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Andar La Habana…y aguantar las ganas


La capital cubana, calurosa la mayor parte del año, obliga al caminante a beber abundantes líquidos. El problema estriba en dónde evacuar luego lo bebido.

En la escuela secundaria nos enseñaron el ciclo hidrológico o ciclo del agua, básicamente, evaporación, condensación y precipitación.

Considere ahora el ciclo del agua en el cuerpo humano: las normas más recientes de salud recomiendan beber ocho vasos de agua de ocho onzas cada uno al día. El agua, nos enseñaron, es vital para regular la temperatura del cuerpo, transportar los nutrientes, convertirlos en energía, proteger los órganos internos, etc.

Una mujer cobra la entrada a un baño público móvil en una calle Santiago de Cuba (Cuba).
Una mujer cobra la entrada a un baño público móvil en una calle Santiago de Cuba (Cuba).
En una ciudad sofocante y soleada como la capital cubana ("300 días de sol al año", anuncia un portal turístico y recomienda llevar una botella de agua), para caminar y mantenerse fresco y sin deshidratarse es preciso beber abundantes líquidos. No de fuentes o grifos públicos, que La Habana no es Roma: el agua corriente las 24 horas es sólo para las instalaciones turísticas y los repartos de los patricios. Y aun si la hubiera, está el peligro del cólera y otras EDANI (la abreviatura es mía y se basa en las “enfermedades diarreicas agudas no identificadas” por el Granma y sus ecos) que a cada rato asoman en Regla, La Lisa y otros municipios plebeyos de la capital.

Pero ahora, con el poder adquisitivo de los cubanos repuntando, más las iniciativas de los microempresarios privados, al menos hay opciones: desde refresco instantáneo preparado por los cuentapropistas con sobrecitos de Kool Aid llevados por parientes del norte, hasta comprar en un establecimiento estatal una botella de agua mineral por 45 centavos de CUC (unos 12 pesos, moneda nacional).

El problema es que la necesidad fisiológica de beber, una vez cubierta, lleva inexorablemente a otra necesidad fisiológica. La fase final del ciclo del agua en el cuerpo humano es evacuar los detritos, y aquí es donde, por lo menos en La Habana, aparece un“paraguas” que traba el ciclo.

ALGO "NATURAL"

Foto Cubanet.
Foto Cubanet.
En su reportaje “El hábito de orinar en las calles de La Habana”, publicado por Cubanet, el periodista independiente Augusto Cesar San Martin recuerda que el pasado 7 de julio, durante una tirada en la Asamblea Nacional contra la creciente crisis de valores y costumbres en Cuba, Raúl Castro se quejó de que “se tolera como algo natural… hacer necesidades fisiológicas en calles y parques”.

Si vamos a los hechos, Castro no estaba mintiendo: San Martín señala que encontrar personas orinando en las calles de La Habana a plena luz del día, es algo común. "Los hombres, de frente a la pared o detrás de un depósito de basura. Las mujeres, agazapadas entre las columnas de la ciudad de los portales".

El autor apunta que, si bien las causas de la indisciplina social son múltiples, la raíz en este caso es de infraestructura: la carencia de baños públicos. Según el colaborador de Cubanet, si el castrismo heredó del capitalismo alrededor de 300 baños públicos en la capital, en la actualidad existen sólo 21, de ellos cinco cerrados en los municipios Regla, Marianao, Habana del Este y Centro Habana.

“Cuentan con dos Plaza, Centro Habana, San Miguel del Padrón y la Lisa. Con uno, Habana Vieja, Playa, Guanabacoa, Cerro, Boyeros, Cotorro y Habana del Este”, agrega. La Habana, sin contar con su población flotante, tiene unos 2 millones 200 mil habitantes.

Otro periodista independiente, el director del semanario Primavera Digital Juan González Febles, dice que las alternativas ante los apremios de la vejiga, a menos que se esté a un tiro de piedra de los contados baños públicos de la ciudad, son tres: resistir, buscar un espacio poco visible o, si uno anda bien vestido, tratar de usar el servicio sanitario de algún hotel o restaurante en divisas. Lo de la indumentaria, según el comunicador, es una condición para convencer al portero de que le deje pasar.


CONSUMIR PARA EVACUAR

“Bueno, pero ¿y las tiendas, los comercios, los cines?”, se preguntarán lectores acostumbrados a parar en la próxima farmacia Walgreens u otro establecimiento comercial en caso de apuro. Y es que en Estados Unidos y otros países los requisitos para abrir un negocio incluyen que el local tenga servicios sanitarios para hombres y mujeres, y la mayoría de las ordenanzas de ciudades y municipios consideran ilegal el negar acceso al baño a clientes o visitantes.

