El 9 de enero de este año, el tiktoker venezolano identificado como "franklinvarela09" publicó una grabación de audio en la que el líder (en el distrito caraqueño 23 de enero) de los temidos paramilitares chavistas conocidos como colectivos describía con asombro la superioridad abrumadora en tecnología, poder de fuego y capacidad de maniobra desplegada por Estados Unidos en la operación militar Absolute Resolve, que había resultado el 3 de enero en la captura del jefe del Cartel de los Soles, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores.
La narración del matón chavista sobre la disparidad de fuerzas y tecnología me la esperaba, pero lo que realmente me tomó por sorpresa en ese audio fue este fragmento:
“Tenían una vaina que, a mí me hicieron botar sangre por la nariz, yo botaba sangre por la nariz, no sabía de qué era, después un pito que sonó en toda Caracas y hacía que la gente botara sangre por la nariz, por los oídos, no podíamos movernos, nos inmovilizó ese pito, dicen que es lo que se llama la onda expansiva sónica, Fue algo muy horrible, fue una vaina muy arrecha”.
Esa descripción me remitió en un flashback a 2018, cuando el Toronto Star relató la experiencia de la familia de un diplomático canadiense acreditado en La Habana. En abril de 2017 habían despedido a unos vecinos estadounidenses que serían evacuados después de reportar un conjunto de extraños síntomas neurológicos luego de escuchar en su casa ruidos indescifrables. A principios de junio fue la familia canadiense la que sufrió lo que calificaron como un aterrador "ataque" nocturno que dejó a algunos de ellos con náuseas y hemorragias nasales. Sangrando por la nariz, como el “colectivo” venezolano.
Para entonces yo había estado reportando por varios meses para Martí Noticias los eventos de lo que inicialmente se llamó ataques sónicos; luego, en los informes oficiales, ─despojados de la intencionalidad de un ataque─ Incidentes Anómalos de Salud. En el ámbito noticioso, no obstante, se conoció con un término acuñado por los medios: “Síndrome de La Habana”. Porque fue allí, en la capital cubana, donde todo empezó.
El plan piloto
Aunque las primeras piezas del rompecabezas del Síndrome de La Habana comenzaron a encajar unas con otras en noviembre de 2016 ─por los días en que los restos mortales de Fidel Castro recorrían la isla en un armón militar─ la primera víctima parece haber sido un conejillo de Indias para ensayar, dos años antes, lo que los cientos de afectados (unos 1.500 en todo el mundo) han insistido en que fue un arma secreta dirigida contra ellos.
Según reportó Prensa Asociada, en abril de 2014 la recepcionista del Hotel Capri de La Habana, entonces recién remodelado, le entregó a Chris Allen, un turista de 37 años natural de Carolina del Sur, la llave de la habitación 1414. Al entrar y recostarse, Allen sintió un hormigueo que le empezó en los dedos de los pies y se extendió por todo el cuerpo. Cuando se levantaba, los síntomas desaparecían; al volver a la cama, regresaban con fuerza.
Allen abandonó Cuba en el primer vuelo disponible, pero los efectos persistieron por seis meses, le costaron miles de dólares en exámenes y dejaron desconcertados a media docena de neurólogos.
Seguro que son cigarras
Una de más de tres decenas de entrevistas realizadas por el medio de periodismo investigativo ProPublica a personas atacadas detalla que una tarde de finales de noviembre de 2016 un oficial de inteligencia estadounidense con cobertura diplomática, abrió las puertas que daban al jardín en su nuevo hogar, una casa de estilo español en el antiguo Country Club. Junto con el aire cálido de la noche invadió el salón “un estruendo casi abrumador (…) molesto hasta el punto de que tenías que entrar en la casa y cerrar todas las puertas y ventanas y encender la tele”, recordó el diplomático, pensando entonces que quizás era algún insecto.
Noches después, él y su esposa invitaron a la familia de otro funcionario de la embajada americana que vivía al lado. Al atardecer, mientras charlaban en el patio, el mismo ruido ensordecedor inundó el jardín. “Estoy bastante seguro de que son cigarras”, dijo el anfitrión. “No son cigarras”, insistió su vecino. “Las cigarras no suenan así. Es un sonido demasiado mecánico”.
El colega había estado escuchando los mismos ruidos en su casa, a veces por una hora o más. Se quejó en la oficina de vivienda de la embajada, y enviaron a dos trabajadores de mantenimiento cubanos. No hallaron problemas eléctricos ni insectos en el jardín. En febrero, el estruendo nocturno empezó a disminuir. Después desapareció.
