En un borrador de memorias escrito en la prisión española de Estremera, Hugo Carvajal Barrios —exdirector de la inteligencia militar venezolana bajo Hugo Chávez y luego Nicolás Maduro— afirma que, con la aprobación del propio Chávez, Fidel Castro infiltró Venezuela con un contingente de más de 20 mil agentes cubanos.
El texto, titulado “Lo que realmente pasó en Venezuela. Memorias de Hugo Carvajal” y reseñado en septiembre de 2026 por el diario español Artículo 14, no tiene verificación independiente y contrasta tanto con el estimado militar del libro de 2019 “Cubazuela, crónica de una intervención cubana”, como con los 32 cubanos que La Habana reconoció muertos el 3 de enero de 2026, durante la captura de Maduro por parte de fuerzas estadounidenses.
“El Pollo” Carvajal está encarcelado en Nueva York, donde se declaró culpable hace algo más de un año de cuatro delitos federales relacionados con narcoterrorismo para perjudicar a Estados Unidos. Todavía no tiene sentencia. Para atenuar su pena, el incautado está colaborando con la Fiscalía, a la que, según las fuentes consultadas por Artículo14, ha facilitado información valiosa, incluso para la captura de Maduro en la madrugada del pasado 3 de enero.
En un capítulo de sus memorias titulado “La historia de cómo Fidel Castro tomó el control de Venezuela” Carvajal escribe que lo que sabe lo sabe por haber dirigido la inteligencia militar “durante casi una década”. La formulación es explícita: “Un contingente de más de 20 mil agentes cubanos penetró al gobierno y a la sociedad venezolana. Fidel Castro, con la aprobación de Chávez, infiltró a Venezuela de una manera sin precedentes. Impuso asesores en todos los ministerios y fomentó la burocracia con la intención de controlar, cada vez más, a la población venezolana”.
Carvajal matiza que Chávez “pedía consejo a La Habana, pero no le ordenaban”, aunque concluye que “comprometió nuestra soberanía desde que se enamoró de los cubanos”.
Esa cifra de 20 mil no es totalmente nueva, pero la confirmación de alguien tan bien informado y de tan alta jerarquía en la cúpula del poder bolivariano como Carvajalno deja de ser relevante.
Funcionarios de la primera administración de Donald Trump, entre ellos el entonces secretario de Estado Mike Pompeo, y el asesor de Seguridad Nacional John Bolton, hablaron de entre 20 mil y 25 mil cubanos vinculados a seguridad y misiones del r[egimen de Caracas. El enviado especial de Trump, Elliott Abrams, redujo la cifra al núcleo duro de inteligencia, con unos 2 mil.
Las cifras contrastan con los reportes de lo sucedido el 3 de enero de 2026. El gobierno de Miguel Díaz-Canel informó que murieron 32 cubanos “en acciones combativas” mientras cumplían misiones de las FAR y del MININT “a solicitud de órganos homólogos” venezolanos. Medios estatales publicaron luego identidades: 21 del Ministerio del Interior y 11 de las Fuerzas Armadas, entre ellos miembros de las tropas especiales Avispas Negras y al menos un coronel. Mientras, Caracas contabilizó alrededor de dos docenas de uniformados venezolanos muertos. Aunque expertos señalan que 32 no desmienten un aparato de miles: describen el anillo que estaba esa madrugada en la protección inmediata de Maduro y Cilia Flores. El grueso del dispositivo no estaba en el blanco de la operación Absolute Resolve.
Por encima de los estimados
La revelación de “El Pollo” Carvajal rebasa con creces el estimado de Cubazuela. A partir de denuncias de militares venezolanos disidentes y de las fuentes del periodista venezolano Casto Ocando, coautor del volumen junto con el que escribe, Juan Antonio Blanco y Luis Domínguez, la investigación situaba el contingente total —médicos, informáticos, deportistas y educadores incluidos— entre 20 mil y, en algún momento, 100 mil personas. El tramo militar lo fijaba en 3 mil y 5 mil: oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior, principalmente de los servicios de inteligencia y contrainteligencia, “hasta el grado de general de división”.
La puerta formal de esa presencia, según el libro, fueron dos acuerdos militares secretos suscritos en 2007-2008 entre los gobiernos de Fidel Castro y Hugo Chávez. El primero preparaba a los agentes de inteligencia venezolanos para “el descubrimiento y enfrentamiento a la labor de inteligencia y subversiva del enemigo”. El segundo autorizaba a funcionarios cubanos a supervisar la “asimilación” y la “modernización” del ejército, todo bajo la dirección del Grupo de Coordinación y Enlace cubano (GRUCE), integrado por altos oficiales de las FAR y del MININT.
Otras investigaciones, entre ellas una de la agencia de noticias británica Reuters, en 2019, y el informe de 2022 de la Misión Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU, sitúan convenios confidenciales en 2006 o en mayo de 2008. El contenido coincide: entrenamiento, reestructuración de unidades y un papel cubano en la contrainteligencia militar.
