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Cuba y México, siguen los desencuentros


Periodistas mexicanos calificaron de “fría” la recepción dada al presidente Calderón.

La visita del presidente Felipe Calderón a La Habana buscaba revigorizar las relaciones bilaterales pero el recibimiento no fue nada alentador.

El presidente de México, Felipe Calderón, llegó el miércoles a La Habana con la declarada intención pública de abrir una nueva etapa en las relaciones bilaterales y elevarlas a un mejor nivel, luego de una década en la que viejos lazos de entendimiento entre los dos gobiernos se vieron repetidamente al borde del colapso.

En declaraciones a la prensa, Calderón dijo que su visita obedecía fundamentalmente a la amistad y hermandad que hay entre los dos pueblos, una afirmación que ni en términos protocolares tuvo reciprocidad por parte de las autoridades cubanas, que dispusieron que el presidente mexicano fuera recibido en el aeropuerto por el viceministro de Relaciones Exteriores, Rogelio Sierra, ni siquiera por el canciller.

Calderón concluyó este jueves su visita a la isla anunciando que las empresas petroleras estatales PEMEX, de México, y CUPET, de Cuba, firmaron una "carta de intención no vinculante", por medio de la cual la compañía mexicana valorará si participa en la exploración y explotación de hidrocarburos en Cuba en los bloques marítimos limítrofes con la zona económica de México.

Un artículo publicado por el diario mexicano La Jornada describió así el entorno de la visita: “Los cubanos, que cuidan al detalle el lenguaje de símbolos, tienen preparada, en efecto, una recepción fría. La habitual nota que difunden prensa, radio y televisión en estos casos, es escueta respecto a las que se dedican a otros gobernantes”.

El corresponsal en La Habana Gerardo Arreola, uno de los autores del artículo y quien desde hace más de dos décadas está íntimamente familiarizado con la política de la isla, concluyó que “se trata de un nivel por debajo del rango ministerial que aquí se acostumbra para la mayoría de los jefes de Estado o de gobierno”.

El propio periódico, que por largo tiempo fue uno de los medios de prensa mexicanos más afines a las causas impulsadas en Latinoamérica por Fidel Castro, escribió que “la bienvenida parece desproporcionada con la movilización que hace (el presidente) Calderón”, quien viajó con un nutrido equipo de su gabinete.

En efecto, el mandatario estuvo en Cuba con cinco ministros: Francisco Mayorga (Agricultura); Dionisio Pérez Jácome (Comunicaciones y Transportes); José Antonio Córdova (Educación Pública); Jordy Herrera (Energía,), Salomón Chertorivsky (Salud), a los que se unió la canciller, Patricia Espinosa, que ya estaba en la isla. También le acompañaron varios legisladores.

Durante la primera jornada de su visita, sin mayores estridencias, el gobernante Raúl Castro le dio la bienvenida oficial en el Palacio de la Revolución al visitante, con quien luego dialogó en presencia de los respectivos cancilleres, la mexicana, Espinosa, y el cubano, Bruno Rodríguez.

Según trascendidos, las dos partes estuvieron días trabajando para estructurar acuerdos bilaterales, algunos de menor monta en materia educativa, deportiva y de salud, y otros de no tanta, como la pretendida incorporación de PEMEX a las operaciones de crudo en Cuba.

La publicación Cuba Standard, especializada en temas económicos cubanos dijo que PEMEX quiere operar en la isla en conjunción con su socio español, la firma REPSOL, que ya inició la perforación de un pozo en aguas profundas al noroeste de La Habana.

“El motivo real de la visita (de Calderón) es alentar al gobierno cubano a iniciar el proceso de normalización de sus fronteras marítimas con México en lo tocante a los hidrocarburos, de forma compatible con el acuerdo ya negociado con Estados Unidos”, señaló.

Sobre la mesa de negociaciones también figuraron las expectativas de lograr un nuevo acuerdo de reestructuración de la deuda de Cuba con México, que hace cuatro años se fijó en $413 millones de dólares, pagaderos a 15 años con un interés del 6 por ciento, y un periodo de gracia de cinco años que se vence en 2013. Un asunto, sin duda, muy sensible para La Habana.
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