El preso político Erick Alain Chang Padrón fue trasladado, el martes en prisión preventiva a la cárcel Valle Grande, a la espera de un juicio por el presunto delito de desacato, cargo que podría acarrearle una pena de entre uno y tres años de privación de libertad.
El trabajador por cuenta propia, de 51 años, logró sacar un manuscrito de la prisión donde relata los abusos físicos y psicológicos sufridos en el centro de procesamiento penal de Villa Marista, cuartel general de la policía política en La Habana.
Según detalló en su carta, fue sometido a interrogatorios constantes durante 11 días en los que se le privó del sueño y de alimentos, todo ello bajo la acusación de "desacato sin ninguna razón", únicamente por alzar su voz en las redes sociales.
"Fui interrogado día a día, por la mañana, por la noche, sin poder dormir y sin comer, por once días por personas diferentes y solo por protestar en las redes".
Todo comenzó el 17 de mayo cuando fue interceptado en la puerta de su domicilio en el municipio del Cerro. El motivo fueron sus videos y publicaciones en Facebook donde criticó con dureza la gestión del presidente Miguel Díaz-Canel, según el relato del cuentapropista a nuestro medio.
Apenas tres días después de haber sido liberado sin cargos, fue aprehendido nuevamente en su lugar de trabajo e internado en el temido Villa Marista.
En su misiva, Chang Padrón describe un panorama desolador dentro de la prisión Valle Grande. Los reclusos se ven obligados a dormir en sacos o directamente en el suelo debido a la falta de colchones, enfrentando plagas de mosquitos y chinches que les provocan graves erupciones e infecciones.
A esto se suma la escasez de agua potable, cortes de electricidad ininterrumpidos, insalubridad generalizada y una alimentación deficiente que, según denuncia, carece de nutrientes, sal y aceite.
El preso político cuestionó la postura del régimen, que no reconoce la existencia de presos políticos en la isla. "¿Qué somos?", se preguntó el cuentapropista, quien enfatizó que las cárceles cubanas albergan a miles de personas cuyo único crimen es "pensar diferente" y desear libertad.
Durante su primera visita de aseo, su esposa, Susana Romero, fue testigo de las secuelas físicas y emocionales que el encierro y los maltratos han dejado en el albañil y plomero, un hombre acostumbrado a trabajos rudos.
En un relato desgarrador, Romero comentó que el estado de Chang era tan débil que ni siquiera pudo ingerir los alimentos que ella le llevó, terminando en llanto por la angustia.
A pesar de ello, el mensaje de resistencia se mantiene firme. Lejos de ceder a las presiones de la Seguridad del Estado, Chang Padrón comenzó a gritar consignas en favor de un cambio democrático. Su acto de desafío fue secundado por otros reclusos, quienes se sumaron a sus gritos de "Patria y Vida", evidenciando que las prisiones cubanas retienen a una multitud de personas encarceladas por motivos políticos menores, como protestar con calderos o colgar un cartel.
Foro