El obispo emérito monseñor Juan Abelardo Mata, junto al sacerdote Francisco Morales, y el diácono Wilfred Arauz Rodríguez fueron capturados el pasado lunes por la policía del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, tras oficiar una misa en la que el jerarca católico pidió rezar por la Iglesia perseguida en Nicaragua.
De acuerdo con el diario La Prensa, Mata llegó a la ciudad de Estelí el jueves 25 de junio y participó en una misa el domingo 28 de junio en la iglesia la Cruz del Calvario, donde el obispo “pidió orar por la Iglesia perseguida y rezó por los sacerdotes desterrados”, haciendo referencia directa a Monseñor Rolando Álvarez y el sacerdote Frutos Constantino Valle Salmerón.
Álvarez fue administrador apostólico de Estelí desde 2021 cuando el propio monseñor Mata renunció al cargo. Álvarez ahora reside en Roma tras haber sido desterrado a El Vaticano en enero de 2024 mientras cumplía una condena de 26 años de cárcel, tras ser enjuiciado por el régimen sandinista.
Valle Salmerón, a sus más de 80 años permanece en el seminario Nuestra Señora de Fátima en Managua, sin posibilidad de salir del recinto por orden del régimen Ortega Murillo.
Aunque Mata, de 80 años, había sido liberado el propio lunes, medios locales reportan que el obispo católico fue nuevamente detenido el martes. Consultados por Martí Noticias varios opositores nicaragüenses analizaron las posibles razones que pueden estar detrás de esta detención.
De acuerdo con una fuente, que prefirió el anonimato para hablar libremente del tema, “Monseñor Mata tenía limitado su derecho a movilizarse por el país y restringido su ejercicio pastoral, por lo que para el régimen era importante censurar su voz y evitar su contacto con la población”.
“Viajar a su antigua diócesis de Estelí, celebrar una misa y orar por los sacerdotes obligados al exilio resultó intolerable y generó una nueva ofensiva represiva en su contra con gran riesgo a su vida por su avanzada edad y estado de salud”. anotó la fuente que se encuentra en el exilio.
Según recordó, el Obispo Mata “ha sido uno de los religiosos con uno de los liderazgos más reconocidos, muy activo en la defensa de los derechos humanos y en la defensa de la democracia, una voz profética muy comprometida con la promoción del evangelio que piensa que los católicos no pueden ignorar los problemas de la sociedad, debiendo hacerse escuchar frente a las injusticias y la represión”.
Otra fuente, también en el exilio, señaló que “Mata es un hombre de personalidad fuerte y que, a pesar de las presiones del gobierno, se ha mantenido en Nicaragua y aunque han tratado de asfixiarlo de varias formas no lo han logrado”.
Esta otra fuente que pidió anonimato por temor a represalias explicó a Martí Noticias que “en términos de las relaciones con la Iglesia se trata de un mensaje de intimidación porque, ante un pueblo tan religioso como el nicaragüense, muestran que son capaces de detenerlo aun siendo obispo”.
De acuerdo con esta segunda fuente, la captura del Obispo Mata “también indica un sentido de impotencia de la potencia, es decir, algo se les está desmoronando y por lo tanto tienen extremada ansiedad o una paranoia ante cualquier situación que vaya más allá de sus causes”.
“Si lo detuvieron de nuevo, están tomando un riego muy elevado”, apuntó la misma fuente recordando el caso del líder indígena Brooklyn Rivera y agregó que “si Mata falleciera en la cárcel, se acumularía la crítica contra el gobierno con una repercusión impredecible. Hay muchos curas exiliados, pero ya la muerte de un obispo tiene en una dimensión diferente”.
Esta fuente señaló que el “gobierno sigue empujando, regresando así a la táctica estaliniana de empujar para llevar la situación al borde del precipicio que es característico de la filosofía del poder de Daniel Ortega”, aunque aclaró que esta última “acción temeraria es más características de Rosario Murillo”.
Finalmente apuntó que "la etapa de temeridad en cuanto a las acciones del gobierno también indican cierto grado de inestabilidad interna”.
Miedo a denunciar
Para Martha Patricia Molina, autora del estudio ‘Nicaragua: una iglesia perseguida’, “en Nicaragua quien se atreva a emitir una opinión, por más obvia que parezca, es en sí una ofensa para la dictadura y por eso es que mantienen vigilados a los prelados”.
Molina señaló a Martí Noticias que todos los religiosos “siempre están amenazados con ser llevados presos o desterrados”, y explicó que varios sacerdotes están viviendo el mismo asedio, pero no todos los casos son públicos dado que no lo denuncian porque la dictadura actúa peor cuando lo hacen”.
“Las denuncias públicas han disminuido en el transcurso de este año, pero en ningún momento eso significa que no exista represión. La explicación es que los obispos, sacerdotes, monjas y laicos no quieren denunciar por las amenazas que reciben porque tienen miedo”, detalló la especialista en libertad religiosa en Nicaragua.
Para Molina, la comunidad internacional debe de dejar tener "una doble cara con respecto a la situación de Nicaragua".
"Por un lado, condenan a la dictadura en espacios políticos como la OEA y la ONU; por otro, siguen proporcionando préstamos y recursos económicos para que la dictadura financie la represión”, denunció.
Finalmente, Molina apuntó que “la comunidad internacional y todos los pueblos del mundo deben de entender que en Nicaragua lo que se está desarrollando son crímenes de lesa humanidad y por tanto competen la atención de todos y no únicamente de los nicaragüenses”.
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