Esta columna de opinión del congresista cubanoamericano Carlos Giménez la reproducimos por cortesía de la oficina del legislador.
Hoy, al cumplirse cinco años del histórico 11 de julio, mi compromiso con el pueblo cubano es más firme que nunca. Aquel día, la valentía de un pueblo hambriento y oprimido que se atrevió a desafiar al régimen, desnudó la cobardía de una cúpula que solo sabe aterrorizar a base de garrote y miedo.
Como el único miembro de la Cámara de Representantes nacido en la isla, no hablo solo como político; hablo como un hijo de la patria que conoce, en carne propia, la miseria que el castrismo nos ha impuesto durante casi siete décadas.
La política de Estados Unidos no admite concesiones con estos tiranos. Mi labor en el Congreso es implacable: asfixiar financieramente a la dictadura y desenmascarar su red de esclavitud moderna, mal llamada "misiones médicas", que explota el talento de nuestros profesionales para llenar los bolsillos de sus verdugos.
Respaldo categóricamente la visión del secretario de Estado, Marco Rubio: con dictadores no se dialoga, se les combate. Mientras sigan existiendo presos políticos —héroes en calabozos inmundos—, nuestro deber es endurecer las sanciones hasta cortar el último centavo que financia el aparato represivo del régimen.
No es momento para tibiezas diplomáticas. La realidad es que el pueblo cubano no ha dejado de luchar ni un solo día. Desde los constantes cacerolazos ante los apagones hasta las protestas diarias que estallan a lo largo y ancho de la isla, la resistencia es constante. Esa valentía es nuestra brújula y el combustible que nos obliga a redoblar esfuerzos en Washington. Cada grito de libertad dentro de la isla nos fortalece en el exilio para seguir denunciando, sin descanso, los abusos de un régimen que se desmorona bajo su propia incapacidad.
Mi visión es innegociable: el fin absoluto del sistema comunista. No busco reformas cosméticas que solo prolongan este calvario; exijo una transición hacia una democracia real, donde el pluripartidismo y la libertad económica sean la norma, no el privilegio de una élite criminal.
A quienes hoy resisten en la isla: su lucha es nuestra lucha. No daremos un paso atrás. Seguiremos denunciando al régimen criminal en cada pasillo del Capitolio y en cada foro internacional. La libertad de Cuba ya es palpable; estamos más cerca que nunca.
¡Patria y Vida! ¡Abajo la dictadura!