles a la isla.

De entonces, subraya el Times, data la frase que pronunció el secretario de Estado, Dean Rusk y que se hizo famosa: "Nos estamos mirando a los ojos, y creo que el otro acaba de parpadear".

La dramática imagen a juicio del periódico fue la que condicionó decisiones erróneas adoptadas con posterioridad, desde la escalada de la guerra en Vietnam bajo el gobierno de Lyndon Johnson hasta la invasión a Irak, durante la administración de George W.Bush.

“Si fuera meramente un debate académico—apunta—, no importaría mucho. Desafortunadamente, el mito se ha transformado en una marca de agresividad en virtud de la cual se mide a los presidentes”.

El autor del comentario asegura que investigando sobre la crisis quedó pasmado al descubrir en base a información de inteligencia de EE.UU. que en el momento de la famosa frase “nos estamos mirando a los ojos” el buque insignia soviético “Kimovsk” ya estaba de vuelta a 750 millas de distancia de la línea de bloqueo establecida en torno a Cuba.

El Times recalca que el cara a cara nunca llegó a suceder, y que transcripciones de los debates en la Casa Blanca por esos días indican que Kennedy estaba preparado para “hacer significativas concesiones, incluyendo un intercambio público de misiles soviéticos en Cuba por cohetes estadounidense en Turquía y posiblemente la entrega de la base naval de EE.UU. en la bahía de Guantánamo”.

Para el sábado 27 de octubre, añade, los dos líderes, Kennedy y Kruschev, ya no estaban en control de sus gigantescas maquinarias militares, y a continuación menciona entre otros incidentes el derribo del avión estadounidense U-2 sobre la isla, y el protagonizado por el comandante de un submarino soviético que fue disuadido por su tripulación de no disparar un torpedo nuclear contra un destructor de EE.UU. en el Caribe.

Sin embargo, apunta, cuando todo terminó, los consejeros de Kennedy mostraron a su presidente en control pleno de la situación, y elogiaron la “precisión matemática” con que calibró sus amenazas para forzar a Cuba y la Unión Soviética. “Sus asesores se llegaron a creer su propia propaganda”, dice.

Refiriéndose a ellos, el Times cita al sucesor de Robert S. McNamara en el Departamento de Defensa, Clark M. Clifford, quien dijo que estaban poseídos por la creencia fuera de lugar de que “el poder de EE.UU. no podía ser desafiado con éxito, sin importar las circunstancias, ni el lugar del mundo”.

La lección más importante sacada de la crisis por Kennedy, dice, fue que los errores y mal entendidos pueden desencadenar una cadena impredecible de sucesos, y causar que gobiernos vayan a la guerra con poca comprensión de las consecuencias.

“Es una lección –concluye- que habría sido sabio que los presidentes Johnson y Bush hubiesen ponderado cuando consideraron qué hacer en Vietnam e Irak, y que sigue siendo válida hoy en día”.
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