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Dos periodistas y una mentira


La periodista oficialista Cristina Escobar (izq.) y la reportera del medio independiente 14yMedio, Luz Escobar.

¿Puede decirle Cristina Escobar a Luz Escobar que en Cuba hay plena libertad de información?

LA HABANA, Cuba.- Los comentaristas de los programas noticiosos de la televisión cubana suelen despertar más indiferencia que otra cosa, pero a veces pueden provocar sorpresa, pueden incitar a la ira y hasta hacer reír. Hay algunos, de edad bastante madura, que suelen exagerar prodigando aburrimiento. Otros, con menos años, creyendo que logran una imagen muy veraz y vital, son capaces de perpetrar la falsedad más podrida.

Ya conocemos el periodismo que se comete en los medios oficiales cubanos y se ha hablado mucho de sus males y sus pecados contra la naturaleza de esa profesión, y hasta contra la naturaleza misma de algunos individuos a los que no considera humanos, sino mutantes que merecen la destrucción.

El castrismo asignó desde el principio un papel de simples sicarios a los periodistas que llamó “revolucionarios”. Tenían una tarea básica: desinformar acerca de la realidad a través de la mentira deliberada y de la propaganda ideológica incansable. Como la verdad objetiva es un arma para el enemigo, el gobierno tiene su propia verdad.

Durante decenios ha usado selectivamente las noticias. Solo reporta las buenas para sus amigos y las malas para sus enemigos. Cuando empeoran las relaciones con un gobierno, lo primero es difundir noticias negativas sobre su país. Si se trata de uno amistoso, que apoya las políticas del castrismo, no solo no será atacado con noticias negativas, sino que será defendido de “las campañas mediáticas” de sus críticos.

La libertad de expresión siempre ha sido considerada un engañoso y manoseado concepto burgués. Un mito, en definitiva. Internet y los medios de comunicación internacionales han sido siempre considerados tendenciosos, manejados por intereses hegemónicos del imperio y su control en el país siempre se justificó con el interés de proteger a los ciudadanos de los “cantos de sirena” imperialistas.

Ahora, sin embargo, y sin sonrojo, una conocida periodista del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, Cristina Escobar, acaba de anunciar triunfalmente en pantalla que en Cuba hay absoluta libertad de expresión y total acceso a las fuentes de información para cualquier ciudadano cubano, como en cualquier país normal.

Según ella, cualquier cubano puede acceder por Internet, sin la menor restricción, a las páginas de El Nuevo Herald de Miami y otros semejantes, donde se agreden constantemente la realidad y la revolución de este país. O sea, en Cuba no existe ninguna censura para conectarse con una fuente de información crítica con el gobierno cubano.

No dijo si ese mismo ciudadano podía expresarse con la misma libertad de esos medios y criticar también a las autoridades cubanas, pero se supone que, si ya hay plena libertad de expresión y de información, no existe ningún problema con el hecho de que el propio ciudadano se convierta en fuente de información.

Pero es mejor no especular con lo que se puede inferir, ni hacer suposiciones. Bastante trabajo es lidiar con el estupor y la repugnancia que pueden provocar declaraciones de ese tipo. Es evidente que los gerentes de esos periodistas quieren hacer creer que decir que existe en Cuba plena libertad de expresión e información es demostrar que existe. Pero es esa una querencia muy frágil, porque es tremendamente fácil demostrar lo contrario.

Esos agentes de la comunicación alardean de que en Cuba no matan a los periodistas, como si no supiéramos que han matado el periodismo, y como si hubiera que ignorar además la encarcelación y amenazas de prisión contra tantos periodistas independientes. Los acusan de difundir mentiras para justificar la intervención militar de una potencia extranjera, o de simples delitos comunes, negando siempre que se trate de una persecución política.

Los ejemplos sobran. Uno de los últimos resulta de cierto modo un tanto curioso. Se trata de una periodista del diario digital 14yMedio, censurado y acosado desde su fundación por la policía política. El apellido de esa periodista es igual al de la periodista que se complace en decretar la plena libertad de expresión e información en Cuba.

Luz Escobar ha sido en semanas recientes citada e intimidada por agentes de la Seguridad del Estado por su trabajo en ese diario digital prohibido. Por supuesto, no la amenazan con acusarla de ejercer la libertad de información y expresión —que además no es derecho que regala ningún gobierno, como sabemos—, sino de los ya conocidos delitos comunes que ni siquiera requieren prueba alguna.

¿Podría, entonces, Cristina Escobar, del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, decirle a Luz Escobar, del periódico digital 14yMedio, lo que dijo ante las cámaras?

(Publicado originalmente en CubaNet)

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