Mantener a un preso político en las cárceles de Cuba representa un severo impacto económico y emocional para las familias, que se suma al dolor por la ausencia que implica el encarcelamiento de sus seres queridos.
De acuerdo con testimonios recopilados por Martí Noticias, los familiares de los manifestantes detenidos tras las protestas del 11 de julio de 2021 enfrentan gastos que resultan casi inalcanzables en medio de la actual crisis social y económica de la isla.
El costo de la "jaba", el saco con alimentos y medicinas esenciales que los familiares llevan a sus seres queridos cuando los visitan en la prisión, y del transporte mensual para llegar a los centros penitenciarios donde cumples sus condenas, supera los ingresos de un ciudadano común.
Daniel García García es hermano del preso político Jorge Luis García García, quien cumple una condena de 13 años de cárcel en Santiago de Cuba por participar en las protestas del 11J en Palma Soriano.
"Los gastos mínimos para llevar insumos a la prisión ya superan los 25,000 pesos cubanos mensuales, incluyendo el transporte... Vivimos en Palma Soriano, a una distancia de 45 kilómetros para llegar a Santiago. Cobran el pasaje para allá y para acá en 1,000 pesos... Lo que llevamos es una pequeña jaba, no es una jaba exagerada, una pequeña cosa, lo más necesario... Los productos son muy caros, muy caros, muy costosos", explicó García.
A 300 kilómetros de su hogar
Walnier Luis Aguilar Rivera, de 26 años y con una discapacidad intelectual certificada, fue sentenciado a 12 años de privación de libertad por el cargo de "sedición" tras manifestarse en La Güinera, La Habana.
A finales de 2025 fue trasladado a la prisión "Nieves Morejón" en Sancti Spíritus. Su padre, Wilber Aguilar Rivera, califica la situación actual y el distanciamiento geográfico como un castigo duplicado: "El costo económico y el costo sentimental es incalculable... Mi hijo se encuentra ahora mismo a más de 300 kilómetros de aquí, con la situación grave, extrema, con el transporte... nos lo han trasladado a más de 300 kilómetros... es duro para él y es duro también para sus hijas".
Aguilar explica que, debido a las restricciones políticas en la isla, los familiares de los presos políticos no pueden trabajar ni prosperar económicamente, por lo que dependen del apoyo solidario de amigos y conocidos para costear los viajes y seguir armando lo que describe como "el saco de la esperanza y de los alimentos". Asimismo, señala que el daño psicológico familiar ha sido irreparable.
Una experiencia "desgarradora en todos los sentidos"
Jenni Taboada, madre de Duannis León Taboada, joven de 26 años preso en La Habana, describe la experiencia como "desgarradora en todos los sentidos" y afirma que el proceso agota a las familias de los reclusos.
Taboada expone que, ante la falta de garantías del sistema penitenciario, las familias deben proveer absolutamente todo lo básico, elevando los costos mensuales por encima de los 100 dólares, una cifra insuficiente para la realidad actual.
"Económicamente nos golpea... todo el que se opone a esta dictadura no tiene derecho a tener un trabajo... Dependemos 100% de organizaciones, de manos que se quieran solidarizar... 100 dólares no alcanza... En mi caso tengo que llevarle hasta el agua a mi hijo que tiene problemas renales, hasta el agua de beber".
La madre relata además las dificultades para acceder al transporte hacia el centro penitenciario Combinado del Este; los transportistas privados cobran tarifas altas, hasta 15,000 pesos y, a menudo, se niegan a trasladarlos al enterarse de que son familiares de un preso político.
A esto se suma el desabastecimiento general en las farmacias públicas, obligando a adquirir medicamentos específicos en el mercado informal a precios muy elevados, como un complejo vitamínico que le costó 20 dólares.
Como reflejo del impacto definitivo de esta situación en el núcleo familiar, Taboada describe cómo la realidad carcelaria y la presión del entorno han transformado su vida cotidiana, dejando una marca profunda pero sin quebrantar su determinación: "Mira, esto me ha robado el alma, me ha desgastado física y mentalmente, pero no me derrota, porque el amor que yo siento por mi hijo supera todos los inconvenientes reales que me pone la vida".
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