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La odisea de un cubano en busca de libertad


El joven dijo al periódico que se fue de Cuba porque sabía de torturas en la isla y su vida corría peligro (foto: diario La Nación).

El diario costarricense La Nación entrevistó a un refugiado cubano que lleva casi dos meses en San José rogando que le den asilo.

Tiene 27 años, llegó hace casi ya dos meses a Costa Rica en busca de libertad y las cosas no le han salido como pensaba, según dijo un cubano al diario de ese país La Nación, que no da su nombre para proteger su identidad.

El joven está retenido en el aeropuerto Juan Santamaría de San José, adonde llegó con un pasaporte falso pidiendo refugio tras haber dejado en Cuba a su madre, su novia y una hermana.

Huyó de la isla – según dijo al diario- porque su vida empezó a correr peligro luego de que el régimen de los Castro descubrió que él forma parte de "un movimiento social que tiene pruebas sobre torturas y violaciones a derechos humanos".

De acuerdo con La Nación, el cubano, oriundo de Ciego de Ávila, llevaba días sin comer cuando lo entrevistó. . “Salí de Cuba buscando libertad y me topé aquí con una prisión”, dijo al reportero.

La Nación señaló que la Comisión de Visas y Refugio de Costa Rica le negó su solicitud, y él apeló al Tribunal Administrativo Migratorio, que ya resolvió el caso, pero aún no le notificó el fallo.

El joven salió de la isla en un avión el pasado 7 de marzo tras sobornar con una cuantiosa suma de dinero a funcionarios cubanos, y viajó a Panamá, donde estuvo 9 días.

Luego compró un boleto aéreo a México, pero las autoridades panameñas decidieron deportarlo a Costa Rica por portar un pasaporte de ese país sospechosamente falso.

Yo pedí asilo delante de todos los pasajeros del avión cuando iba a entrar al aeropuerto de aquí- relató el joven. Había cuatro policías de Migración esperándome. Les dije que era cubano y que necesitaba refugio porque estaba amenazado.

”Me esposaron y dijeron que me iban a montar en un avión de vuelta a Guatemala, y de ahí a Panamá, para que decidieran qué hacer conmigo(…). Yo me tiré al piso a llorar, se lo estaba implorando y, aun así, me querían montar en otro avión (…) Entonces, el piloto dijo que así no me podía llevar”, dijo.

Según el periódico, los primeros días, que fueron para él “un infierno”, durmió en una sala de paso para turistas, luego la aerolínea le dio $10 dólares diarios que le alcanzaban para un sándwich, y ahora le dan cupones, que no usa, para desayuno, almuerzo y comida.

“Cada día siento que no lo soporto más. En Costa Rica hay mucha libertad, y yo quiero que la demuestren conmigo”, dijo el joven a La Nación.

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