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Maduro, el "camarada" de Putin


El presidente de Rusia, Vladímir Putin (d), y su homólogo Nicolás Maduro. Foto Archivo, 15 de enero de 2015.

El gobernante venezolano depende de los préstamos de Moscú para sostener su tambaleante dictadura y ha firmado jugosos contratos petroleros con Rusia

Nicolás Maduro pidió a Moscú insistentemente una llamada telefónica con Vladimir Putin. El pasado 10 de julio el presidente ruso levantó el auricular y tuvo de primera mano la información sobre lo que acontece en Venezuela, según el evangelio del gobernante Maduro. El venezolano contó sobre “las iniciativas del Gobierno para normalizar la situación” en Venezuela. A Putin le preocupa lo que pasa en el país latinoamericano.

Esa fue la tercera conversación telefónica en los últimos meses. Una en diciembre, otra en mayo y esta última el 10 de julio. Todas las llamadas fueron “a iniciativa del presidente venezolano”, cómo se apresuran a decir en Rusia.

No ha faltado el intercambio de mensajes oficiales, como el telegrama de Putin por el Día de la Independencia en julio. El mandatario ruso tiene en su calendario conversaciones telefónicas con gobernantes de todas partes del mundo. De todos, Maduro es quien más charla con Putin desde esta parte del Atlántico.

Hay sobradas razones para que el gobernante venezolano charle a menudo con Putin. Hay una inmensa deuda, Caracas no tiene aliados políticos en Europa y necesita de las armas que el Kremlin ha suministrado. La preocupación fundamental rusa es la millonaria inversión en Venezuela a través de Rosneft, la estatal petrolera rusa y, por supuesto, el seguro mercado armamentista.

Ambos países han firmado más de 200 acuerdos aunque no hay contabilidad de sus cumplimientos. Los proyectos rusos en Venezuela son comerciales, técnico-militares, agrícolas e industriales. Pero entre la economía de mercado rusa y la de planificación socialista (aunque sea del siglo XXI) hay una gran diferencia.

Recientemente los rusos se comprometieron, y firmaron acuerdos, para mandar a Venezuela unas 60.000 toneladas de trigo todos los meses, comenzando en agosto. La cifra total sería de 720.000 toneladas al año. Esa entrega fue uno de los “acuerdos telefónicos” de mayo, cuando ya las autoridades rusas sabían que Maduro no iba a pagarle parte de la deuda al Kremlin.

En las condiciones de reestructuración de la deuda venezolana a Rusia, mediante el protocolo de septiembre de 2016, estaba el pago de varios tramos del crédito. Pero el acuerdo no se cumplió y el presupuesto ruso de 2017 no recibió los prometidos 54.000 millones de rublos, unos 954 millones de dólares. Los analistas aseguran que Venezuela no podrá pagar la deuda del crédito de 2,84 mil millones de dólares que Rusia otorgó a Maduro.

La prensa rusa independiente ya ha criticado la paciencia crediticia del Kremlin y critica la entrega de trigo gratis a las autoridades venezolanas. La pregunta que se hacen es: ¿Cómo va a pagar Venezuela por el trigo ruso? Además, alertan a la sociedad rusa de que en caso de cambio de Gobierno en Venezuela, los intereses rusos se perjudicarían, debido a la cantidad de acuerdos firmados en el último año y medio que no han sido ratificados por el Parlamento venezolano. La Asamblea venezolana, de mayoría opositora, calificó de ilegal y poco rentable la firma de acuerdos con Rosneft.

Desde junio, Rosneft y PDVSA iniciaron producciones de crudo. Los rusos controlan el 40% de dos importantes proyectos petroleros (Petromonagas y Petroperiha) y 27% de Boquerón.

Igor Sechin, director ejecutivo de esa Rosneft y quien fue sancionado por EEUU y la UE tras la invasión rusa a Crimea, tiene en Caracas su nicho y es el hombre del Kremlin para los negocios en Venezuela y Cuba.

Si Maduro es obligado a partir, Putin perdería a un aliado y un comprador de armas en América Latina como ningún otro.

[Publicado originalmente en el Diario Las Américas]

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    Álvaro Alba

    Historiador y periodista especializado en temas de Europa del Este y la ex Unión Soviética. Máster en Historia por la Universidad Estatal de Odesa, Ucrania. Premio Emmy 2017 (Emmy Award) en la categoría de Documental Histórico.

    Ha publicado en ABC, Diario de Las Américas, El Nuevo Herald, entre otros. Actualmente trabaja en MartiNoticias.com. Autor de Castro y Stalin, almas gemelas (2002); En la pupila del Kremlin (2011) y Rusia: la herencia del estalinismo (2012). Es Asociado Principal de Investigación (Senior Research Associate) del Centro de Estudios Cubanos (Cuban Studies Institute CSI) de Miami y miembro de la Asociación para Estudios Eslavos y del Este de Europa (ASEEES).

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