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Constituyente, un ardid para afianzar a Maduro como gobernador cubano en Venezuela


Raúl Castro (izq) y Nicolás Maduro conversan el 20 de octubre de 2014 en la inauguración de la cumbre extraordinaria que celebra la Alianza Bolivariana de los Pueblos de América (ALBA).

Cuba no puede mediar para resolver un problema que no salió de la mente de pajarito de Maduro, sino del propio Palacio de la Revolución de La Habana...

Una prestigiosa publicación británica, el diario Financial Times, informaba hace un par de semanas que la breve visita que hizo a Cuba los días 16 y 17 de julio el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, supuestamente para reforzar las relaciones comerciales, tenía como propósito principal convencer a La Habana para que apoyara una iniciativa diplomática de países latinoamericanos, entre ellos Argentina y México, dirigida a frenar la creciente crisis venezolana.

El Financial Times decía que la movida, aunque controversial, podía ser eficaz ya que “la Cuba socialista es el más estrecho aliado de Venezuela, y se cree que sus servicios de inteligencia funcionan como íntimos consejeros del agobiado presidente de Venezuela, Nicolás Maduro”.

La afirmación del Financial Times fue desmentida por el gobierno de Cuba no a través de una nota de su cancillería, sino en el marco de una de las fechas más importantes para el castrismo, el 26 de julio, y en la voz del miembro de línea dura por antonomasia del Buró Político comunista, José Ramón Machado Ventura.

"Hace pocos días un influyente diario estadounidense (sic) elucubraba sobre el presunto involucramiento de nuestro país en una eventual mediación internacional relacionada con la situación en Venezuela", dijo Machado Ventura. "Cuba rechaza rotundamente tales insinuaciones", recalcó. Y luego criticó "las acciones injerencistas y desestabilizadoras" contra el gobierno de Maduro y reiteró "la invariable solidaridad" de Cuba con su aliado venezolano.

Y es que Cuba no puede mediar para resolver un problema que no salió de la mente de pajarito de Maduro, sino del propio Palacio de la Revolución de La Habana: la Asamblea Nacional Constituyente que desaprueban tres cuartas partes de los venezolanos y que acabaría de convertir a partir de este domingo a Venezuela en una dictadura, pero que es un último recurso para mantener en el poder al repudiado presidente venezolano, suerte de gobernador cubano en Venezuela.

Una mayoría del pueblo venezolano está dando la batalla para impedirlo, poniendo los muertos, los heridos y los presos, mayormente civiles desarmados frente a la impunidad y brutalidad de las fuerzas represivas y los criminales “colectivos”, de inspiración castrista. Esta semana la organización vigilante de los derechos humanos Human Rights Watch denunció la escalada en un material de video: los disparos a quemarropa, los manifestantes arrollados por vehículos blindados, las golpizas entre varios jenízaros contra personas que no ofrecían resistencia.

Otra prestigiosa publicación británica, The Economist, enumera este sábado en un editorial el capital que le queda a Maduro para conservar el poder: el apoyo de las fuerzas armadas y un 25 % de los venezolanos; el control de las divisas; y el consejo de oficiales de la seguridad cubana “especialistas en represión selectiva”.

Se cree que Cuba, que para sobrevivir depende del petróleo subsidiado, el comercio, el financiamiento y los generosos pagos de Venezuela a sus profesionales en misión en ese país, mantiene miles de militares en el país suramericano. Son frecuentes las visitas de altos oficiales de las fuerzas armadas cubanas como los Generales de División Leonardo Ramón Andollo Valdés y Ermio Hernández Rodríguez. Pero la mayor parte de los militares cubanos en el país no visten uniforme, pues son agentes de seguridad e inteligencia.

En la represión directa

Además de controlar en la patria de Bolívar sectores clave como las comunicaciones, puertos, aeropuertos y sistemas de cedulación y pasaportes, y ofrecer asesoramiento a las fuerzas represivas, militares cubanos podrían estar participando directamente en la represión.

En mayo de este año un grupo de personas en Táriba, estado Táchira, detuvieron a un uniformado de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) que estaba reprimiendo a los manifestantes y que resultó tener entre sus pertenencias un carnet de identidad cubano, número 80082307482.

El presunto policía venezolano fue identificado como Oyantai Hernández Campillo. Pesquisas de Martí Noticias y del investigador cubano Luis Domínguez revelaron más datos personales de Oyantai en Cuba:

Aunque dice que reside en San Cristóbal, Táchira, en la isla reside en L #15809 e/ N Y M, municipio Boyeros, y trabajó como chofer del Ministerio de Salud Pública. Está casado y tiene una hija, Oyalmis, con Idarmis Tamayo, quien ha sido empleada del Mercado de 3ra. y 70, una tienda de recaudación de divisas propiedad de la cadena militar Gran Caribe. Oyantai viajó a Cuba para el fin de año de 2016 y regresó en febrero a Venezuela.

Y no es el único. En Twitter identificaron en abril un cadáver abandonado en Altamira de un supuesto Guardia Nacional Bolivariano como el de Orlando Figueroa Hernández, pasaporte cubano E-836160.

Claro que no todos los cubanos somos comunistas o canallas, y en medio del caos venezolano resulta difícil deslindar realidad y leyenda, pero no hay dudas de que Dios y ayuda va a costar que los millones de venezolanos que están padeciendo la bota castrista en los pies de basquetbolista de Maduro no enarquen las cejas cada vez que se encuentren con alguien que les diga “soy cubano”.

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    Rolando Cartaya

    Rolando Cartaya (La Habana, 1952) Graduado de Periodismo, Universidad de La Habana 1976. Ha trabajado en la página cultural de Juventud Rebelde, la agencia UPI, el servicio Worldnet y como editor de las revistas “Newsweek”, “Discover” y “Motor Trend” en español. Ha traducido más de 20 libros para la editorial cristiana Thomas Nelson, Inc. Con Radio Martí desde 1989, ha sido editor, redactor, reportero, y director y guionista del programa “Sin Censores ni Censura”. Actualmente trabaja en martinoticias.com. Fue vicepresidente en la isla del Comité Cubano Pro Derechos Humanos.

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