El ICAP y los caballos de Troya de la inteligencia castrista

Una reunión en el ICAP el 21 de marzo de 2026. Ernesto Mastrascusa/Pool via REUTERS

Tras acogerlos en románticos campamentos tropicales financiados por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, la Dirección de Inteligencia de Cuba devuelve a Estados Unidos a jóvenes ya persuadidos de que hay que derrocar al Establishment, o sea, a la democracia.

Este 20 de agosto, el Departamento de Estado y la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de la Tesorería de EE.UU. incluyeron en su lista de Nacionales Especialmente Designados a varios funcionarios del ICAP, entre ellos su presidente, Fernando González Llort, y las directivas Leima Martínez Freire y Noemí Ramona Rabaza Fernández, como parte de un nuevo paquete de sanciones contra la inteligencia y las redes de influencia cubanas.

De los tres, el más conocido es González Llort. En los años 90, la Red Avispa de espías castristas infiltró a grupos del exilio y espió instalaciones militares estadounidenses. González Llort, uno de sus integrantes, cumplió 15 años de prisión en Estados Unidos. Tras su liberación y regreso a Cuba, fue nombrado presidente del ICAP.

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Al anunciar las sanciones el secretario de Estado Marco Rubio recordó que el régimen cubano ha patrocinado durante mucho tiempo una vasta red subversiva en Estados Unidos destinada a identificar, cultivar y radicalizar a elementos proclives a la subversión, operando en gran medida bajo el pretexto del intercambio educativo o cultural. “Hace apenas unos días” ─señaló Rubio subrayando la continuidad de esa práctica─ “el régimen intentó utilizar el centenario del caudillo y déspota comunista Fidel Castro para revitalizar esta red subversiva, trasladando una nueva brigada de simpatizantes internacionales a La Habana para establecer contactos con funcionarios del régimen”.

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El secretario de Estado advirtió que “la Administración Trump “no se quedará de brazos cruzados mientras una potencia extranjera hostil intenta explotar nuestras libertades —ninguna de las cuales concede a su pueblo— engañando y corrompiendo a ciudadanos estadounidenses con mentiras, espionaje y otras prácticas malévolas como parte de la razón de ser del régimen de exportar alrededor del mundo el marxismo, el resentimiento racial y la violencia comunista.

En junio de 2026 ya habían sido sancionados el ICAP y su agencia Amistur. Como el Instituto acoge brigadas internacionales en instalaciones de toda Cuba, incluyendo el Campamento Internacional Julio Antonio Mella (CIJAM), la Casa Memorial Salvador Allende y la Casa de la Amistad, estos centros de reclutamiento y adoctrinamiento fueron también declarados, el mismo día de las sanciones a sus funcionarios, direcciones alternativas del ICAP y por tanto también propiedades sancionadas

En una decisión paralela, en julio de 2026 fue detenido y puesto en proceso de deportación, junto con su familia, Carlos Antonio Lloga Domínguez, un exfuncionario del instituto a quien la cancillería estadounidense acusó de trabajar durante más de una década para el ICAP mientras residía en EE. UU, y mantener vínculos con la entidad.

Estas medidas forman parte de una campaña sostenida que identifica claramente al ICAP como un instrumento de influencia e inteligencia principalmente dirigido a socavar la democracia estadounidense.

Un evento del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) en La Habana, Cuba.

Fachada histórica de la inteligencia cubana

El 30 de diciembre de 1960, Fidel Castro impulsó la creación del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) mediante la Ley 901.

Oficialmente, la institución nació para fomentar la diplomacia popular, recibir visitantes extranjeros y articular redes de solidaridad. Más de seis décadas después, el ICAP afirma mantener vínculos con más de 1.900 organizaciones en 151 países.

Sin embargo, documentos desclasificados de la CIA, testimonios de desertores y las sucesivas acciones de Washington coinciden en que, desde sus primeros años, el ICAP funcionó como una de las principales fachadas de la DGI (Dirección General de Inteligencia, hoy Dirección de Inteligencia).

La distinción entre solidaridad y operaciones de inteligencia nunca fue nítida. Informes de la CIA de los años 60 y 70 describen un acuerdo operativo: oficiales del Departamento de Centros Ilegales recibían a los visitantes bajo la apariencia de cortesía institucional, los entrevistaban, y evaluaban su potencial como fuentes o agentes. El ICAP controlaba itinerarios, alojamiento y viajes, lo que permitía un seguimiento casi total.

Los primeros directores y el control de la DGI

Los nombramientos revelan la prioridad asignada a esta estructura. A finales de los años 60, Gary González, oficial en activo de la DGI, ocupó la dirección general. Lo sucedió el coronel Adalberto Quintana Suárez (“El Sexto”), quien había dirigido la Sección de Enlaces de la DGI.

Un exfuncionario del ICAP que trabajó allí entre 1968 y 1979 relató que el organismo ya estaba completamente controlado por la inteligencia. Oficiales del Ministerio del Interior ocupaban puestos clave y los visitantes recibían conferencias sobre agencias occidentales.

En los años 70, René Rodríguez Cruz, alto oficial de inteligencia y hombre de confianza de Castro, asumió la presidencia.

En octubre de 1990, tras el fallecimiento de Rodríguez Cruz, el actor Sergio Corrieri, el mártir revolucionario de la película El Hombre de Maisinucú y el superhéroe David de las series de TV En silencio ha tenido que ser, asumió el cargo de presidente del ICAP y lo ocupó durante casi 18 años, hasta su muerte en febrero de 2008. Un rostro icónico y reconocible que entusiasmaría a los invitados del Instituto.

