Trece años después de su creación, la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), presentada por el régimen cubano como uno de sus proyectos económicos más ambiciosos, vuelve a buscar inversionistas. Este 2 y 3 de noviembre, una feria comercial en La Habana reunirá a representantes empresariales para promover nuevas oportunidades de negocios en un enclave cuya historia está marcada por créditos millonarios brasileños, cuestionamientos sobre su rentabilidad y una deuda que Cuba todavía mantiene con Brasil.
La feria, organizada en el Complejo Histórico Militar Morro-Cabaña, contará con la representación de más de 55 usuarios de la zona y unos 200 participantes como expositores, según sus organizadores. Pero más allá de la celebración, las cifras conocidas sobre el Mariel plantean interrogantes sobre los resultados de un proyecto concebido para transformar a Cuba en un centro industrial y logístico del Caribe.
El economista cubano Juan Antonio Blanco considera que la historia del puerto del Mariel está estrechamente vinculada al ascenso y consolidación del poder económico de GAESA, conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas cubanas.
“La historia de ese puerto es casi que la historia de GAESA”, afirmó Blanco, quien sostiene que el proyecto coincidió con el período en que Raúl Castro otorgó mayor poder a su entonces yerno, el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, al frente de ese conglomerado militar.
De Lula y Dilma Rousseff a la inauguración del Mariel
La historia del proyecto se remonta al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, cuando Brasil y Cuba estrecharon sus relaciones económicas y acordaron financiar importantes obras de infraestructura en la isla.
En el 2008, ambos gobiernos suscribieron un protocolo de cooperación económica y comercial que contemplaba líneas de crédito para proyectos cubanos. Uno de los principales beneficiados fue el puerto del Mariel, cuya modernización quedó en manos de la constructora brasileña Odebrecht.
El 27 de enero de 2014, Raúl Castro y la presidenta brasileña Dilma Rousseff inauguraron la primera fase de la terminal de contenedores. La infraestructura, situada aproximadamente a 45 kilómetros al oeste de La Habana, fue concebida para recibir buques de gran calado, facilitar las operaciones de comercio internacional y aprovechar la ampliación del Canal de Panamá.
La terminal tenía una capacidad inicial de 800,000 contenedores equivalentes de veinte pies, conocidos como TEU, con posibilidades de expansión hasta tres millones. La apuesta era convertir al Mariel en una plataforma logística regional capaz de competir con puertos de República Dominicana, Jamaica y otros centros comerciales del Caribe.
Sin embargo, el financiamiento brasileño que hizo posible parte de aquella infraestructura terminaría convertido en un asunto de controversia política y económica en Brasil.
La construcción y modernización del puerto recibió financiamiento del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil (BNDES), una institución pública que otorgó créditos para respaldar la exportación de bienes y servicios de empresas brasileñas.
De acuerdo con información proporcionada por el propio BNDES y recogida por el proyecto de verificación Comprova en el 2022, los desembolsos efectivos destinados al puerto del Mariel ascendieron a 641,2 millones de dólares.
La cifra debe distinguirse de los aproximadamente 682 millones de dólares correspondientes al financiamiento anunciado originalmente y del costo total de la obra. Los contratos se ejecutaron mediante varias operaciones entre 2009 y 2013, durante los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff.
La empresa encargada de las obras fue Odebrecht, posteriormente involucrada en un amplio escándalo internacional de corrupción que alcanzó a numerosos gobiernos latinoamericanos.
El financiamiento del Mariel también fue examinado por el Congreso brasileño y por el Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU), que revisó aspectos de las operaciones crediticias y sus garantías.
Cuba y una deuda que sigue sin resolverse
Los problemas financieros asociados al proyecto comenzaron a hacerse públicos años después de su inauguración. En septiembre de 2018, el periódico brasileño Folha de S.Paulo informó que Cuba había dejado de pagar aproximadamente 20 millones de dólares correspondientes a obligaciones con el BNDES durante los tres meses anteriores.
