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Sanciones con nombres y apellidos para desenmascarar a élite castrista


Alejandro Castro, hijo de Raúl Castro abraza a Antonio Castro, hijo de Fidel Castro.

La transferencia de poder de Raúl Castro a su hijo, Alejandro Castro Espín, como cabecilla del clan heredero, hacen de este momento uno crucial.

Las recientes sanciones de la administración Trump generan un escenario muy distinto al de la previa, donde se había bendecido esta transferencia y se empujaba a los cubanos a aceptar la continuidad de la dictadura más larga de este hemisferio.

Sin embargo, consideramos que hay medidas que pueden lanzar mensajes muy directos no solo a la nomenclatura establecida sino a esa nueva red de lealtades en construcción y sobre todo al pueblo cubano.

Las sanciones con nombres y apellidos remarcan que pertenecer a la elite castrista y ser parte de su aparato de violación y corrupción convierte al individuo en un ser apestado y no uno bendecido como venía ocurriendo anteriormente.

El peso no solo legal sino también moral tiene un fuerte impacto en una sociedad que está a la búsqueda de una brújula que le permita enrumbar su futuro y terminar con esta pesadilla.

Familiares directos de altos jerarcas llegan a los Estados Unidos y de forma inmediata montan sus negocios con capitales que no tienen una explicación. Otros se pasean en visitas privadas o invitados por instituciones mostrando que la permisividad de esa nación les permite gozar de la impunidad a pesar de ser los beneficiados directos de tantos abusos y crímenes.

El caso Cuba no es exactamente el de Venezuela, pero las similitudes son muchas partiendo incluso de que, Raúl Castro y su grupo ya cargan con la responsabilidad del desastre de ambas naciones.

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