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Cacerolazo en zona 12 de Alamar refleja creciente malestar por cortes de electricidad

Un hombre golpea una cazuela en La Habana, Cuba, 13 de mayo de 2026. REUTERS/Norlys Pérez.
Un hombre golpea una cazuela en La Habana, Cuba, 13 de mayo de 2026. REUTERS/Norlys Pérez.

La noche del miércoles, la Zona 12 de Alamar, en La Habana del Este, fue escenario de un cacerolazo que reunió a decenas de vecinos hartos de los prolongados apagones y la precariedad de los servicios básicos.

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Decenas de residentes de la zona 12 de Alamar, en la Habana del Este, salieron a la vía pública a protestar, en la noche del miércoles, hastiados por las condiciones en que están viviendo que atentan contra la dignidad humana, la salud y la vida.

“Es verdad que llevábamos muchos días de apagón, tres noches con tres días y nos pusieron la electricidad por dos o tres horas y nos la quitaron de nuevo. Yo sí sentí tocando latas, cubos y cosas de esas ahí frente a la panadería y el Minimax”, informó a Martí Noticias, Alba Guerra, que vive en un apartamento cerca del lugar donde se desarrolló la demostración.

Los vecinos de la barriada rompieron el silencio y la oscuridad golpeando cazuelas y ollas, un tipo de demostración popular que se ha vuelto recurrente en toda la isla.

El colapso de los servicios básicos ha llevado la supervivencia de los cubanos a niveles por debajo de lo humanamente tolerable.

“Todo se dificulta, ayer mismo no tuvimos agua, hoy la pusieron y estoy corriendo recogiendo agua y baldeando la casa y haciendo muchas cosas a la vez antes que quiten el agua", lamentó Guerra.

La concentración fue interrumpida rápidamente por las autoridades. En medio de los reclamos por comida y electricidad, se produjeron tensos enfrentamientos verbales entre los manifestantes y los oficiales.

El internauta Vismark Díaz Castillo, que a menudo documenta, en redes sociales, el abuso del Estado cubano mostró videos donde se observan patrullas policiales, grupos de personas y al menos un detenido.

Los agentes apresaron varias personas, “entre ellas un muchacho que se llama Pupo que se lo llevaron preso, porque se puso de bocón ahí con la policía reclamando la electricidad, la comida y empezó a hablar muchas cosas y se lo llevaron”, narró Guerra.

Los prolongados apagones que azotan a la isla han transformado la dinámica social en Alamar, una populosa "ciudad dormitorio" donde la inmensa mayoría de sus habitantes deben trasladarse diariamente a trabajar o estudiar a otras zonas de la capital.

Según advierte el activista político y residente local, Manuel Cuesta Morúa, los ciudadanos que antes no solían manifestarse ahora asumen la protesta pacífica y los cacerolazos para expresar su malestar colectivo por los constantes cortes de electricidad.

“Ahí en la Zona 12 acaba de ocurrir uno sonado cacerolazo donde intervino la policía, se llevaron detenidos a unas personas y hubo trifulca cuando la policía irrumpió para tratar de desbaratar esa protesta de madres, de jóvenes que están sufriendo muchísimo para poder conservar los alimentos, para poder dar un poco de aire a sus hijos. Recordemos que Alamar es una zona de hacinamiento vertical y ya la gente no aguantó más y eso acaba de suceder definitivamente en esa zona bien poblada, también de Alamar”, precisó Cuesta Morúa.

El estallido en Alamar se enmarca dentro de una ola de manifestaciones que ha azotado La Habana y otras localidades cubanas en las últimas semanas. Esta inestabilidad se ha visto agravada por la escasez extrema de combustible, el colapso del Sistema Electroenergético Nacional, las deficiencias estructurales y la falta de mantenimiento e ineficacia gubernamental para garantizar bienes básicos.

La respuesta institucional frente al desespero popular mantiene un mismo patrón: despliegue de patrullas policiales, interrupciones en el servicio de internet, amenazas a los ciudadanos y detenciones que pueden terminar en procesos penales arbitrarios.

Mientras tanto, la población continúa al límite de su capacidad, desafiando la represión en busca de respuestas a una crisis que se agudiza día a día.

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    Yolanda Huerga

    Yolanda Huerga nació en Bayamo, Granma, Cuba. Se graduó en Filología y Lingüística en la Universidad de Oriente en 1989. Durante casi 20 años trabajó en el sistema de bibliotecas públicas de la isla. En 2003, fundó junto a otras mujeres el movimiento Damas de Blanco, organización que recibió en 2005 el Premio a la Libertad de Conciencia Andrei Sakharov del Parlamento Europeo. En 2005 viajó a Estados Unidos junto su hijo y su esposo, el poeta y periodista Manuel Vázquez Portal, condenado a 18 años durante la Primavera Negra de Cuba. Desde 2008 trabaja en Miami, en la Oficina de Transmisiones a Cuba, como periodista de Radio Martí. Recibió en 2021 el Premio Burke a la Excelencia Periodística que otorga la Agencia de Estados Unidos para Medios Globales.

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