En medio de una crisis energética sin precedentes, el régimen de La Habana impulsa la venta de paneles solares como alternativa a los constantes apagones. Sin embargo, para la mayoría de los cubanos, esta solución resulta inalcanzable.
Desde Sancti Spíritus el periodista independiente Adriano Castañeda, asegura que, en la actualidad, uno de los mayores anhelos de los cubanos es acceder a algún sistema de energía renovable, incluso el más básico.
“Si le pregunta a un cubano, cuál es su principal sueño o lo más popular en estos momentos de tu pensamiento, es tener la energía renovable o tener un panel solar de cualquiera de las generaciones de la mínima que puede existir, de menos costo”, dijo el comunicador.
Ante este escenario, el régimen promueve en redes sociales la compra de sistemas fotovoltaicos. En municipios como Nuevitas, autoridades locales incentivan su instalación en viviendas de trabajadores del sector de la salud, ofreciendo lo que califican como “precios módicos” y facilidades de pago.
Por su parte la Empresa de Correos de Cuba comercializa estos equipos a precios millonarios. En una llamada telefónica realizada por Martí Noticias a la oficina de Correos de Guantánamo, una funcionaria explicó que existen varios kits, cuyos precios dependen de la capacidad de almacenamiento de la batería y la cantidad de paneles.
“En moneda nacional son como 3 millones de pesos”, señaló la representante estatal.
También confirmó que los equipos son de origen chino. Además, los interesados deben cumplir con varios requisitos: presentar la propiedad de la vivienda, el carné de identidad, contratar el servicio con el Estado y contar con un dictamen técnico de un arquitecto.
Todo esto ocurre mientras Cuba ha recibido donaciones internacionales, incluyendo unos 5,000 sistemas fotovoltaicos enviados por China, según informó su embajada en la isla.
La coexistencia de estas donaciones con esquemas de venta genera interrogantes sobre el destino de los recursos y quiénes realmente tienen acceso a ellos. “Porque todo lo cogen para negocio, a su conveniencia”, opinó Castañeda.
Las cifras reflejan la brecha. Un kit valorado en 3 millones de pesos cubanos equivale aproximadamente a 5,800 dólares en el mercado informal, mientras el salario mínimo en la isla es de apenas 2,100 pesos. En términos prácticos, un trabajador tendría que ahorrar durante más de 120 años para poder adquirir uno de estos sistemas.
A esto se suma el costo del servicio. Según el periodista Vladimir Turró, el contrato más básico ronda los 45 dólares mensuales, una cifra que muchos cubanos no pueden asumir.
El residente del municipio capitalino de Arroyo Naranjo opinó que para muchos, la energía solar no es una alternativa real, sino un reflejo de la desigualdad.
También desde Guantánamo el periodista Emilio Almaguer coincide con esta perspectiva: “No voy a comprar ningún panel solar, porque esos 45 dólares los necesito para comida”.
Para Almaguer son dos realidades dentro de una misma isla: una minoría que accede a estos sistemas gracias a remesas o ingresos externos, y una mayoría que continúa dependiendo de un sistema eléctrico colapsado.
Varios cubanos consultados por Martí Noticias aseguran que el problema no termina con la compra. Quienes logran adquirir estos equipos enfrentan nuevos desafíos, como el mantenimiento y la seguridad, en un país donde los robos han aumentado en los últimos años.
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