El Departamento de Estado aseguró a Martí Noticias que las sanciones estadounidenses contra Cuba no buscan privar al país de mercados, sino golpear las fuentes de ingresos del régimen, sus élites y sus estructuras militares.
La declaración coincide con datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) que muestran que, en julio, fueron exportados a Cuba más de 3,22 millones de barriles de productos petroleros estadounidenses. De ese total, unos 2,65 millones de barriles correspondieron a diésel y alrededor de 554.000 a gasolina.
“Las sanciones de Estados Unidos apuntan a las fuentes de ingresos del régimen, sus élites y sus allegados, al tiempo que se mantienen importantes excepciones humanitarias, como la exportación de alimentos y productos médicos”, señaló un portavoz del Departamento de Estado.
EEUU exportador neto de alimentos a Cuba
El Departamento de Estado añadió que Estados Unidos está entre los principales exportadores de alimentos a Cuba y que, en 2025, exportó más de 810 millones de dólares en productos a la isla.
También afirmó que Washington proporciona 100 millones de dólares en ayuda humanitaria directa al pueblo cubano.
La respuesta oficial de Washington contrasta con la narrativa del régimen cubano, que atribuye la crisis energética a un supuesto “bloqueo petrolero” estadounidense.
Díaz-Canel niega la realidad
En mayo, el gobernante Miguel Díaz-Canel afirmó que quienes niegan la existencia de ese bloqueo “mienten” y responsabilizó a Estados Unidos por las dificultades del país.
El canciller Bruno Rodríguez también sostuvo que la política estadounidense había impedido el acceso de Cuba al combustible.
Más recientemente, medios oficiales cubanos han asegurado que el “bloqueo petrolero” paralizó las importaciones de combustible y que la isla solo recibió un buque de petróleo en los primeros siete meses de 2026.
El régimen ha relacionado esa situación con apagones de más de 30 horas, problemas de bombeo de agua, afectaciones hospitalarias y el deterioro de la producción agrícola.
Sin embargo, los registros de la EIA reflejan que, mientras La Habana denunciaba un cerco energético, Cuba recibió desde Estados Unidos un volumen de productos petroleros que supera varias veces su consumo mensual habitual de diésel.
Dato mata relato
El investigador Jorge Piñón, especialista en energía, señaló a Martí Noticias que la cifra merece atención por su magnitud.
Según explicó, los datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba (ONEI) muestran que en 2023 la isla consumía alrededor de 600.000 barriles mensuales de diésel.
Con ese referente, los cerca de 2,65 millones de barriles de diésel exportados desde Estados Unidos en julio equivalen a más de cuatro veces el consumo mensual reportado por Cuba en un año en que todavía recibía suministros de Venezuela, Rusia y México.
“Así que la pregunta que todos tenemos es quiénes son los clientes o quiénes son los consumidores de este volumen”, planteó Piñón.
Ese es el punto que los datos públicos no resuelven.
La EIA precisó a Martí Noticias que sus estadísticas, elaboradas a partir de información de la Oficina del Censo, no distinguen entre cargamentos transportados en buques tanque a granel y envíos en contenedores ISO. Tampoco identifican los receptores finales ni el uso específico del combustible dentro de Cuba.
La falta de transparencia resulta relevante porque el diésel es esencial tanto para la generación distribuida como para el transporte, la agricultura, las industrias y los grupos electrógenos.
En un país sometido a apagones crónicos, conocer el destino de un suministro de esta magnitud permitiría determinar si se utilizó para aliviar los déficits que padecen los hogares o si terminó en circuitos estatales y empresariales controlados por el régimen.
Un régimen cleptocrático
El Departamento de Estado responsabilizó directamente a La Habana de la debacle económica. “La verdadera razón por la que la economía de Cuba sufre no es la falta de acceso a los mercados”, afirmó el portavoz.
Según Washington, el régimen “esconde su riqueza en cuentas bancarias en el extranjero” en vez de invertir en electricidad, infraestructura y necesidades básicas.
“La Habana no tiene un problema porque el mundo se niegue a venderle a Cuba; lo tiene porque el comunismo destruyó la economía productiva de Cuba y el Estado controlado por los militares desvía recursos hacia sí mismo y su proyecto marxista”, añadió.
La contradicción queda expuesta: mientras las autoridades cubanas insisten en que un bloqueo petrolero ha paralizado las importaciones y explica la crisis eléctrica, los datos oficiales estadounidenses registran un flujo inusualmente alto de productos petroleros desde Estados Unidos hacia la isla.
La interrogante pendiente es quién recibió esos cargamentos, bajo qué autorizaciones llegaron y por qué un volumen equivalente a más de cuatro meses de consumo de diésel no se ha traducido en un alivio visible para millones de cubanos afectados por los apagones.
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