Miami y La Habana, una vibrante relación de 130 años (I)

Vista de la ciudad de Miami, la Torre de la Libertad iluminada en rojo. (Jarmo Pohjaniemi/AP Images for Paramount Miami Worldcenter)

Al cumplir 130 años de su fundación, Miami celebra una historia ligada a Cuba: desde los vínculos coloniales y comerciales con La Habana, hasta las oleadas de diversos éxodos desde 1959, que la convirtieron en la capital del exilio cubano en Estados Unidos.

El 28 de julio Miami celebró 130 años de su incorporación oficial como ciudad. Ese día pero de 1896, 344 personas votaron a favor de la incorporación que dio nacimiento legal a la Ciudad de Miami.

Así se cumplió el sueño de Julia Tuttle, conocida como la "Madre de Miami", por haber sido la principal impulsora de su creación. Fue ella quien convenció al empresario Henry Flagler de extender el ferrocarril hasta la zona y le cedió parte de sus tierras para hacerlo posible, impulsando así el desarrollo urbano de la futura ciudad.

Sin embargo, la relación entre Miami y Cuba era muy anterior a 1896. Durante cerca de dos siglos —de 1607 a 1763 y nuevamente entre 1783 y 1821— la Florida dependió administrativa y militarmente de la Capitanía General de Cuba, con sede en La Habana. La cercanía geográfica y los constantes intercambios convirtieron a ambas ciudades, situadas a uno y otro lado del estrecho de la Florida, en socios naturales para el comercio, la navegación y las comunicaciones.

En 1898, durante la guerra hispano-cubano-estadounidense, desde distintos puntos de la Florida, especialmente Tampa, Cayo Hueso y Jacksonville, partieron expediciones de voluntarios cubanos que se incorporaron al Ejército Libertador. Desde los puertos floridanos embarcaron también los célebres Rough Riders, el regimiento de voluntarios estadounidenses comandado por Leonard Wood y Theodore Roosevelt.

Tras la independencia de Cuba, el comercio y el turismo reforzaron aún más los vínculos entre La Habana y Miami. Durante la primera mitad del siglo XX, Miami se consolidó como destino invernal para miles de estadounidenses que escapaban del frío del norte del país, mientras que La Habana era una de las ciudades más cosmopolitas y prósperas del Caribe, visitada por turistas, empresarios y viajeros procedentes de Estados Unidos.

La intensa comunicación entre ambas ciudades convirtió al estrecho de la Florida no en una barrera, sino en un puente que unía dos comunidades destinadas a mantener y fortalecer una relación tan estrecha como compleja.

Con el desarrollo de la aviación comercial durante la primera mitad del siglo XX, los viajes entre Miami y La Habana se hicieron cada vez más frecuentes. Para muchos estadounidenses, la capital cubana era un destino turístico cercano, elegante y cosmopolita, conocida por algunos como la "París de América".

Más adelante, los ferries entre La Habana y Cayo Hueso consolidaron esa intensa comunicación entre Cuba y el sur de la Florida. Viajar de una ciudad a otra era algo cotidiano: sin necesidad de visa y por apenas 29 dólares, muchos cubanos cruzaban el estrecho de la Florida para pasar un fin de semana de compras en Miami.

Aquella estrecha relación cambió radicalmente con la llegada de Fidel Castro al poder en 1959. Lo que durante décadas había sido un constante intercambio de turistas, comerciantes, empresarios y familias dio paso a sucesivas oleadas de exiliados políticos y transformó para siempre la relación entre ambas ciudades.

En los primeros años salieron de Cuba empresarios, comerciantes, profesionales, funcionarios, religiosos, periodistas, artistas, militares, propietarios y familias víctimas de confiscaciones, persecución política o pérdida de libertades.

Pero poco a poco, el éxodo se extendió a todos los sectores de la sociedad cubana. Sin importar cuál había sido su posición económica o profesional en la isla, la inmensa mayoría tuvo que empezar de nuevo en Estados Unidos, aceptando empleos en la agricultura, la construcción, los servicios o cualquier oficio que les permitiera salir adelante.

La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos calcula que más de 200.000 cubanos abandonaron la isla durante los tres primeros años de la revolución.

La mayoría creía que su estancia fuera de Cuba sería temporal. Por ello, muchos consideraron inicialmente a Miami como una ciudad de tránsito mientras esperaban un pronto regreso. Sin embargo, con el paso de los meses comprendieron que el nuevo régimen no sería transitorio y que el exilio se prolongaría.

Esto se hizo aún más evidente tras el fracaso del intento de liberación de la isla protagonizado por la Brigada de Asalto 2506, cuyos 1.414 integrantes fueron derrotados durante la invasión de Bahía de Cochinos. La distancia entre ambas orillas se hizo todavía aún mayor después de los acuerdos alcanzados entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética tras la Crisis de los Misiles de octubre de 1962.

John F. Kennedy se reune con los brigadistas de la 2506.

Comenzaron así largos años de separación familiar, incomunicación y desarraigo. En Miami, los cubanos conservaron como verdaderos tesoros los pocos objetos que lograban encontrar: fotografías, cartas, documentos, imágenes religiosas o pequeños recuerdos que mantenían vivo el vínculo con su tierra. Se refugiaron en la música, en las reuniones familiares y en las tradiciones cubanas, mientras intentaban reconstruir sus vidas en una ciudad que, poco a poco, terminaron convirtiéndola también en su hogar.

La consecuencia fue extraordinaria: una comunidad que esperaba regresar comenzó a reconstruir en Miami las instituciones, los negocios, las costumbres y buena parte de la vida social que había dejado atrás.

