Cuando aterricé en Wichita, supe desde el primer momento que era demasiado grande el tema que había que tratar y el documental que se supone debía filmar.
Me había llamado la redacción de Martí Noticias para hacerme un encargo. Entre las piezas que estaba lanzando Radio y Televisión Martí para cubrir los 250 años del nacimiento de la nación americana, habían pensado en una que se narra desde el corazón americano; el Medio Oeste.
La relación entre la libertad y la nación americana vistas desde el ángulo de un granjero de Kansas.
Quizás por haber trabajado en Martí, colaborado con ellos, haber tenido buenos resultados y mi pasión como cineasta y por el documental en específico, creo que fue la razón principal por lo que me llamaron.
Pero cuando acepté, no tenía idea de la dimensión del tema.
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El valor de la Libertad
Y eso exactamente sentía cuando iba manejando del aeropuerto al lugar de la renta de los equipos. Iba mirando los paisajes y creo que no ha habido descripción más precisa de lo que es Kansas que aquella que hizo Truman Capote en el primer párrafo de su libro A Sangre Fría: “La tierra es llana y las vistas enormemente grandes; caballos, rebaños de ganado, racimos de blancos silos que se alzan con tanta gracia como templos griegos son visibles mucho antes de que el viajero llegue hasta ellos.”
Nada puede superar a Capote, pero esta impresión como ahora corroboraba era exacta.
Y mientras iba mirando los inmensos campos de maíz o los enormes silos, iba pensando en la manera que podía abordar el tema de la libertad. Hablar de la libertad, revisitando los 250 años de la nación americana, la nación donde volví a nacer.
¿Dónde están los límites de la libertad? ¿Qué es la libertad realmente?
¿La libertad sería la misma para alguien que como yo que vivió una dictadura que todavía sigue presente o para un norteamericano granjero que nació en libertad? ¿Cómo comparar ambas cosas?
Rumbo la granja iba manejando largos caminos alejados de toda población y donde solamente ves campos y campos y campos de sembrados y animales y ganados. Mientras iba mirando todo esto, pensaba a la vez en los diferentes ángulos que podía abordar, qué le podía dar desde la óptica quizás de la comparación entre el sistema agrícola y ganadero de Cuba y cómo no solamente la gestión del gobierno cubano había sido un fracaso al respecto, sino cómo sino que lo destruyó de raíz completamente. A la misma vez no quería hacer algo reducido y tan básico como comparar una cosa con la otra.
Obviamente, sería lo fácil comparar a una nación como los Estados Unidos de América, basada en una constitución que todavía sigue presente y vigente, donde los valores no solo son ejemplos para este país, sino para el mundo entero en cuanto se refiere a libertad y democracia, con un país que ha estado brutalmente atravesado por una familia en el poder durante casi 70 años, monarquia tropical que no solamente ha destruido desde el punto de vista económico y social sino también ha fragmentado desde el punto de vista humano y emocional a la población cubana. Definitivamente, ese era un ángulo muy fácil.
En la actualidad Kansas es llamado el “Granero de los Estados Unidos” porque Kansas precisamente es el responsable de gran parte de la alimentación de todo el país.
La producción agrícola y ganadera es totalmente enorme y no solo interna para los Estados Unidos, sino también a nivel de exportación y de creación de empleos para el estado.
Sin embargo, en el caso de Cuba, el modelo vigente en la actualidad de ganadería y de trabajo agrícola, dígase agropecuario, es el modelo estalinista de la cooperativa. Es decir, las cooperativas creadas por Stalin y los bolcheviques son el mismo modelo casi al calco que se mantiene hoy en Cuba.
El campesino cubano no puede cultivar su propia tierra, tiene que responder a una colectivización de esa producción, colectivización que no tiene ningún tipo de apoyo gubernamental de infraestructura de insumos y al final el campesino está obligado y regido a controlar su producción y lo más importante, su venta. Es decir, en otras palabras, un país totalmente fértil, totalmente propicio para el desarrollo de ambas cosas, ganado y agricultura, es carente casi por completo de ambas; porque la estructura y el sistema políticos impiden realmente eso. En medio de una situación como la que se vive en estos momentos en Cuba, de niveles de pobreza extrema y de falta de alimentos, no existe la más mínima intención de parte del gobierno de cambiar esto.
No solo pensemos ya en los derechos de justicia o de libertad de expresión. En cosas ya tan básicas como el alimento que se lleva a la mesa, no hay ningún tipo de sensibilidad del gobierno cubano de querer cambiar eso. Al contrario, se aferra a un modelo establecido en el año 1920 en un lugar totalmente alejado y extremo, pero que obviamente es la bandera ideológica que enarbola y seguirá enarbolando la dictadura cubana.
Mientras manejaba por estos caminos eternos de la campiña americana corrobore que no importa cuánto maneje o cuanto me aleje, Cuba siempre está presente. Cuba es una memoria que se carga. Alguien dijo que era una maleta que se llevaba de un lugar a otro, que era movible, que era portátil.
Pero yo creo que la misma movilidad que tiene Cuba para mí, esa eterna atadura, maleta, lastre o madre patria, a pesar de eso también Kansas fue portátil, fue mi maleta. Kansas…. y hablo de esa Kansas personal, siempre me acompañó en todos los lugares cuando vivía en Cuba.
Kansas eran las películas del oeste o la primera vez que leí A sangre fría eran las películas de... Fue el libro de Capote, pero también Days of Heaven o Badlands, de Terrence Malick.
A lo lejos en unos de los campos surcados recordado contra el cielo va un tractor en en una musical velocidad mientras ara la tierra, me recordaba la misma cortadora de césped con la que Richard Farnsworth va a visitar a su hermano en el Straigth story, de David Lynch.