Cubazuela nombra a generales de división o de brigada cubanos asociados al GRUCE: Leonardo Andollo Valdés, Hermio Hernández (también citado como Ermio Hernández Rodríguez), Onelio Aguilera Bermúdez, Alejandro Ronda Marrero, Frank Yánez, Juan Carlos Tamargo Baniela y Ramón Alfredo Lausao. El grupo diseñó planes para situaciones excepcionales que solo ejecutarían cubanos en Venezuela, incluidos miembros de las misiones. Los cooperantes con entrenamiento militar —requisito en el caso de los médicos— podían ser llamados como milicia de apoyo o en tareas de inteligencia, además del proselitismo político.
En abril de 2012, la entonces diputada María Corina Machado pidió investigar al GRUCE a la Comisión de Defensa de la Asamblea Nacional y dijo que estaba entonces encabezado por el general de división Ermio Hernández Rodríguez. Denunció que el comando elaboraba la estrategia de defensa, imponía el concepto cubano de guerra r de todo el pueblo prolongada, intervenía en adquisiciones de armamento, en la Escuela Superior de Guerra Conjunta y en las escuelas de formación de oficiales, y que a sus integrantes se les había asignado armamento. Lo calificó de violación de la Constitución, de la Ley Orgánica de la FANB y de la soberanía.
La penetración cubana no se limitó a los cuarteles. Cubazuela describe presencia cubana en aeropuertos, oficinas de cedulación e internet. La investigación incluyó una entrevista con el general de brigada en retiro Antonio Rivero, que denunció la injerencia en 2010 y fue imputado por la justicia militar.
Rivero ha relatado que los cubanos aparecían vestidos de civil en reuniones y conferencias con el alto mando, y que participaban en entrenamiento, inteligencia y comunicaciones. Contó que los vio en Miraflores y en la sala situacional, y que oficiales cubanos de alto y medio rango asesoraban a niveles estratégicos a partir de 2008. También ha descrito el control cubano de oficinas de identificación. En imágenes y videos difundidos por disidentes (abundantes fotos ilustran Cubazuela), los cubanos aparecen de civil junto a mandos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Según la contribución de Casto Ocando al libro, el contingente enviado por Castro se repartía entre el Fuerte Tiuna y las guarniciones del interior, los anillos de protección presidencial y las Regiones Estratégicas de Defensa Integral, y de ahí al Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN) y a la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM). Desde el CESSPA centralizaban datos de inteligencia e instalaban equipos de escucha.
La Misión de la ONU, en su informe de 2022, recogió que varios exfuncionarios de la DGCIM declararon que agentes cubanos “han instruido, asesorado y participado en actividades de inteligencia y contrainteligencia” con ese organismo. La misma misión atribuyó a la DGCIM y al SEBIN asesorados por los cubanos descargas eléctricas, asfixia, inmersión, violencia sexual y privación de agua y alimentos. El Instituto Casla ha añadido colgamientos, palizas y cortes. Al menos diez venezolanos murieron bajo custodia de esos cuerpos.
En las protestas de 2014 y 2017, Cubazuela documentó que asesores cubanos coordinaron una represión que dejó cerca de 200 manifestantes muertos. El exembajador Diego Arria difundió un audio en el que una voz con acento cubano instruye cómo franquear barricadas y cómo los francotiradores pueden “sacar” a líderes de las manifestaciones.
En entrevista con Martí Noticias durante las protestas de febrero de 2014, el exembajador de Venezuela ante la ONU citó una conversación con antiguos generales de la Guardia Nacional: “Nosotros nunca hemos tenido una represión de este género, que salgan a matar a estudiantes en la calle… Ellos asignan esta responsabilidad a grupos de cubanos ahí adentro que son los que ordenan a esta gente. Y salen a matar, no a intimidar ni ahuyentar”.
El Nuevo Herald reportó en 2014 que una veintena de altos oficiales cubanos coordinaba desde Miraflores a los grupos paramilitares conocidos como colectivos. En 2019, Michelle Bachelet informó que su oficina como Alta Comisionada de Derecos Humanos había documentado 66 muertes entre enero y mayo, 52 atribuibles a fuerzas de seguridad o a colectivos. El manual Tarea Escudo, recibido por la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba para Cubazuela, reproducía en Venezuela métodos de penetración y “neutralización” de los opositores usados en la isla.
Carvajal ya había apuntado a La Habana en otra dirección. En una carta escrita desde su celda, en diciembre de 2025, a Donald Trump acusó al régimen cubano de sugerir a Chávez, a mediados de la década de 2000, un plan para usar las drogas como arma contra Estados Unidos y de cooperar con el ELN, las FARC y Hezbolá.
El esquema permitía a Castro usar a Venezuela como zona de amortiguación para que la droga no pasara por territorio cubano, después de varias acusaciones y presentación de evidencias de narcotráfico contra el régimen castrista en Estados Unidos.
La cifra de agentes cubanos en Venezuela confirmada por Carvajal sigue siendo un testimonio, no un censo, pero confirma estimaciones estadounidenses. La de 3 mil a 5 mil es la que opositores y disidentes estimaron para Cubazuela sobre ese contingente militar. Lo que el 3 de enero dejó al descubierto fue otra cosa: que en el anillo más cercano al poder había cubanos de las FAR y del MININT, y que La Habana, después de años de negarlo, tuvo que nombrar a los primeros 32 de ellos.
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