“Los profesores ya no son improvisados, sino instantáneos”: maestro describe desplome de la educación en Cuba (VIDEO)

El inicio de clases en Cuba.

Sumario

  • Para el curso 2026-2027, Cuba convocó a 1,4 millones de estudiantes, pero solo cubrió el 73% de la demanda docente; faltan unos 21.000 maestros.
  • La escasez de docentes se arrastra desde hace décadas debido a bajos salarios, malas condiciones laborales, politización de la enseñanza y emigración.
  • El modelo de maestros emergentes, lanzado en 2000 con formación acelerada, permitió que jóvenes con preparación limitada impartieran múltiples asignaturas lo que derivó en una progresiva desprofesionalización de la enseñanza.

Las escuelas cubanas permanecen formalmente abiertas, pero en algunas aulas faltan alumnos, profesores y hasta las condiciones elementales para enseñar. Un profesor veterano, que ejerció durante 16 años en secundarias básicas y preuniversitarios, asegura que conoce familias cuyos hijos solamente reciben clases dos veces por semana.

“Primero, porque no tienen transporte; segundo, porque no tienen alimentación, y tercero, porque muchas veces van a perder el tiempo porque no hay profesores”, explicó el docente desde la capital cubana.

“En horario de clases están los muchachos jugando pelota o fútbol. Algunos asisten una o dos veces a la semana”.

Su testimonio refleja el deterioro de un sistema que durante décadas fue presentado por el régimen cubano como una de las principales conquistas de la revolución. La educación continúa siendo gratuita y universal en el papel, pero el éxodo de maestros, los apagones, la reducción de horarios, el deterioro de las escuelas y la falta de alimentos y transporte amenazan su funcionamiento real.

Para el curso 2026-2027 fueron convocados aproximadamente 1,4 millones de estudiantes. Sin embargo, las autoridades reconocieron que solamente estaba cubierto el 73% de la demanda docente y que faltaban alrededor de 21.000 profesores.

La situación más grave se registró en La Habana, hacia donde fueron trasladados aproximadamente 3.000 maestros procedentes del oriente del país, según reconoció la ministra de Educación de Cuba. Para cubrir los puestos vacantes, el regimen también recurrió a jubilados, estudiantes universitarios y profesionales de otros sectores.

La medida puede aliviar temporalmente el déficit de la capital, pero no aumenta el número total de educadores: los maestros trasladados dejan nuevas plazas vacías en sus provincias de origen.

Un problema que no comenzó ahora

La salida de los docentes de las aulas se arrastra desde hace décadas. Los bajos salarios, las malas condiciones laborales, las dificultades de transporte y vivienda, el escaso reconocimiento profesional y la politización de la enseñanza han empujado a miles de educadores hacia actividades mejor remuneradas o hacia la emigración.

Datos de la Oficina Nacional de Estadística citados por Martí Noticias indicaban que unos 14.000 docentes abandonaron el sector entre 2011 y 2016. En ese periodo, la cantidad de profesores de la enseñanza media descendió de aproximadamente 102.000 a 88.000.

El profesor entrevistado sostiene que la crisis también es consecuencia de las decisiones educativas adoptadas durante el mandato de Fidel Castro.

“Desde los primeros momentos se aplicó un método de adoctrinamiento basado en los principios marxistas-leninistas y comunistas”, afirmó. “No era una educación de libre pensamiento, sino una educación rígida, basada en una ideología aplicada desde los primeros grados”.

Junto al componente ideológico, el profesor señala dos experimentos que, en su opinión, contribuyeron a la pérdida de calidad: las escuelas internas en el campo y la sustitución de profesores especializados por jóvenes preparados mediante cursos acelerados.

Las becas y la formación del “hombre nuevo”

Desde comienzos de la década de 1970, el Estado desarrolló una extensa red de Escuelas Secundarias Básicas en el Campo, conocidas como ESBEC, e Institutos Preuniversitarios en el Campo o IPUEC.

Cientos de miles de adolescentes fueron enviados a esos internados, donde permanecían alejados de sus familias y combinaban el estudio con el trabajo agrícola. El modelo pretendía ampliar el acceso a la enseñanza media, contribuir a la producción agrícola y formar al llamado “hombre nuevo”.

“Una parte bastante significativa de la población en edad escolar, desde la primaria hasta la universidad, tenía que estudiar en internados”, recordó el profesor. “Yo también fui becado y después trabajé en dos escuelas internas”.

En esos centros, los docentes no solo impartían clases. También debían realizar guardias, supervisar dormitorios y comedores, controlar la disciplina, acompañar el trabajo agrícola y participar en actividades políticas.

Las condiciones comenzaron a deteriorarse durante la crisis económica de los años noventa. La escasez de alimentos, el mal estado de los baños y dormitorios, la falta de agua y transporte y el abandono de los edificios convirtieron la permanencia en esos centros en una carga adicional para estudiantes y profesores.

El modelo sobrevivió durante años, aunque cada vez resultaba más difícil y costoso sostenerlo. Como muestra de su peso económico, el periódico oficialista Granma informó que un IPUEC con unos 400 estudiantes internos había requerido durante el curso 2008-2009 un presupuesto superior a 1,4 millones de pesos.

A partir de 2009, la dictadura cubana comenzó a cerrar o a convertir numerosos internados en centros externos. Los estudiantes regresaron a escuelas ubicadas más cerca de sus viviendas. Muchos de los antiguos edificios terminaron abandonados, desmantelados o transformados en albergues, viviendas y otras instalaciones.

Maestros formados en un año

Mientras las escuelas en el campo se deterioraban, el régimen intentó resolver la escasez de docentes mediante un nuevo experimento.

