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Los planes para emigrar no se detienen en Cuba


Migrantes cruzan el Golfo de Urabá, que se extiende entre Colombia y Panamá.

Nada ni nadie detiene el éxodo. Ni la tragedia, la muerte o la posibilidad de regresar a Cuba deportado. Tampoco las fronteras cerradas de Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua o México.

LA HABANA, CUBA. Es una ‘invasión’ por mar, aire y tierra la de los cubanos para llegar a Estados Unidos. Los procedimientos son disimiles, pero el final es el mismo: llegar a un país que ofrezca nuevas oportunidades y vivir sin el agobio de la escasez.

Cada caso tiene una historia de fondo. Desde tipos que le dan la vuelta a medio mundo para entrar a territorio estadounidense por la frontera rusa con Alaska, personas con paradero desconocido luego de intentar cruzar el Estrecho de la Florida, hasta familias que vendieron sus casas y sus pertenencias para pagarse una travesía terrestre, guiados por coyotes en la selva centroamericana.

Nada ni nadie detiene el éxodo. Ni la tragedia, la muerte o la posibilidad de regresar a Cuba deportado. Tampoco las fronteras cerradas de Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua o México.

Josuán quemó todas las naves con el objetivo de emigrar a la ‘yuma’. Después de vender su vivienda en 14 mil pesos convertibles y en 9 mil un destartalado Ford de 1954, en el mercado clandestino de divisas compró 20 mil dólares y comenzó a trazar su estrategia de viaje.

Muchos de los planes migratorios se fraguan en las zonas con conexión a internet vía wifi. Un día cualquiera, Josuán se fue con su laptop HP a un parque del reparto Santa Amalia, Arroyo Naranjo, municipio al sur de La Habana, y desde allí empezó a coordinar su desplazamiento hacia Estados Unidos.

“En las redes sociales se consigue toda la información. Desde el funcionario corrupto de una embajada que te otorga la visa hasta la manera de desplazarte clandestinamente por Costa Rica y Panamá. De antemano se conocen los pagos a retenes policiales y coyotes. También, cómo esconder el dinero y las zonas peligrosas por donde no se debe transitar. Llegar por tierra a la Yuma es una odisea, dura y complicada, pero tienes que decidirte: o te quedas en Cuba, jodido y sin futuro, o te arriesgas a comenzar una nueva vida”, confiesa Josuán.

A pesar de que el gobierno de Barack Obama ha reiterado que la Ley de Ajuste Cubano, que automáticamente otorga la residencia en Estados Unidos, no se piensa derogar, quienes en la Isla desean emigrar piensan lo contrario.

Pedro Pablo, con una seguridad a prueba de balas, dice que “Donald Trump o Hillary Clinton van a derogar la Ley de Ajuste. Por eso hay que irse echando. Ahora o nunca. En Cuba ya los caminos del 'invento' se agotaron. Si te cogen robando en una fábrica o almacén vas para el tanque (cárcel). Esto aquí está en candela. Hay que buscar otras opciones”, y en un gastado mapamundi señala a Estados Unidos.

A Hilda no le importa la manera de llegar. “Me da igual entrar por el Paso de Texas, llegar a las costas de la Florida en balsa que aterrizar en avión en el aeropuerto de Miami. Según los contactos y cantidad de dinero que tengas se puede facilitar una vía más expedita”, señala, pero prefiere no dar detalles de su protocolo para llegar al norte.

Entre 2013 y 2016, si sumamos los que viajan legalmente por reunificación familiar, alrededor de 150 mil cubanos han ingresado a Estados Unidos en los últimos tres años.

Esa diáspora fragmentada e imparable ya supera a los 120 mil que emigraron por el puerto del Mariel en 1980 y a la vuelta de un par de años, la cifra se podría duplicar.

Las condiciones que provocan la emigración en Cuba se conocen. Una economía en crisis estacionaria desde 1989, una sociedad totalitaria, con un potente control social, sin libertades políticas y con leyes estatales que frenan los pequeños negocios familiares impidiéndoles prosperar.

Alberto revela por qué se va de Cuba. “Men, en este país nunca podrás tener una vida digna, a no ser que seas pariente de un mayimbe (dirigente). Siempre tienes que estar cometiendo ilegalidades para sobrevivir. Y lo peor no es comer poco ni tener una existencia de constantes penurias, el problema es que por el camino que vamos, la familia de Fidel y Raúl Castro van gobernar tres generaciones más”.

Aunque la mayoría de los que se marchan son jóvenes, personas de la tercera edad como Gerardo, 66 años, no pierden la esperanza de llegar a Estados Unidos. Se ha propuesto la meta de llegar antes del Día de Acción de Gracias, el próximo 24 de noviembre. “Por tierra, mar o en un paracaídas, pero de que llego, llego”.

Mayor que Gerardo es Lucrecia, nacida en 1922. La mañana que cruzó a pie la frontera mexicana ya había cumplido 93 años. Ahora vive con sus hijos en Estados Unidos. Puede que no sea la migrante más longeva en 57 años de castrismo. Pero es un ejemplo de que la edad ni su estado de salud impiden a los cubanos irse de su patria. Legal o ilegalmente.

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    Iván García, desde La Habana

    Nació en La Habana, el 15 de agosto de 1965. En 1995 se inicia como periodista independiente en la agencia Cuba Press. Ha sido colaborador de Encuentro en la Red, la Revista Hispano Cubana y la web de la Sociedad Interamericana de Prensa. A partir del 28 de enero de 2009 empezó a escribir en Desde La Habana, su primer blog. Desde octubre de 2009 es colaborador del periódico El Mundo/América y desde febrero de 2011 también publica en Diario de Cuba.

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