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Béisbol infantil en Cuba sobrevive gracias al dinero de padres y parientes "de afuera"


Niños toman un descanso entre juego y juego de pelota.

Pablo, abuelo de un pelotero en categoría juvenil, calcula que desde que comienzan a practicar, con 6 o 7 años, hasta que llegan a la Serie Nacional "los gastos sobrepasan los 800 dólares".

La pista de atletismo y el campo beisbolero de El Pontón, antigua instalación deportiva en el superpoblado municipio Centro Habana, hoy es un extenso terreno yermo.

El lugar recuerda un filme del viejo oeste. Cada cual, como puede, delimita su demarcación. La anarquía es total. Excepto un puñado de instructores deportivos mal pagados, que cuentan con permiso para impartir clases, el resto utiliza el campo baldío como si fuese de su propiedad.

Pegado a un frontón de tenis, un entrenador de béisbol realiza ejercicios con una veintena de niños de entre 11 y 12 años. Se llama Nicolás Reyes y media hora antes había llegado en una bicicleta china, cargado de guantes zurcidos, varias pelotas recuperadas y dos bates de aluminio atados en una soga a su parrilla.

Negro, alto y fibroso, Reyes fue pelotero de Serie Nacional. Nunca llegó a la cúspide. Su pasión por el béisbol es lo único que justifica trabajar bajo el sol, con un calor de mil demonios para perfeccionar las cualidades atléticas de sus pupilos.

Práctica de béisbol en Cuba.
Práctica de béisbol en Cuba.

Muy cerca, un grupo de padres observa el entrenamiento de sus hijos y charlan sobre los próximos eventos previstos en el calendario. Recientemente, los menores participaron en el campeonato provincial de la categoría donde se alzó con el título el municipio Boyeros.

"A Nicolás hay que erigirle un monumento. Sin material deportivo ni condiciones, adiestra a los niños en el aprendizaje del béisbol. Nosotros lo ayudamos en lo que podemos", dice Darién, padre de un chico.

Desde hace dos décadas, el Estado apenas subvenciona el deporte en la base. Un entrenador como Reyes, en caso de ser graduado de licenciatura deportiva, gana el equivalente de 20 dólares mensuales.

"Ya no recuerdo la última vez que el INDER (Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación) nos envió guantes, bates y pelotas. Todo esto se mantiene gracias a los familiares. Luego te exigen resultados deportivos, pero lo único que garantiza el INDER es el calendario de los eventos", señala un entrenador del municipio Cotorro.

En el acápite que el Anuario Estadístico de Cuba en 2015 -el último publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información- dedica al deporte y cultura física, no aparece el presupuesto anual que el Estado destina al INDER. Buscando en internet se descubre que en 2015, Forbes de República Dominicana, reportaba que anualmente Cuba destinaba 62.1 millones de dólares al desarrollo deportivo. Cuba, por cierto, ocupaba el séptimo lugar en América Latina, después de Brasil, México, Chile, Colombia, Ecuador y Panamá.

Según Eduardo, funcionario del INDER en el municipio Diez de Octubre, un 80 por ciento del presupuesto "se dedica a las competencias nacionales. Los torneos provinciales o de base apenas cuentan con apoyo financiero. La pelota, que en Cuba se considera una política de Estado, es la que más recursos tiene. Pero se dedican a la Serie Nacional y al campeonato Sub-23".

Eduardo agrega que, "entre los dos torneos se derogan unos dos millones y medio de dólares. El 70 por ciento de ese dinero se recauda del impuesto que les cobran a los deportistas que compiten en clubes extranjeros con autorización del INDER. El resto de los torneos cuenta con muy pocos recursos financieros, incluido el béisbol en las categorías menores".

Un metodólogo de béisbol afirma que "La Habana es la provincia que más talentos de calidad contrastada promueven a los equipos nacionales, desde el Sub-12 hasta los juveniles. También es la provincia dónde más peloteros optan por emigrar para continuar la práctica del béisbol en República Dominicana u otra región del Caribe. Ese desarrollo es gracias al sacrificio de entrenadores como Nicolás Reyes y el aporte monetario de las familias".

La final del campeonato provincial infantil Sub-12 se efectuó en el ruinoso Estadio Conte, en la barriada de Lawton, al sur de la capital. La yerba estaba crecida y el terreno necesitaba un mantenimiento a fondo. Se enfrentaron los municipios Boyeros y Diez de Octubre. Los familiares costearon la confección de los uniformes, implementos deportivos y meriendas, entre otros gastos.