Sergio Corrieri, protagonista de Memorias del Subdesarrollo, en una escena de la película.

Presidente del ICAP acusado de facilitar el narcotráfico a través de Cuba

Rodríguez Cruz, todavía entonces presidente del ICAP, fue acusado en un indictment federal emitido el 5 de noviembre de 1982 por un gran jurado en el sur de Florida (caso 82-643-CR-JE). Se le imputó, junto a otros tres altos funcionarios cubanos (el embajador en Colombia Fernando Ravelo, su segundo, Gonzalo Bassols Suárez y el almirante Aldo Santamaría, jefe de la Marina de Guerra Revolucionaria de Cuba, una conspiración para importar drogas vía Cuba a Estados Unidos.

Específicamente, las acusaciones eran: participar en una conspiración para utilizar territorio cubano como punto de transbordo de marihuana y metacualona (Quaaludes) con destino a Florida; facilitar el tráfico de drogas en coordinación con el narco colombiano Jaime Guillot Lara; y ofrecer protección, escolta naval y puntos de reabastecimiento a embarcaciones que transportaban narcóticos hacia Estados Unidos. El negocio tenía una contraparte: los barcos de Guillot Lara transportarían de regreso armas para la guerrilla colombiana M-19.

El testimonio de Johnny Crump (Juan Lorenzo Crump Pérez), un abogado y traficante colombiano que se convirtió en testigo cooperante, fue central en el caso y en la acusación contra Rodríguez Cruz.

Crump relató una reunión celebrada en noviembre de 1979 en una suite del Hotel Hilton de Bogotá, en la que participaron Jaime Guillot Lara, el embajador Fernando Ravelo, Gonzalo Bassols Suárez y Rodríguez Cruz. Según su declaración, en esa reunión se discutió el uso de Cuba como escala para el contrabando de marihuana y metacualona hacia Estados Unidos.

Declaraciones de otros testigos, entre ellos capitanes de embarcaciones como David Pérez y Mario Estévez, afirmaron ante el tribunal que Rodríguez Cruz y el almirante Aldo Santamaría se encontraban a bordo de un barco involucrado en las operaciones de transbordo desde territorio cubano.

Medea Benjamin (centro), activista de Code Pink Women for Peace, ofrece una conferencia de prensa en La Habana en 2015.

La Brigada Venceremos: reclutamiento camuflado como solidaridad

La Brigada Venceremos, creada en 1969, es uno de los ejemplos más documentados del uso del ICAP para reclutar activistas estadounidenses contra la democracia norteamericana.

Jóvenes han viajado por décadas a La Habana para supuestamente apoyar a la bloqueada Cuba cortando caña y maravillándose ante escenografías montadas para mostrar los “logros” de la revolución. El ICAP organizaba su estancia en el Campamento Julio Antonio Mella.

Informes del Senado estadounidense de 1982 y análisis posteriores muestran que la entonces DGI aprovechaba la brigada para recolectar información, probar el grado de compromiso de los participantes y, en algunos casos, ofrecer instrucción en tácticas de guerrilla urbana.

La brigada sigue existiendo: en diciembre de 2025 llegó a Cuba su contingente número 53.

Redes en Estados Unidos: Areíto, la Brigada Antonio Maceo y el Comité de los 75

En los años setenta y ochenta, el ICAP coordinaba organizaciones de cubanos simpatizantes con el castrismo en Estados Unidos.

Desertores de la DI como el capitán Jesús Pérez-Méndez (desertor en 1983) y el mayor Florentino Aspillaga (1987) corroboraron que revistas como Areito y organizaciones como la Brigada Antonio Maceo y el Comité de los 75 estaban controladas por la DGI a través del ICAP.

El instituto también aprovechó para ejercer su influencia idílicos programas de ciudades hermanas con Mobile (Alabama); Pittsburgh (Filadelfia), y otras.

Una institución dual, pero desbalanceada

El ICAP nunca negó su carácter político. Lo que documentan las fuentes independientes es el uso sistemático de la solidaridad como cobertura para generar contactos, evaluar personas, recoger información y teledirigir a activistas de izquierda.

En su blog Cuba Confidential el oficial retirado de la contrainteligencia estadounidense Chris Simmons cita al exoficial de la DI Juan Reyes Alonso. Según él, el ICAP no es una entidad de la DI per se, pero está abrumadoramente influenciado por el servicio de espionaje.

Recuerda el desertor que el ICAP fue penetrado por un pequeño grupo de auténticos oficiales de la DGI que contaban con la ayuda de un gran equipo de agentes, es decir, colaboradores. Como resultado, se estimaba que aproximadamente el 90% del Instituto estaba vinculado a la DGI.

Reyes Alonso también señaló que dos oficiales del Departamento M-VIII (Eme-Ocho,"Extranjeros en Cuba") estaban asignados al ICAP para ayudar a seleccionar y evaluar a los miembros de la Brigada Venceremos y otras organizaciones simpatizantes.

En un país con recursos limitados, esta forma de inteligencia de bajo costo se convirtió en un multiplicador de influencias. Sesenta y cinco años después de su fundación, y con su cúpula ahora especialmente designada por EE.UU., el modelo diseñado para el ICAP en los primeros años de la Revolución se confirma como un mecanismo estructural de reclutamiento, espionaje e influencia del régimen cubano.