ARCHIVO. Varias personas recorren el centro comercial Carlos III.
ARCHIVO. Varias personas recorren el centro comercial Carlos III.
En La Habana -- dijo por vía telefónica Augusto César San Martín a martinoticias.com-- las tiendas, salvo contadas excepciones, no tienen baños públicos, o si los tienen están cerrados o limitados para el uso de los trabajadores. Esto incluye a las más grandes, como La Epoca o el antiguo Ten Cents de Galiano.

En el caso de los restaurantes en divisas, que sí tienen baños, para acceder es necesario estar consumiendo algo, asegura el reportero. Lo mismo en los Cupet, la cadena de gasolineras estatales de la isla que suelen tener una tienda de alimentos y misceláneas.

Algunos de los nuevos centros comerciales construidos por el gobierno, como el de Carlos III, sí tienen baños públicos, aunque hay que pagar entre uno y dos pesos para pasar, aclara el periodista.

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GESTIÓN PRIVADA

A principios de noviembre el gobierno autorizó entre una veintena de nuevas categorías de trabajo privado la de encargado de baños públicos. La resolución 512/2013 firmada por el ministro de Economía y Planificación, Adel Yzquierdo, establece incluso la tabla de precios, divide a la 'industria' de los baños públicos en cinco categorías según sus ingresos y obliga a la firma de contratos de dos páginas entre el nuevo arrendatario del negocio y el estado.

Baño público de San Rafael. Foto Cortesía Cubanet.
Baño público de San Rafael. Foto Cortesía Cubanet.
San Martín entrevistó a Leonel Moré Álvarez, uno de los dos encargados del baño público del bulevar de San Rafael, uno de los únicos dos que funcionan en la populosa Centro Habana. El otro está ubicado a por lo menos un kilómetro, en el parque ¨El Curita de Galiano y Belascoaín.

Según documentos oficiales el baño de San Rafael está clasificado en la categoría "muy alta¨, por lo que los cuentapropistas deben abonar 600 pesos mensuales a la Oficina Nacional Tributaria (ONAT), 90 a la seguridad social y 100 a la Empresa de Servicios Comunales.

Según el reportaje de Cubanet los encargados también han clasificado y tarifado sus servicios: “El pipi, un peso; otra necesidad, cinco”, informa un cartel en la entrada de los baños utilizados diariamente por más de 800 personas. La tarifa tiene su razón: como no hay agua corriente les corresponde a ellos descargar la taza, a cubos de agua sacada de una cisterna cercana o recogida cuando llueve, precisó San Martín a martinoticias.

En el de El Curita reparaciones realizadas por un proyecto hidráulico afectaron las tuberías y el baño tuvo que cerrar, hasta que los encargados empezaron a comprar el agua para mantenerlo abierto.

Como en otros campos, la gestión privada promete mejorar la situación. Algunos emprendedores han optado por saltarse a la torera el papeleo, los tributos y la tramitación del local y se las han ingeniado para improvisar retretes móviles piratas sobre carretas y camiones.

EN EL LUGAR PRECISO

Aun así, estar en el lugar preciso en el momento preciso, o sea, cerca de uno de los pocos y dispersos baños públicos de la ciudad cuando la necesidad aprieta, puede ser una especie de angustiosa lotería.

Infractores entrevistados por el reportero independiente alegaron que, ante la ausencia de servicios sanitarios públicos, hacer pis en la calle es “la expresión desesperada de una necesidad fisiológica”.

Si algo puede consolar a los cubanos es que en ciertas zonas los turistas extranjeros comparten su misma suerte. Una funcionaria de servicios comunales le dijo a San Martín que en la turística Habana Vieja reconstruida por Eusebio Leal y su compañía Habaguanex la situación es tan crítica como en la superpoblada Centro Habana, pues sólo existe un baño público en la zona.

Una buena manera de que los turistas, como ha pedido el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina, CADAL, empiecen a conocer, en carne propia, a la Cuba profunda.
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    Rolando Cartaya

    Rolando Cartaya (La Habana, 1952) Graduado de Periodismo, Universidad de La Habana 1976. Ha trabajado en la página cultural de Juventud Rebelde, la agencia UPI, el servicio Worldnet y como editor de las revistas “Newsweek”, “Discover” y “Motor Trend” en español. Ha traducido más de 20 libros para la editorial cristiana Thomas Nelson, Inc. Con Radio Martí desde 1989, ha sido editor, redactor, reportero, y director y guionista del programa “Sin Censores ni Censura”. Actualmente trabaja en martinoticias.com. Fue vicepresidente en la isla del Comité Cubano Pro Derechos Humanos.

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