Sumario
- Los apagones en Cuba provocan también la caída de la telefonía móvil e internet, dejando incomunicadas a miles de personas.
- ETECSA reconoció que el 47,5 % de las radiobases quedan fuera de servicio durante los cortes eléctricos, debido a que sus sistemas de respaldo no soportan interrupciones prolongadas.
En Cuba, los apagones ya no solo significan oscuridad. Cada vez que se interrumpe el servicio eléctrico, también desaparecen la señal telefónica y el acceso a internet en amplias zonas del país, dejando a miles de personas incomunicadas y dificultando desde una llamada de emergencia hasta el contacto con familiares dentro y fuera de la isla.
Residentes de La Habana consultados por Martí Noticias describen una realidad que se repite a diario. Un joven explicó que, en el mejor de los casos, logra conectarse a internet apenas un par de horas. “¿Acceso a internet? Sí, dos horas cuando más, y creo que te estoy hablando demasiado”, comentó.
Otra residente aseguró que la situación afecta directamente su sustento económico. “Cuando la corriente se va, el internet se cae completamente y hay muchas personas aquí, como yo, que vivimos del internet”, afirmó.
La causa está en la propia infraestructura de telecomunicaciones del país. Las radiobases que permiten la cobertura de telefonía móvil dependen del suministro eléctrico y, aunque cuentan con baterías de respaldo, estas fueron concebidas para soportar interrupciones de corta duración, no apagones de varias horas que hoy forman parte de la rutina de millones de cubanos.
La empresa estatal de telecomunicaciones ETECSA reconoció que el 47,5 % de las radiobases quedan fuera de servicio durante los apagones, una cifra que explica por qué en muchas localidades desaparecen simultáneamente la telefonía móvil y el acceso a internet.
Para muchas familias, el aislamiento es total. Una mujer explicó que apenas puede comunicarse con sus seres queridos que viven en el extranjero. “No puedo hablar casi con mi familia, que están todos allá. ¿Qué hago? Les dejo un mensaje y suelto el teléfono para cuando llegue la conexión ellos lo vean.”
Las consecuencias también alcanzan al sector privado. Una emprendedora dedicada a la venta de ropa aseguró que los cortes eléctricos paralizan completamente su actividad. “A mí me afecta en todo, porque vivo del internet. Tengo un negocio de ropa y cuando no hay corriente no hay internet y no funciona para nada. Los teléfonos pierden hasta la señal, no puedes hablar apenas, no puedo llamar, no tienes contacto ninguno.”
La situación evidencia una de las principales contradicciones que enfrenta hoy el país. Mientras el régimen impulsa una economía cada vez más digital y promueve la bancarización de los pagos, la infraestructura eléctrica y de telecomunicaciones no logran garantizar la conectividad necesaria para sostener ese modelo.
Cuando parte de las radiobases dejan de funcionar, las antenas que permanecen activas deben mantener el tráfico de miles de usuarios adicionales. El resultado son redes saturadas, llamadas que no logran establecerse, mensajes que llegan con retraso y una navegación extremadamente lenta o, en muchos casos, inexistente.
A ello se suma el deterioro de los sistemas de respaldo. Los grupos electrógenos que podrían mantener operativas algunas instalaciones también enfrentan limitaciones debido a la escasez de combustible y a la falta de mantenimiento, en medio de una crisis energética que continúa agravándose.
Más allá de las dificultades para acceder a internet, la pérdida de las comunicaciones se ha convertido en otra consecuencia cotidiana de los apagones. En un país donde la electricidad falla durante largas horas todos los días, millones de cubanos también quedan sin una herramienta esencial para enfrentar una emergencia, mantenerse informados o, simplemente, confirmar que sus familiares están bien.