Ese permanente crepúsculo, tono de llanura abierta, como si los colores se quisieran mantener en la misma nota trascendental que solo pertenece a la salidas o caídas del sol.
Yo no tenía Kansas, pero tenía una enorme planicie frente a mi casa llena de flamboyanes en Aguacate, el pueblo donde vivía en Cuba. Y ese respiro… si tuviera que definirlo, sería mi primer conocimiento de la libertad.
Mi primer conocimiento de la libertad estaba asociado a ese Midwest americano, ese campo abierto, ese ganado, ese campo de maíz que podías ver lo mismo en una película de ciencia ficción que una película de peloteros.
Ese era sin dudas mi Kansas.
Y como ahora mismo arrastro esa Cuba móvil, fría, impactante, destruida, ciega, gris, en aquel momento Kansas era ese escape y era exactamente como lo había pensado. Kansas, esa Kansas era exactamente la que estoy viendo ahora en Wichita.
Llegamos a la granja de Derek Klingenberg. Derek es el granjero que se escogió como figura central para hacer el documental.
Lo interesante es que Derek no solamente es un granjero que tiene una enorme granja, que es una granja de un negocio familiar, asociado a una corporación que crearon los propios hermanos, sino que también es graduado universitario, y entre las muchas cosas que pude descubrir es que este graduado universitario regresó de sus estudios a continuar trabajando la granja con la familia, y comenzó a implementar nuevas técnicas y cosas aprendidas. Desde aplicaciones en el teléfono para poder controlar los cultivos, o la cantidad o no de nutrientes o fertilizantes que puedes darle, hasta la propia automatización digital de los tractores para la siembra.
Es decir, los tractores, muchas veces no van tripulados, y ya tienen muy claro, aunque vayan tripulados, la dimensión y el tamaño de los surcos, dependiendo de qué tipo de cultivo o no. La data, el consumo, el control, es satelital. La relación de la Tierra en Kansas está directamente conectada con los astros, y puede sonar muy poético y casi kitsch de la manera en que lo estoy diciendo, pero cuando lo ves en la práctica y los resultados que da es, sencillamente, increíble.
Después fue la tranquilidad de la granja… la tranquilidad. Creo que no hay nada más cercano a la felicidad que la paz. Pero era también esa misma paz asociada a ese pequeño momento de mi casa en Aguacate, en el campo frente a aquella enorme llanura del oeste que yo me quería inventar, que era Kansas o una pequeña Kansas personal que no existía, y no existe en Cuba.
Esas pequeñas cosas que me recordaban también al campesino cubano. No estoy idealizando al campesino cubano del conuco y la palma real sino el campesino que enarbolaba la decencia como su primera distinción, y parece que la decencia, además de todo lo otro que le han robado a los cubanos, es también ausente. Esa decencia de los buenos días, de la sencillez, de la modestia, del respeto, de las gracias o de la calidez de un abrazo en el momento en que más lo necesitas.
De tantas estructuras y de tanto pensamiento y de tanta racionalización sobre un documental, de pronto me encontré solamente filmando, solo siguiéndolo a Derek y sus rutinas diarias.
Imágenes del rodaje de "El valor de la libertad".
Pasé de un proyecto calculado a la intuición de hacer un documental sin ningún predeterminado donde sólo, como creo deben ser los documentales, la cámara es la principal voz.
Derek a su vez es Youtubero, tiene seguidores y hace videos en los propios campos y se sube con sus hijas al campo y en los tractores y anda y va de aquí a allá. Y Derek vive feliz y su esposa vive feliz y su familia vive feliz.
Y son personas que cultivan la tierra, que viven de la tierra y que todos ayudan en ese trabajo. Entonces, una cosa es con la colaboración familiar o la colaboración en pos de un objetivo, en este caso encontrar alimento o criar un ganado, y otra es muy diferente imponer un modelo, porque simplemente la ideología lo decide.
En esa sencillez, en esa tranquilidad, de pronto recordé El sabor de la cereza, de Abbas Kiarostami que también fue una de las películas que más me marcó cuando empezaba a estudiar cine.
La libertad y la felicidad dependen de las pequeñas cosas de la vida diaria, incluso en los momentos más tristes. La libertad es la capacidad de elegir la vida y la felicidad no necesariamente tiene que ser como la meta de una carrera, la felicidad puede estar en el sabor de una cereza y esas, a veces imperceptibles, sensaciones pueden salvar una vida.
Cuando nos niegan las cosas más simples, nos niegan la libertad total.
Creo que de eso se trata, al final, si tuviera que definir un título quizás un poco manido como “El valor de la libertad” es indiscutiblemente el título correcto. ¿Qué es el valor de la libertad? ¿La Declaración de Independencia que un grupo de hombres hizo en su momento para oponerse a un rey? ¿De qué estamos hablando en esta película? ¿O será acaso la posibilidad de cultivar tu tierra o tu familia y ver el día a día y cada día sin que nadie te imponga o decida sobre esto?
Los momentos en que Derek se detiene frente a sus cultivos, son momentos en los que él mismo se pone a pensar con respecto a esto. “Yo disfruto que venga toda esa gente. Me gusta observar a la gente. Y a ellos les encanta. Y me gusta que les encante.”
Por eso, como mismo cargo con ese campo abierto de flamboyanes, gris, triste, y que sigue siendo gris, triste en el lejano pueblo de mi infancia, también tengo este otro campo idéntico al que veía en las películas, este campo de maíz o soja, que es mío, de mi propiedad junto con otras muchas propiedades que no podrán quitarme nunca. Porque el valor de la libertad está en poder sentarse con los tuyos, tranquilos después de la cosecha, y mirar cómo se desplazan, uno tras otro, sobre el rojo crepúsculo, los fuegos artificiales del 4 de julio en la nación americana.