"Cuando supe que mi hijo tenía futuro en el béisbol, su padre, que reside en Miami, me dijo que era una buena noticia. Él le llama 'inversión de futuro'. Y le envía bates, guantes, pelotas y dinero. Está seguro que cuando tenga edad juvenil, cualquier organización de Grandes Ligas lo puede contratar y se amortiza la inversión", confiesa Magda, la madre.

Pablo, abuelo de un pelotero en categoría juvenil, calcula que desde que comienzan a practicar, con 6 o 7 años, hasta que llegan a la Serie Nacional "los gastos sobrepasan los 800 dólares. Mi nieto tiene un gran futuro, ya algunos scouts que vienen a Cuba me lo han dicho. Cuando exista una propuesta seria se irá del país. Probablemente el muchacho se convierta en el sostén de toda la familia".

Julio, quizás uno de los mejores entrenadores cubanos en categorías menores, conoce al dedillo las interioridades del béisbol infantil y juvenil en la Isla.

"Fui preparador de peloteros como Lázaro Armenteros Arango, Yolexis Delgado Veitía y Alfredo Rodríguez Gutiérrez, quienes firmaron jugosos contratos en ligas menores. Pero la falta de apoyo estatal, malas condiciones de trabajo y bajo salario me obligó a renunciar. Ahora soy jefe de turno en una fábrica de refrescos, donde se gana un buen billete por la izquierda. Cuando las cosas cambien o si la MLB crea academias beisboleras en Cuba, entonces regreso a entrenar".

Explica Julio que en el béisbol de categoría menores, las familias que tienen posibilidades, cuando ven que el chico tiene condiciones "lo apoyan con todos los hierros para que pueda llegar a una organización de MLB. Los gastos suelen correr entre los parientes de aquí y los que residen afuera. Pero hay decenas de niños talentosos con padres de bajos ingresos que por falta de dinero no pueden practicar el béisbol. Cuando yo era entrenador, involucraba a los padres que tenían solvencia económica y ayudábamos a esos muchachos. La idea es que no se pierda ningún prospecto".

Arturo, un viejo zorro del béisbol infantil, entrena en un desnivelado terreno beisbolero contiguo a la escuela primaria Thomas Alva Edison (antiguo Instituto Edison) en La Víbora, señala que "las instituciones estatales no le prestan atención al béisbol en edades tempranas. No se dan cuenta que las estrellas del futuro se detectan en esas edades. Toda la atención se la brindan a la Serie Nacional. El resto, que se joda".

Eddy, padre de un niño que juega béisbol, enumera sus gastos: "Tienes que mandar a confeccionar al menos dos uniformes. Uno para los torneos, que cuesta de 30 a 40 CUC y otro para entrenar que te sale en 10 o 15 CUC. Un guante vale más de 50 fulas en las tiendas por divisas. El bate de aluminio, entre 70 y 80 chavitos. Y cada pelota nueva cuesta 6 CUC. Aunque los padres tratamos de comprar las pelotas en los torneos nacionales o provinciales de béisbol, donde los jugadores venden a un CUC cada pelota. A veces también te venden guantes o bates.

Eddy agrega que, "en la etapa de preparación y competencia, la familia es la que paga el combustible y el transporte del equipo. Esto es como una ruleta rusa. Si el chama sale bueno, bingo, recuperas el dinero. Si no, te queda la satisfacción de que el mundo del deporte aporta valores muy importantes como el esfuerzo, compromiso y mentalidad de equipo, cualidades válidas para toda la vida".

En el béisbol cubano actual, huérfano de grandes estrellas, la mirada de los scouts de Grandes Ligas se enfoca en las categorías menores. Un dato: los mejores talentos de la selección nacional Sub-15, campeona mundial hace dos años, emigraron de Cuba. Ya no esperan a jugar la Serie Nacional para saltar la cerca.

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    Iván García, desde La Habana

    Nació en La Habana, el 15 de agosto de 1965. En 1995 se inicia como periodista independiente en la agencia Cuba Press. Ha sido colaborador de Encuentro en la Red, la Revista Hispano Cubana y la web de la Sociedad Interamericana de Prensa. A partir del 28 de enero de 2009 empezó a escribir en Desde La Habana, su primer blog. Desde octubre de 2009 es colaborador del periódico El Mundo/América y desde febrero de 2011 también publica en Diario de Cuba.

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