Protesta en la Torre de la Libertad en Miami, el 17 de julio de 2021. REUTERS/Maria Alejandra Cardona

La Torre de la Libertad y el nacimiento del Miami cubano

Entre 1962 y 1974, el edificio del antiguo periódico Miami News se convirtió en el principal centro de recepción y asistencia para los refugiados cubanos. En la llamada Torre de la Libertad se tramitaban documentos migratorios y se ofrecían servicios médicos, ayuda económica, orientación laboral y apoyo para comenzar una nueva vida. Con el paso del tiempo, el edificio se convirtió en uno de los principales símbolos del exilio cubano.

El Gobierno federal implementó el Cuban Refugee Program (Programa de Refugiados Cubanos), destinado a facilitar la integración de los recién llegados y la reubicación de cientos de miles de cubanos en distintos estados del país. Aunque miles fueron trasladados fuera de la Florida, una gran parte decidió permanecer en Miami o regresó con el tiempo, atraída por la presencia de familiares, el idioma común, las oportunidades empresariales y una sólida comunidad cultural.

Oleadas de exiliados

A lo largo de las décadas han llegado a Miami diversas oleadas de exiliados cubanos.

Entre 1960 y 1962 tuvo lugar la Operación Pedro Pan, uno de los episodios más dramáticos del exilio. Ante el temor de que el nuevo régimen limitara la patria potestad y adoctrinara a los menores, más de 14.000 niños fueron enviados sin sus padres a Estados Unidos mediante un programa organizado por la Iglesia Católica y diversas instituciones de asistencia. Muchos fueron acogidos por familias estadounidenses, mientras otros permanecieron en hogares de acogida hasta reunirse con sus familiares. Con el paso de los años, aquellos niños se integraron plenamente en la sociedad estadounidense y muchos destacaron como profesionales, empresarios, académicos y servidores públicos.

En 1965 se produjo el éxodo de Camarioca, cuyo puerto estuvo abierto entre septiembre y noviembre, y que fue el primer gran éxodo marítimo autorizado por el gobierno cubano, que marcaría el inicio de una etapa migratoria masiva hacia Miami.

También entre 1965 y 1973 se desarrollaron los llamados Freedom Flights o Vuelos de la Libertad, que transportaron a más de 260.000 cubanos hacia Estados Unidos.

En 1980 se produjo otro de los grandes cambios demográficos en Miami. Aproximadamente 125.000 cubanos llegaron durante el éxodo del Mariel en apenas unos meses.

Un marine de EEUU ayuda a desembarcar a un niño cubano tras su llegada a las costas de Florida en el éxodo del Mariel. AP Photo/Fernando Yovera)

Los llamados marielitos procedían de sectores sociales aún más diversos que las primeras oleadas migratorias. Su llegada provocó tensiones debido a la rapidez del proceso, la insuficiencia de recursos y la campaña desarrollada por el Gobierno cubano para asociarlos con delincuentes y personas procedentes de prisiones o instituciones psiquiátricas. Aunque una minoría protagonizó hechos delictivos, la inmensa mayoría se incorporó al mercado laboral, formó familias, creó negocios y terminó integrándose plenamente en la sociedad del sur de la Florida.

El progresivo deterioro de las condiciones económicas en Cuba provocó una nueva crisis durante el llamado Período Especial.

En 1994 se produjo una nueva salida masiva de cubanos en embarcaciones improvisadas. Según el Migration Policy Institute (Instituto de Política Migratoria), durante la llamada Crisis de los Balseros aproximadamente 30.900 personas fueron interceptadas en el mar en apenas un mes.

La imagen del balsero reforzó en Miami la conciencia sobre el enorme costo humano de la crisis cubana y dio origen a nuevas organizaciones dedicadas al rescate, la ayuda humanitaria y la defensa de los derechos humanos.

Entre ellas destacamos la organización Hermanos al Rescate, y en especial el sacrificio de sus cuatro voluntarios, Armando Alejandre Jr., Carlos Costa, Mario de la Peña y Pablo Morales, quienes perdieron la vida a manos de cazas MIG cubanos en aguas internacionales del estrecho de la Florida.

Balseros cubanos el 26 de agosto de 1994.

La migración del siglo XXI

En las últimas décadas, los migrantes cubanos han llegado por rutas aéreas, marítimas y terrestres, especialmente a través de América Central y la frontera con México.

Esta emigración presenta un perfil mucho más heterogéneo. Incluye jóvenes, profesionales, trabajadores, artistas, emprendedores y familias que abandonan el país debido a una combinación de crisis económica, falta de libertades, deterioro de los servicios públicos y ausencia de expectativas de progreso.

Según el Pew Research Center, en 2024 residían en Estados Unidos alrededor de 2,9 millones de personas de origen cubano, un aumento del 23 % respecto a 2019. Más de la mitad habían nacido en Cuba.

Miembros de la comunidad de exiliados cubanos se reúnen para una manifestación por una "Cuba libre" en el centro de Miami, Florida (EE. UU.), el 26 de abril de 2026. REUTERS/Marco Bello

Por su parte, el Instituto de Política Migratoria señala que el condado de Miami-Dade continúa siendo el principal núcleo de esta diáspora. Entre 2017 y 2021 concentraba aproximadamente el 52 % de todos los inmigrantes cubanos residentes en Estados Unidos. Según el Censo de Estados Unidos, en el área de Miami viven alrededor de 1,1 millones de cubanos.

Estas sucesivas oleadas migratorias transformaron profundamente a la capital del exilio cubano, Miami, y todo el sur de la Florida. Su influencia trascendió el ámbito local y terminó proyectándose sobre la vida económica, política, cultural y social de Estados Unidos. Ese impacto nacional será el tema del próximo artículo.