A continuación, un editorial que refleja las opiniones del Gobierno de los Estados Unidos:
Estados Unidos no participó en el Foro de Examen de la Migración Internacional de las Naciones Unidas y no respaldará la declaración de "progreso" del 8 de mayo, aclaró el Departamento de Estado en un comunicado.
Estados Unidos se ha opuesto persistentemente a los esfuerzos de las Naciones Unidas por promover y facilitar la inmigración de reemplazo tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo occidental.
En 2017, el presidente Donald Trump rechazó el Pacto Mundial para la Migración. Los años transcurridos desde entonces han confirmado la sensatez de dicha oposición, afirmó el Departamento de Estado.
Como ha dicho el Secretario de Estado Marco Rubio, abrir las puertas de Estados Unidos a la migración masiva fue un grave error.
"En la búsqueda de un mundo sin fronteras, abrimos nuestras puertas a una ola de migración masiva sin precedentes que amenaza la cohesión de nuestras sociedades, la continuidad de nuestra cultura y el futuro de nuestro pueblo", declaró en la Conferencia de Seguridad de Múnich el pasado mes de febrero.
"La migración masiva no es —ni fue— una preocupación marginal de escasa importancia. Fue, y sigue siendo, una crisis que está transformando y desestabilizando a las sociedades de todo el mundo occidental", añadió el jefe de la diplomacia estadounidense.
Rubio señaló que en los últimos años "los estadounidenses han sido testigos de primera mano de cómo la inmigración masiva ha causado estragos en sus comunidades: delincuencia y caos en la frontera, estados de emergencia en las principales ciudades y miles de millones de dólares de los contribuyentes desviados hacia hoteles, billetes de avión, teléfonos móviles y tarjetas de efectivo para los migrantes".
Gran parte de esto fue impulsado por agencias de la ONU y sus socios, quienes no solo facilitaron la invasión de los Estados Unidos, sino que procedieron a redistribuir la riqueza y los recursos del pueblo estadounidense entre millones de extranjeros provenientes de los peores rincones del mundo.
"No hubo nada de "seguro", "ordenado" o "regular" en todo esto y los costos fueron asumidos principalmente por los trabajadores estadounidenses, obligados a competir por empleos, viviendas y servicios sociales escasos", denunció EEUU.
"La ONU tiene poco que decir al respecto", consideró el gobierno estadounidense.
El presidente Trump se centra en los intereses de los estadounidenses, no en los de los extranjeros ni en los de los burócratas globalistas.
Los Estados Unidos no respaldarán un proceso que imponga —abierta o subrepticiamente— directrices, normas o compromisos que restrinjan el derecho soberano y democrático del pueblo estadounidense a tomar decisiones en beneficio de los mejores intereses de su país.
El objetivo de los Estados Unidos, subrayó el Departamento de Estado, «no es "gestionar" la migración, sino fomentar la remigración».
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