Cómo leer la presencia de drones de Irán en Cuba y la proximidad del portaviones USS Nimitz

El portaaviones de la Armada de los EE. UU., USS Nimitz, anclado en la bahía de Guanabara como parte del despliegue «Southern Seas 2026» el 8 de mayo de 2026. REUTERS/Pilar Olivares

“Washington parece estar reaccionando temprano, antes de que la capacidad evolucione”, dijo a Martí Noticias un ex jefe de la inteligencia naval de Estados Unidos para el hemisferio occidental.

La revelación de que Cuba, a 90 millas de Estados Unidos, posee unos 300 drones iraníes o rusos, ha complicado el tablero geopolítico en el Caribe.

En busca de la opinión de un experto acerca de la información ofrecida por la publicación Axios basándose en fuentes de la inteligencia de EE.UU,, entrevistamos al Comandante Retirado de la Armada estadounidense José Adán Gutiérrez, ex jefe de inteligencia naval para el Hemisferio Occidental.

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¿Pueden considerarse estos drones en Cuba un “clear and present danger” para Estados Unidos?

Todavía no, en el sentido clásico de una amenaza inminente equivalente a misiles estratégicos o a una capacidad de ataque masivo sostenido. Sería algo desproporcionado afirmar eso con la evidencia pública disponible hoy. Sin embargo, tampoco sería serio descartarlo como algo irrelevante.

Lo que sí representan es una nueva categoría de amenaza asimétrica de proximidad que tenemos en el Siglo 21. Y eso cambia mucho el cálculo estratégico.

La preocupación de Washington no parece centrarse únicamente en el daño físico que podrían causar algunos drones aislados; el verdadero problema es que sistemas relativamente baratos, difíciles de detectar y potencialmente suministrados por Irán o Rusia introducen incertidumbre táctica a solo 90 millas del territorio continental estadounidense.

En la lógica del actual NSS/NDS (National Security Strategy/National Defense Strategy) el hemisferio occidental ya no se ve solamente como una región diplomática; se ve como parte del perímetro directo de defensa nacional de Estados Unidos. Bajo ese enfoque, capacidades militares hostiles cerca del territorio continental, aunque sean limitadas, reciben mucha más atención que hace algunos años.

Además, el problema no es solamente Cuba. El verdadero temor estratégico es la posible consolidación de un ecosistema integrado entre Cuba, Irán, Rusia y eventualmente actores proxy que utilicen tecnologías de bajo costo para crear presión psicológica, militar, económica, y política sobre Estados Unidos desde el Caribe. Por eso Washington parece estar reaccionando temprano, antes de que la capacidad evolucione.

¿Es el emplazamiento del portaaviones USS Nimitz cerca de Cuba más que una medida de Operaciones psicológicas (psy-op) o de disuasión?

Reducirlo únicamente a “psy-op” sería simplificar demasiado la situación.

La presencia del Grupo de Batalla del Nimitz ciertamente tiene un componente de señal estratégica y disuasión visible.

Los portaaviones siempre comunican poder político además de capacidad militar. Pero la dimensión operacional probablemente es más importante que la simbólica.

El despliegue encaja con varios objetivos simultáneos. Por un lado, permite reforzar las capacidades de ISR (Intelligence, Surveillance and Reconnaissance), aumentar la capacidad de respuesta inmediata ante posibles incidentes y demostrar un sólido control marítimo y aéreo en la región. Al mismo tiempo, sirve para ensayar contingencias operativas y, sobre todo, envía un claro mensaje disuasorio tanto a La Habana como a Teherán y Moscú, mostrando la determinación y el alcance de la presencia estadounidense en la zona.

La propia Marina estadounidense había anunciado previamente el despliegue regional “Southern Seas 2026”, que es un ejercicio naval con las marinas de varios países en el hemisferio. Pero el contexto político actual transforma ese despliegue en algo mucho más significativo.

Además, en doctrina militar moderna, las grandes fuerzas navales rara vez se despliegan solamente “para hacer ruido”. Su presencia crea opciones.

Y eso probablemente es la clave aquí: la Casa Blanca parece querer demostrar que todas las opciones permanecen abiertas, desde presión política intensificada hasta contingencias militares limitadas si la situación regional se deteriorara rápidamente. Eso no significa que una intervención sea inminente. Pero sí significa que Washington quiere tener capacidad de actuar sin retraso si percibe una escalada.

Según Axios, los drones contarían con operación o entrenamiento por parte de militares iraníes. ¿Podría considerarse esto una operación de guerra asimétrica por parte de Teherán?

Sí, conceptualmente encaja dentro de la lógica de guerra asimétrica iraní. Irán lleva décadas desarrollando un modelo estratégico basado en capacidades indirectas, negación plausible, proxies, drones baratos y presión psicológica distribuida. Lo está haciendo en el Medio Oriente, y en el Golfo Pérsico, contra Israel y contra las fuerzas estadounidenses. Y también contra el comercio libre mundial.

Si asesores iraníes realmente están ayudando a desarrollar doctrina, entrenamiento o integración operativa en Cuba, algo que ha sido reportado pero aún no plenamente confirmado públicamente, entonces Washington lo interpretaría no como un simple acuerdo técnico bilateral, sino como una extensión hemisférica de la doctrina iraní de presión y guerra asimétrica. Eso es precisamente lo que alarma a sectores de seguridad nacional en Washington.

