Sumario
- Récord de protestas ciudadanas en Cuba durante los primeros siete meses del 2026.
- Los apagones y la escasez siguen impulsando el descontento.
El sonido de las cacerolas volvió a romper el silencio la noche del miércoles en Santiago de las Vegas, en La Habana. Las manifestaciones ya no son protagonizadas únicamente por activistas u opositores organizados. Cada vez con mayor frecuencia son ciudadanos comunes quienes expresan su frustración por la escasez de alimentos, los prolongados cortes eléctricos, la falta de agua potable y el deterioro de las condiciones de vida.
Martí Noticias conversó con varios residentes de La Habana, quienes coinciden en que la desesperación es el principal motor de estas protestas.
“Protestan por lo mismo: no tenemos nada. Estamos careciendo de electricidad, de agua, de comida… Este país se llama el país donde no hay nada”, expresó una residente de La Habana.
El informe más reciente del Observatorio Cubano de Conflictos, elaborado junto a la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba, documentó 1.220 acciones de descontento ciudadano durante junio. Aunque la cifra representa una disminución del 6,5 % respecto al mes anterior, supera en más de un 38 % los registros del mismo período de 2025, lo que confirma una tendencia sostenida de la creciente inconformidad.
Para muchos cubanos, la crisis económica y social ha llegado a un punto límite. “El cubano sinceramente vive hostigado, ya no sabe qué hacer”, comentó otro residente entrevistado.
Las demandas que se repiten en prácticamente todas las manifestaciones son similares: electricidad, alimentos, agua, medicamentos y, en algunos casos, libertad.
“Lo que están reclamando es la necesidad de la comida. Mucha gente también reclama la electricidad, otros hablan de libertad”, explicó otro ciudadano.
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“Todo sigue igual”: la frustración detrás de las protestas en Cuba
¿Por qué las protestas no generan cambios?
Para el analista político Miguel Cossío, el principal obstáculo es que las manifestaciones continúan siendo locales y desconectadas entre sí.
“Cuando la gente protesta en un barrio por la falta de electricidad o agua potable, el régimen concentra allí los recursos y así controlan rápidamente la situación antes de que el malestar se extienda a otras zonas”, explicó.
Los propios ciudadanos afirman que la respuesta oficial suele consistir en fuertes operativos policiales o promesas puntuales que logran contener temporalmente las protestas, sin resolver las causas que las originan.
“No solucionan nada. Todo sigue igual”, afirmó uno de los entrevistados.
El control de las comunicaciones
Cossío considera que otro factor determinante es el control que mantiene el Estado sobre las comunicaciones.
Según el analista, las dificultades para acceder a internet y la vigilancia sobre las redes impiden que las protestas aisladas logren coordinarse a escala nacional, como ocurrió durante las manifestaciones del 11 de julio de 2021.
A diferencia de aquel estallido social, cuando miles de personas salieron simultáneamente a las calles en decenas de ciudades, el actual descontento permanece fragmentado y reactivo.
Las cifras y los testimonios reflejan una realidad compartida por miles de cubanos: el malestar continúa creciendo al ritmo de los apagones, la escasez y el deterioro económico.
Para los especialistas, los ciudadanos han perdido progresivamente el miedo a expresar su inconformidad. Sin embargo, mientras las protestas permanezcan aisladas y enfrenten una respuesta inmediata de las autoridades, seguirán siendo una expresión del agotamiento social más que un movimiento capaz de provocar cambios estructurales.