En septiembre de 2000, Fidel Castro impulsó la formación de los llamados maestros emergentes. Eran jóvenes, muchos recién graduados de secundaria, que recibían una preparación acelerada y comenzaban a trabajar mientras continuaban sus estudios.

En agosto de 2002, Castro anunció la graduación de más de 5.000 maestros emergentes procedentes de La Habana, Matanzas, Cienfuegos y Ciego de Ávila. A ellos se sumaron otros 1.000 jóvenes que ya estaban ejerciendo.

El programa se extendió posteriormente a la secundaria básica mediante los Profesores Generales Integrales. En el curso 2003-2004, el modelo fue generalizado en esos centros.

Tradicionalmente, cada asignatura era impartida por un profesor especializado. Con la reforma, un solo docente debía atender a un grupo de aproximadamente 15 alumnos e impartir prácticamente todas las materias, con excepción de Inglés y Educación Física.

“Los demás maestros tenían que estudiar cuatro años y a estos los preparaban en uno. Después fue empeorando y ya era prácticamente cualquiera”, aseguró el profesor veterano.

Según su testimonio, con el transcurso del tiempo dejó de comprobarse la preparación de estas personas.

“No averiguaban mucho, no preguntaban ni pedían el título o cuál había sido el último grado terminado. Otro profesor te indicaba más o menos lo que tenías que hacer y de ahí, para el aula a dar clases”, señaló.

La pantalla ocupó el lugar del especialista

Las teleclases y videoclases fueron una pieza central del nuevo modelo. El Estado instaló televisores y equipos de video en las escuelas y creó canales educativos con una programación curricular.

Un profesor especializado impartía la lección por televisión y el docente presente en el aula debía complementar el contenido, aclarar dudas, realizar ejercicios y evaluar a los estudiantes.

La versión oficial sostenía que la televisión no sustituiría al maestro, sino que serviría como apoyo. En la práctica, las teleclases hicieron posible que una persona sin dominio profundo de una asignatura permaneciera al frente del grupo.

El modelo exigía que un mismo profesor enseñara Matemáticas, Historia, Español, Física, Biología, Geografía y otras materias. Además, debía atender los problemas familiares, disciplinarios y sociales de sus 15 alumnos.

Para el profesor entrevistado, el resultado fue la progresiva desprofesionalización de la enseñanza.

“La calidad de los maestros es malísima. Los profesores son improvisados. Una amiga dice que ya no son profesores improvisados, sino profesores instantáneos”, afirmó. “Si no hay profesores preparados y con conocimientos, la enseñanza es mala. ¿Qué puede enseñar un profesor que tiene muy mala preparación?”.

En el 2007, las propias autoridades cubanas admitieron que casi el 50% de quienes sostenían el sistema eran jóvenes todavía en formación. También reconocieron problemas en la preparación de los maestros emergentes y los Profesores Generales Integrales.

Un año después, el régimen comenzó a flexibilizar el modelo. Varias asignaturas volvieron a ser distribuidas entre profesores especializados y se redujo la cantidad de materias que debía impartir una sola persona. La rectificación constituyó un reconocimiento implícito de las limitaciones del experimento.

Escuelas “como bajareques”

A la falta de profesores se suma el deterioro de la infraestructura. El docente describe edificios sin mantenimiento, muebles destruidos y recursos educativos que desaparecieron o dejaron de funcionar.

“Las escuelas ya venían deteriorándose desde antes: los muebles, los implementos, los edificios, toda la infraestructura”, dijo. “Hoy gran parte de las escuelas en Cuba está en ruinas. No las reparan ni les hacen mantenimiento. Parecen bajareques”.

El profesor aclaró que algunos centros utilizados como referencia ante delegaciones o visitantes extranjeros conservan mejores condiciones, pero sostiene que no representan la realidad cotidiana de la mayoría de los alumnos.

Los apagones han profundizado el problema. Sin electricidad, muchas escuelas no pueden utilizar ventiladores, equipos informáticos ni los propios medios audiovisuales que se convirtieron en parte del sistema. La falta de combustible también afecta el transporte de alumnos y trabajadores, mientras algunas instituciones solo pueden garantizar alimentación por periodos limitados.

La escasez de tejidos y las interrupciones eléctricas provocaron que para el comienzo del curso 2026-2027 solo estuviera disponible alrededor del 12% de los uniformes requeridos para primaria. El régimen tuvo que permitir que los estudiantes asistieran con ropa de calle.

Para muchas familias, la educación gratuita implica ahora comprar uniformes, zapatos, libretas, meriendas, y pagar repasadores privados. Los hogares que reciben remesas pueden enfrentar esos gastos, los demás quedan en creciente desventaja.

“Una de las cosas fundamentales que tiene que cambiar es la educación”, advirtió el antiguo profesor. “La veo por muy mal camino, y para cualquier país la educación es fundamental”.

Más de dos décadas después de la introducción de los maestros emergentes y las teleclases, el régimen vuelve a utilizar estudiantes, jubilados y trabajadores de otros sectores para cubrir los puestos vacíos. Las antiguas escuelas en el campo están mayoritariamente cerradas o deterioradas, mientras miles de docentes han dejado la profesión.

El sistema consiguió mantener durante años la apariencia de continuidad, pero no resolvió las causas que expulsaban a los maestros. Las escuelas siguen abiertas y los estudiantes continúan inscritos en los registros oficiales. Sin embargo, detrás de esas cifras existen aulas sin profesores, adolescentes que solo reciben clases algunos días y familias que deben asumir responsabilidades que antes correspondían al Estado.

“Este es un sistema fallido”, concluyó el educador. “Y el sistema no falla en una sola cosa: fallan en todo”.