No porque Cuba vaya necesariamente a lanzar un ataque mañana, sino porque Estados Unidos observa cómo tecnologías que antes estaban confinadas al Medio Oriente y en la guerra de Ucrania, empiezan a aparecer cerca del espacio estratégico estadounidense. Y en el contexto actual del NSS/NDS, eso tiene implicaciones mucho mayores que las que hubiese tenido hace diez años.

Según expuso en enero la publicación rusa Rybar, los drones Shahed/Geran podrían alcanzar objetivos tan al norte como la Casa Blanca. ¿Cómo están preparadas las Fuerzas Armadas de EE.UU. para responder?

Aquí hay que separar capacidad teórica, y realidad operacional. Es cierto que versiones avanzadas de drones tipo Shahed/Geran poseen alcances muy extensos, potencialmente superiores a 1,000 kilómetros dependiendo de la variante y configuración. Desde un punto puramente matemático, algunas rutas podrían colocar zonas del sureste estadounidense dentro del radio potencial de ciertos sistemas.

Sin embargo, eso no significa automáticamente que estos drones puedan penetrar con éxito el espacio aéreo estadounidense y atacar Washington. Estados Unidos cuenta con una arquitectura defensiva muy superior a la que enfrentan estos sistemas en otros escenarios. Esta incluye radares terrestres y aerotransportados, vigilancia satelital, aeronaves AWACS, una defensa aérea integrada, capacidades de guerra electrónica, aviación interceptora, sistemas navales AEGIS y un creciente arsenal de sistemas counter-UAS, lo que genera múltiples capas de protección difíciles de superar.

El verdadero desafío no es tanto un ataque masivo estratégico, sino la posibilidad de saturación limitada, ataques sorpresa o incidentes de alto impacto psicológico. Ahí es donde el tema se vuelve delicado.

Los drones modernos son relativamente baratos y difíciles de rastrear comparados con amenazas tradicionales. Incluso si militarmente no alteran el balance de poder, sí pueden generar presión política, temor público y costos económicos desproporcionados. Y eso es precisamente lo que estudian hoy los estrategas estadounidenses: cómo amenazas pequeñas pueden producir efectos estratégicos grandes.

Cuba asegura que su adquisición de drones es una medida defensiva. ¿Cuál es su opinión?

Desde la perspectiva del régimen cubano, el argumento defensivo tiene cierta lógica. El régimen históricamente ha estructurado su doctrina militar alrededor de la disuasión asimétrica frente a un adversario muchísimo más poderoso. Pero el problema es que el mundo ha cambiado y el contexto internacional actual hace muy difícil que Washington vea estas capacidades de manera neutral. Las ve como una amenaza.

Cuando los sistemas provienen de Irán o Rusia; cuando existen reportes de asesoría iraní; cuando simultáneamente aumenta la presión política bilateral; y cuando el Caribe vuelve a ser interpretado bajo la lógica de seguridad hemisférica del NSS/NDS, entonces incluso capacidades limitadas adquieren un significado estratégico mucho mayor.

En otras palabras, Washington no evalúa solamente el dron en sí. Evalúa el ecosistema geopolítico detrás del dron. Y ahí es donde la situación se vuelve peligrosa. Porque el riesgo mayor quizá no sea un gran ataque militar directo, sino una dinámica de escalada, errores de cálculo o incidentes limitados que puedan desencadenar respuestas desproporcionadas en un ambiente político cada vez más tenso.

En este escenario, el régimen comunista cubano estaría haciendo lo que el régimen islamista de Irán está haciendo con el Estrecho de Hormuz: impactando la proximidad geográfica de manera táctica y asimétrica, con el propósito de impactar todo el sistema internacional de manera estratégica y así ejercer presión directa a Washington. Es algo claramente inaceptable. Y sobre todo en nuestro propio hemisferio.

En conclusión, yo no creo que estemos frente a una amenaza existencial inmediata equivalente a la Crisis de los Misiles de 1962, pero tampoco creo que esto sea simple propaganda. Estamos viendo a Estados Unidos respondiendo a una nueva amenaza que surge en el Siglo 21.

Lo que preocupa a Washington no es solamente el dron; es la combinación Cuba-Irán-Rusia -China operando dentro del Caribe bajo una nueva doctrina estadounidense que ahora ve el hemisferio como parte directa de la defensa del territorio nacional.

El despliegue del Grupo de Batalla del Nimitz no parece una preparación inmediata para guerra abierta, pero sí una señal clara y contundente de que Estados Unidos quiere mantener capacidad de respuesta rápida y demostrar que todas las opciones siguen sobre la mesa.

La Administración no le va a permitir al régimen cubano salirse con las suyas como lo ha hecho durante los últimos 67 años. El círculo se les está cerrando cada hora que pasa. Yo espero que Raúl Castro viva los suficientes meses para que sea testigo presencial de la destrucción y fin del sistema opresivo que él y su hermano construyeron a costa del sufrimiento humano del pueblo cubano.