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Guantánamo le teme a Irma


Irma impacta el oriente de Cuba

No hay otra sensación que el miedo cuando el peligro es inminente. ¡Miedo sí! expresado en todas sus variantes: desesperación, preocupación, desasosiego. Hay miedo casi palpable en todas partes y personas desde jóvenes hasta viejos. Nadie lo dice públicamente, pero se respira, se siente, se huele y se intuye. El miércoles, tras declararse a la provincia de Guantánamo en la fase de Alerta Ciclónica, se activaron -como corresponde- los sistemas de prevención y alerta.

“Todo está listo”, dicen los canales oficiales. Mi realidad muestra todo lo contrario. Así que siento ese miedo que provoca la impotencia, ese -que como periodista- no me permite decir en los canales oficiales verdades que son evidentes: que los abastecimientos no suplen la demanda, que los mercados no expenden nada más que lo habitual, que la gente se agolpa buscando “municiones” para pasar el temporal.

Todo se acaba: ¿Galletas, carnes, huevos, embutidos, dónde están que no los veo? Sin embargo en la televisión, la jefa del subgrupo de Alimentos del Consejo de Defensa provincial me sigue dando la perolata de que “todo está garantizado”.

Las autoridades han comparecido ante los órganos oficiales llamando al cumplimiento estricto de las orientaciones. Los medios de comunicación hacen su función. Pero la experiencia es difícil de borrar, y no hace un año todavía qué pasó el huracán Matthew, dejando una estela de horror y espanto.

Por eso no culpo a Cecilia Romero por “bajar” de Baracoa, donde reside en el barrio La Playa. Existen en ese municipio ochenta y dos kilómetros de costa y 29 afluentes entre ríos y arroyos. La inundación es previsible y su vivienda temporal “no aguanta”. Ella, como tantos otros, todavía no se recupera del derrumbe total sufrido en octubre pasado y ya corre el riesgo de perderlo de nuevo.

La gente va de un lado trasladando pertenencias. El 80 por ciento del fondo habitacional en la provincia más oriental, tiene cubierta ligera, y por lo tanto, riesgo de ceder antes los fuertes vientos. Por eso, muchas veces el mejor refugio es la casa del vecino, hermano a estas horas de crisis. En el caso de los municipios del este, las cuevas son la mejor opción que -según dicen- las acondicionaron para la evacuación de personas.

Aunque el clima ni siquiera se ha inmutado, el ajetreo -casi hormigueo- de la gente sigue. Apenas han pasado tres días del inicio del curso escolar y los niños están otra vez fuera, pues los centros educaciones anunciaron la recesión de las clases, aunque en los centros internos, los estudiantes pueden permanecer a buen resguardo.

En las farmacias se forman también las colas. "Entró un poquito de Duralgina por eso el alboroto", me explica una señora. "Es que tener un botiquín es casi un lujo", añade. Hay en Guantánamo 87 fármacos declarados en falta –según datos ofrecidos en el periódico Venceremos-. ¿El resultado? pacientes como Alejandro Ávila de 12 años, que padece de asma y diabetes y no tiene garantizada la insulina.

El resto del sistema de salud hace lo de siempre. Pese a que la falta de agua potable interrumpió los principales servicios del Hospital provincial Agosthino Neto la pasada semana, la institución se declara lista para asumir las urgencias, a la vez que se liberan camas para acoger nuevos casos, supongo que dando alta a pacientes que en otro momento, no hubiesen recibido el visto bueno.

Regreso a casa y todo sigue igual. El árbol de la esquina permanece ahí, intacto y en contacto directo con los cables telefónicos y eléctricos. La tupición del alcantarillado también forma parte del barrio. Loma arriba, suben camiones cargados de postes, tuberías, equipos pesados y hombres preparados para la contingencia. Roberto Maresma, director de la Unión Eléctrica, alerta que " podemos quedar desconectados del sistema electro energético nacional por caídas de postes y cables, que pueden además ocasionar accidentes, por lo que ante fuertes rachas se suspenderá el servicio". Así que retomamos velas y candiles como en el período especial. Las baterías y linternas, disponibles siempre en CUC, exceden el bolsillo medio de la provincia, la de menor salario promedio en la isla.

Mientras pueda, sigo atentamente los partes meteorológicos. El miedo toma a veces formas insospechadas: enérgicas, temerarias, descocadas. Así somos los cubanos: a mal tiempo, buena cara.

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