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Cienfuegos, de capa caída, se consuela con José “Pito” Abreu


ARCHIVO. Jose Dariel Abreu en un homenaje que recibió en Cuba.

“Tiene un swing compacto, le pega a la bola sin esfuerzo y la hace caminar, hay un futuro brillante en su camino”, dijo un experto en referencia al criollo que el 29 de enero cumplirá 27 años.

Descorazonados por la labor de su equipo Cienfuegos en la actual Serie Nacional de Béisbol (eliminados en la primera ronda, lugar 13 entre 16 participantes, récord negativo de 18 ganados y 27 perdidos) los nativos de la ciudad sureña cubana buscan ahora consuelo… en las Grandes Ligas de Estados Unidos.

Tanto han disminuido al club cienfueguero las recientes deserciones que, como reflejo de esos males, aportaron el menor número de refuerzos a los ocho elencos clasificados a la fase final del béisbol en Cuba: solo dos peloteros, de los 40 convocados a cambiar de franela en esta nueva etapa, provienen del Cienfuegos.

Así la noticia de que José Dariel Abreu se presentó esta semana a un minicampo de entrenamiento de bateo de Chicago White Sox en Camelback Ranch, Glendale, Arizona, corrió como la pólvora en Cienfuegos, de boca en boca, en grabaciones de memorias flash o aún en las gangosas señales captadas de la radio extranjera. Fue el primer vistazo del cubano cara a cara con un puñado de jugadores, coaches y ejecutivos de los Medias Blancas, después de su contratación en octubre pasado por seis años y 68 millones de dólares, la firma más jugosa para un pelotero escapado de la Isla.

Todd Steverson, coach de bateo de Chicago, se arriesgó hace unas horas a opinar: “Tiene un swing compacto, le pega a la bola sin esfuerzo y la hace caminar, hay un futuro brillante en su camino”, en referencia al criollo que el 29 de enero cumplirá 27 años, sólidamente apoyados en 6’3’’ de estatura y 255 libras de peso.

Aunque las sesiones de bateo agruparon a otras ocho promesas, los expertos se dicen convencidos de que Abreu será una --si no la principal-- de las piedras angulares de ese equipo. Pocos lo habían visto de cerca, pero los videos y reportes de scouts han sido suficientes para despertar la ansiedad del general manager, Rick Hahn.

"No podemos olvidar que estamos en enero, que hay un largo camino por delante, pero será divertido ver a este muchacho durante los próximos años, él nos ha mostrado su poder desde las dos primeras rondas de bateo", añadió Hahn acerca del toletero que se preparó físicamente en Miami desde su llegada a Estados Unidos y que hace solo unos días dio sus primeros batazos en este país.

“¿Ansioso? Creo que no, pero sí con muchos deseos de jugar, por eso estaré unos días en Miami, y otra vez en Glendale el tres de febrero, para sumarme al Spring Training”, declaró el cubano a un reportero de Major League Baseball.

En Cuba, mientras tanto, arrancó la segunda etapa del campeonato nacional, con ocho conjuntos sobrevivientes, que echaron mano a cinco hombres “importados” cada cual --tomados de los clubes eliminados--, y que disputarán otros 42 pleitos per cápita, con un paréntesis intercalado para la reincorporación de ese país a la Serie del Caribe, al cabo de medio siglo de ausencia voluntaria.

Y como en todo campeonato profesional que se respete --la Serie Nacional se rasgó este año las vestiduras, con notables aumentos de salarios y la introducción de multas en metálico-- la comidilla de las últimas horas fue la sustitución de un manager, Ángel Sosa, de Las Tunas, por mandar a la banca a sus jugadores regulares durante un pleito empatado contra Industriales, decisión que derivó en el triunfo de los segundos, durante la fecha que despedía el calendario de clasificación.
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