En diciembre de ese mismo año, el banco activó el Fondo de Garantía a la Exportación de Brasil después de que Cuba incumpliera parte de un pago de diez millones de dólares. Según el periódico, el Gobierno brasileño tuvo que cubrir aproximadamente seis millones de dólares mediante ese mecanismo.
Los impagos continuaron acumulándose. En septiembre de 2022, una investigación de Comprova, basada en información del BNDES, señaló que el banco había recibido 398,6 millones de dólares, incluidos intereses, mientras el saldo pendiente del financiamiento del Mariel ascendía entonces a 424,9 millones.
La situación volvió a ocupar titulares en mayo de 2026. Según informó CNN Brasil, Cuba acumulaba 676 millones de dólares en pagos atrasados con Brasil, correspondientes a operaciones de financiamiento de obras en el país, entre ellas el puerto del Mariel.
El Ministerio de Hacienda brasileño confirmó al medio que no existía una previsión para la regularización de los pagos y que continuaban las gestiones bilaterales para recuperar los recursos.
¿Cuánto de la inversión prometida se hizo realidad?
Más allá del financiamiento brasileño, los resultados de la Zona Especial de Desarrollo Mariel han sido objeto de análisis económicos independientes. Un estudio publicado por el proyecto Horizonte Cubano, de la Universidad de Columbia, examinó los resultados del enclave durante sus primeros once años de funcionamiento.
Según la investigación, hasta finales de 2023 se habían aprobado 64 proyectos empresariales, con compromisos de inversión por aproximadamente 3,200 millones de dólares. Sin embargo, de esa cantidad, poco más de mil millones de dólares habían sido efectivamente ejecutados. Es decir, aproximadamente dos tercios del capital comprometido todavía no se habían materializado en inversiones ejecutadas.
El estudio también señaló que, de los 64 proyectos aprobados, doce correspondían a empresas cubanas y que una parte importante de las inversiones extranjeras procedía de compañías que ya mantenían operaciones en la isla.
En materia laboral, el proyecto había generado cerca de 10,000 empleos directos, uno de los resultados positivos identificados por la investigación. No obstante, los autores señalaron limitaciones en la información pública disponible sobre exportaciones, sustitución de importaciones y vínculos productivos con el resto de la economía cubana.
Otro de los indicadores examinados es la actividad de la terminal de contenedores. Según el estudio de la Universidad de Columbia, el puerto operaba ligeramente por encima del 40 % de su capacidad instalada, pese a las inversiones realizadas para recibir grandes embarcaciones.
La investigación señaló que el Mariel tampoco había conseguido captar una proporción significativa del negocio regional de transbordo de contenedores.
En comparación, puertos de República Dominicana y Jamaica habían logrado movilizar volúmenes superiores a dos millones de TEU anuales, aprovechando su conectividad comercial y sus inversiones logísticas.
Las sanciones estadounidenses y los problemas internos
El desempeño del Mariel también está condicionado por las sanciones de Estados Unidos, que restringen determinadas operaciones financieras y comerciales con Cuba y afectan las posibilidades de atraer inversionistas internacionales.
Sin embargo, los especialistas señalan que esas restricciones no explican por sí solas los resultados del proyecto.
El economista Juan Antonio Blanco destaca el impacto de las sanciones impuestas durante la actual administración de Donald Trump contra entidades vinculadas a GAESA, así como las restricciones estadounidenses que afectan a determinadas embarcaciones que operan en puertos cubanos.
Para Blanco, el Mariel representa mucho más que un proyecto portuario. “Es un puerto que está como un panteón, un sepulcro de las ambiciones de GAESA”, expresó.
A su juicio, la trayectoria del proyecto refleja tanto los problemas de corrupción en América Latina como las deficiencias del modelo de gestión económica cubano. El economista llegó a calificarlo como “un monumento a la incapacidad de la mafia cubana”, en referencia a la dirigencia del régimen y sus estructuras empresariales.
Mientras las autoridades vuelven a promover al Mariel como una oportunidad de desarrollo, todavía está pendiente conocer el balance actualizado de inversiones efectivamente ejecutadas, proyectos operativos, exportaciones y resultados financieros acumulados hasta 2026.
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