Activista denuncia que fue torturado en una patrulla a 20 km de La Habana (VIDEO)

Una patrulla de la PNR en Cuba, el 11 de julio de 2026.

El opositor Mario Alberto Hernández Leyva fue encerrado por horas dentro de una patrulla, soportando altas temperaturas, una práctica que, junto al abandono en despoblados, es calificada por grupos de derechos humanos como tortura física y psicológica para infundir terror.

El activista Mario Alberto Hernández Leyva, uno de los directivos del Movimiento Opositores por una Nueva República, fue encerrado por varias horas en una patrulla policial atormentado por el terrible calor que podría haber causado su muerte.

Hernández Leyva había sido citado para el miércoles y, al no presentarse, agentes policiales acudieron a su vivienda y se lo llevaron detenido hacia la sexta unidad de la PNR (Policía Nacional Revolucionaria) municipal, en La Habana.

“Fui detenido. La Seguridad del Estado fue a la casa donde vivo yo, en la calle 128 de Los Pocitos, aquí en Marianao, y ahí se me detuvo y se me llevó para la estación de policía”, relató.

Sin practicarle interrogatorio y custodiado por efectivos policiales, Hernández Leyva fue trasladado a las afueras de la ciudad. A unos 20 kilómetros de La Habana, detuvieron el vehículo en un descampado, se bajaron y dejaron al opositor dentro.

“Me dejaron al sol ahí, trancada la patrulla, solo. Tres horas estuve dentro de la patrulla, por poco me desmayo”, narró.

“Me fui deteriorando poco a poco, perdí toda la fuerza de mi cuerpo. Empecé a sudar bastante. Me faltaba el oxígeno. Me faltaba el ánimo, no tenía fuerza para nada. Parecía que me iba a desmayar, que me iba a ahogar ahí dentro de la patrulla”.

El encierro prolongado dentro de vehículos policiales herméticamente cerrados bajo el tórrido sol del mediodía cubano, busca el quiebre emocional y el desgaste del detenido, y es catalogado por organizaciones de derechos humanos como un método de tortura física y psicológica directa.

Según estudios de Prisoners Defenders y plataformas de investigación periodística como Connectas, el uso de la "patrulla-horno" se ha documentado ampliamente en la isla.

Lo distintivo de esta estrategia represiva es que se ejecuta al margen de las unidades policiales, eliminando el protocolo formal de interrogatorio para sumergir a la víctima en un estado de total desamparo e incertidumbre jurídica.

“El cuerpo se me fue desvinculando, se fue aflojando hasta que casi perdía yo el conocimiento. Imagínate el techo de la patrulla es de una fibra que calienta la patrulla como un horno. Quiere decir que yo estaba a 40 o 50 grados centígrados de temperatura. Estaba dentro de un horno. No tenía fuerza en el cuerpo”, dijo el opositor.

El cuerpo experimenta deshidratación, sudoración extrema, taquicardia y dificultades graves para respirar debido a la falta de oxígeno en un espacio tan reducido, a la vez que el encierro bajo el calor sofocante, a menudo con las manos esposadas a la espalda, induce ataques de pánico, sensación inminente de asfixia y desorientación espacial.

Otra técnica torturante es el abandono en despoblados que consiste en detener a un activista, periodista independiente o disidente, introducirlo en un vehículo y conducirlo hacia las afueras de las ciudades.

Durante el trayecto, los agentes de la Seguridad del Estado no formulan preguntas ni realizan interrogatorios. Mantienen un silencio hermético o profieren amenazas veladas, lo que incrementa la angustia de la víctima al desconocer su destino o si será objeto de una ejecución extrajudicial.

El detenido es obligado a descender en lugares remotos, terrenos baldíos o carreteras desiertas a kilómetros de su lugar de residencia. Se les despoja frecuentemente de sus teléfonos móviles, dinero y documentos de identidad y se les deja a su suerte, bajo condiciones climáticas hostiles, sol o frío intensos, al mediodía o altas horas de la noche, obligándolos a caminar largas distancias para regresar a sus hogares.

El caso más conocido, de este tipo de represión fue el arresto, en junio pasado, de Manuel Cuesta Morúa, presidente del Consejo para la Transición Democrática en Cuba.

En los dos mecanismos de tortura, no hay un interrogatorio formal, pero esto no responde a la casualidad sino a una planificación táctica de control social.

Grupos de derechos humanos coinciden en que el propósito principal de estas maniobras no es extraer información, sino enviar un mensaje de control absoluto. Se le demuestra a la víctima que el Estado puede privarla de su libertad, someterla a sufrimiento físico y abandonarla en cualquier lugar a voluntad, destruyendo su sensación de seguridad básica y sumiendo a sus familias en horas de angustia e incertidumbre sobre su paradero.

Estas prácticas violan directamente la Convención contra la Tortura de las Naciones Unidas, representando una modalidad de castigo cruel e inhumano que busca el control social a través de la coacción física y el terror psicológico silencioso.