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Díaz-Canel está sentado en un barril de pólvora


El agente de la policía Marcos López en una calle de La Habana.

En la crispación actual que se vive, cualquier cosa puede provocar un estallido popular. El gobierno de Díaz-Canel no tiene un cheque en blanco como el de Fidel o Raúl Castro.

Como cada mañana, Yosbel, 22 años, camina diez cuadras desde su hogar en la avenida Santa Catalina, en el barrio de La Víbora, hasta la sucia Calzada de Diez de Octubre, donde aborda un taxi particular rumbo al Vedado.

Ayudante de cocina en un restaurante privado, Yosbel no terminó sus estudios universitarios. Hijo de padres divorciados, madre diabética y con dos hermanas menores de edad, tuvo que trabajar para mantener a su familia.

"Mi hijo es el hombre de la casa", dijo su madre mientras de desayuno le preparaba pan con mayonesa y jugo de guayaba.

La avenida Santa Catalina se viste de gala en primavera.

De los viejos framboyanes se desprenden, cientos de flores rojas, amarillas y anaranjadas que tapizan el pavimento entre trinos de gorriones y un sol luminoso y caliente.

Pero Yosbel no se detiene a contemplar la belleza de los framboyanes que le rodean.

“Cuando me levanto por la mañana siempre hay un problema distinto. Hoy, por ejemplo, no hay agua y no pude comprarle las medicinas a la vieja porque no entraron a la farmacia”, dijo Yosbel. “Por si no bastara, la carne de puerco cada vez está más cara. Y un mango grande cuesta veinte pesos. Por eso la gente en la calle anda de mal humor. Uno se pregunta ¿hasta cuándo vamos a soportar a un gobierno que no hace nada para resolver las carencias de la población?”.

Yosbel aclaró que el dueño de la paladar paga el diez por ciento de las ventas.

"En un día suelo ganar más de 30 chavitos (cuc), en un mes casi 900. Ni con dinero en la cartera puedo resolver el montón de problemas acumulados en mi casa”, dijo Yosbel, y mencionó algunas dificultades: el alto precio del cemento en el mercado negro (en el estatal no hay) y de los materiales de construcción. "Y ni pensar en adquirir muebles o un simple electrodoméstico".

Al final de su historia, similar a la de muchos cubanos, siempre hay un culpable: la ineficiencia del régimen. Yosbel no es un disidente y ni siquiera le interesa la política. Si compra el periódico Granma es por la página deportiva y después utilizar las hojas como papel sanitario o para envolver y botar la basura. Pero tiene un mal día y revienta:

“Asere, ¿hasta cuándo vamos los cubanos aguantar a esta gente? En su discurso inaugural, Díaz-Canel no habló de su programa de trabajo y cómo va resolver tantas penurias que tenemos los cubanos. Sus palabras fueron muela jorobada y guataconería. Se sienten seguro en sus cargos. Hasta un día, como han hecho los jóvenes Venezuela y están haciendo en Nicaragua”.

Un grupo de jóvenes camina por el Malecón de La Habana.
Un grupo de jóvenes camina por el Malecón de La Habana.

No hace falta caminar demasiado en Cuba para encontrar personas frustradas con el estado de cosas. Los medios estatales intentan maquillar la realidad presentando un mundo virtual de ciudadanos siempre sonriendo o bailando reguetón y que confían ciegamente en sus mandatarios.

“Es contraproducente disfrazar la realidad y edulcorarla. Siempre hay un límite.”, consideró Carlos, sociólogo. “La gente aguanta hasta un punto determinado. En la crispación actual que se vive, cualquier cosa puede provocar un estallido popular. El gobierno de Díaz-Canel no tiene un cheque en blanco como el de Fidel o Raúl Castro. No solo la gente lo va cuestionar, insultar o incluso rebelarse. Los empresarios militares, que han hecho bastante dinero, quieren seguir aumentando su capital y expandiendo sus negocios. Si el actual mandatario no abre la puerta y permite que se desaten las fuerzas productivas locales, domestica la salvaje inflación que va a provocar la unificación de la moneda y mejora drásticamente los salarios, esos militares reconvertidos en gerentes no van a tener a quien venderle sus productos. El desarrollo de un país pasa por potenciar el consumo interno. Díaz-Canel está sentado en un barril de pólvora”.

“Es la economía, estúpido”, apuntó Senén, economista jubilado, recordando el eslogan de la campaña de Bill Clinton en 1992. “Cualquier estudio o encuesta que se haga, a pesar que Cuba también necesita cambios políticos, la ciudadanía en la calle prioriza los temas económicos. El nuevo presidente hubiera acertado, hubiera difundido una hoja de ruta explicando su programa. Qué piensa hacer, cómo, en qué tiempo. Díaz-Canel, solo tiene cinco años, pues en caso de un mal desempeño no saldría reelegido. El régimen sigue violando preceptos políticos que son sagrados. Un gobierno se debe a los gobernados, no a los gobernantes. Si de manera urgente la nueva administración no toma el toro por los cuernos, aumentará la frustración social y la apatía”.

"Díaz-Canel es el mismo perro con diferente collar", expresó Bárbara, ama de casa. "No, contesta su esposo, es el mismo cake con distinto merengue".

Los cubanos siempre se burlaron de los hermanos Castro y de otros dirigentes, como Esteban Lazo y Abel Prieto, ahora se burlan del nuevo presidente. La prensa extranjera lo ha calificado de delfín, elegido, enigma, pero en La Habana ya le dicen Mickey Mouse y Moco Pegado, por su guataconería con Raúl, su descubridor.

"Para mí, el tipo es un sepulturero, porque vino pa'terminar el papeleo y enterrar al socialismo", comentó el dependiente de un agromercado.

El choteo criollo ha desatado innumerables memes en las redes sociales.

Ofelia, peluquera, reconoce que Díaz-Canel es alto y tiene buena presencia, "pero hablando es un muerto, no tiene chispa, debiera pasar un curso donde le enseñen a dirigirse al público. Fidel sí le sabía al arte del teque, Raúl no, con ese vozarrón".

Carmelo, taxista privado, dice que "es aburrido, inexpresivo, habla sin énfasis, sin gesticular, algo propio de los cubanos y los latinos. Parece un curda después de una resaca. A mí me da la impresión de que el hombre se da cuenta de que lo embarcaron. Arreglar a Cuba es imposible".

A Margot, jubilada que se gana unos pesos vendiendo maní, lo que le gusta es el nombre: "Como ya Fidel quedó en la página dos, tiene rima decir A la Plaza con Miguel".

Al margen de jaranas y nombretes, lo cierto es que abre un compás de espera y para juzgarlo, como mínimo, habrá que esperar hasta julio, cuando estaría nombrado el nuevo Consejo de Ministros y se supone que Díaz-Canel haya realizado algo concreto. Pero la percepción entre los cubanos de a pie es que él es una suerte de cobaya de laboratorio.

De triunfar, el mérito es para Raúl Castro por su visión política. Si fracasa, otro excomulgado de la dictadura verde olivo que cae en desgracia. Uno más.

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    Iván García, desde La Habana

    Nació en La Habana, el 15 de agosto de 1965. En 1995 se inicia como periodista independiente en la agencia Cuba Press. Ha sido colaborador de Encuentro en la Red, la Revista Hispano Cubana y la web de la Sociedad Interamericana de Prensa. A partir del 28 de enero de 2009 empezó a escribir en Desde La Habana, su primer blog. Desde octubre de 2009 es colaborador del periódico El Mundo/América y desde febrero de 2011 también publica en Diario de Cuba.

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