A finales de marzo un colega en sus 30 le avisó que se iba de Cuba: había sido el primero en acudir a la clínica de la Embajada y acababa de estar en Miami, donde especialistas médicos le habían diagnosticado varias dolencias, incluyendo una severa pérdida de audición. A finales de diciembre el joven había experimentado algo que describió como “una poderosa corriente de un sonido agudo" que parecía apuntado directamente contra él. Le hizo escuchar al oficial de inteligencia una grabación que sonaba muy parecido a lo que este último había escuchado desde su jardín.
Sólo que él y su mujer no habían sentido nada que indicara una enfermedad o lesión. No obstante, en pocos días, ellos también estarían en camino a Miami. El equipo médico en esta ciudad estaba encabezado por el Dr. Michael E. Hoffer, un otorrinolaringólogo de larga experiencia con veteranos de las fuerzas armadas que sufrieron traumas auditivos y del equilibrio a consecuencia de explosiones y combates en Afganistán e Iraq.
La andanada
Los primeros afectados fueron oficiales de la CIA en sus residencias del oeste de La Habana. Describían un “ruido agudo y mecánico”, como un haz dirigido, que provocaba dolores de cabeza intensos, pérdida de audición y daños en los huesecillos del oído. En febrero de 2017, el Departamento de Estado de la nueva administración Trump presentó una nota de protesta formal al gobierno cubano. Raúl Castro se mostró “sorprendido” y prometió cooperación. Sin embargo, los incidentes se multiplicaron.
Ese mismo mes la esposa de otro funcionario de la embajada informó que se encontraba en su residencia del también exclusivo Reparto Flores cuando escuchó un sonido irritante. Salió de la casa y vio una furgoneta que se alejaba a toda velocidad. El vehículo aparentemente provenía del mismo extremo de la calle donde se encuentra una casa que los estadounidenses creen es usada por el Ministerio del Interior cubano. Funcionarios consultados por ProPublica admitieron que el informe de la mujer era vago e incierto, pero dijeron que, aun así, era uno de los datos circunstanciales más relevantes que habían reunido sobre los incidentes.
En abril de 2017, un funcionario y un médico de la Universidad de Miami fueron atacados dentro del Hotel Capri. En agosto, 24 estadounidenses y ocho canadienses habían sido evacuados para someterse a exámenes médicos.
La prueba de tornasol
El estudio definitivo llegó en octubre de 2017 desde la Universidad de Pennsylvania y fue publicado en la Revista de la Asociación Médica Estadounidense (JAMA). Veintiuno de los 24 estadounidenses retirados de Cuba (11 mujeres y 10 hombres, promedio de edad 43 años) fueron sometidos a evaluaciones multidisciplinarias: neurológicas, auditivas, visuales y vestibulares (equilibrio).
Los resultados fueron contundentes: 76 % presentaba anormalidades cognitivas objetivas; 81 %, problemas de equilibrio; 71 %, alteraciones oculomotoras; 68 %, pérdida auditiva moderada a severa. Los síntomas persistentes —dolores de cabeza, náuseas, trastornos del sueño, fatiga cognitiva— se asemejaban a lesiones por explosión o conmoción cerebral, pero sin trauma físico detectable en las Imágenes de Resonancia Magnética. “Sin conocer el contexto, habríamos diagnosticado trauma cerebral por choque o explosión”, concluyeron los especialistas, quienes descartaron como causas psicosis colectiva o enfermedades preexistentes: eran lesiones reales, medibles y permanentes en muchos casos. Catorce de los 21 afectados no pudieron reincorporarse a sus puestos.
Se amplía el diapasón
En junio de 2018 el Síndrome de La Habana estaba haciendo estragos en las antípodas. Funcionarios de la administración Trump dijeron al New York Times que al menos 11 estadounidenses ─ocho del consulado en Guangzhou, uno del consulado en Shanghai y dos de la embajada en Beijing─ habían sido evacuados de China para estudios médicos luego de que reportaran, por primera vez en ese país, ruidos o sensaciones anormales comparables a los experimentados por sus colegas en Cuba. Desde entonces las agresiones invisibles adquirieron un carácter global.
A principios de marzo de 2026, en la cuarta edición que ha dedicado al tema el programa 60 Minutes de la cadena CBS se reportaron evidencias de agresiones con el arma secreta captadas en video, como la siguiente: una cámara de seguridad en un restaurante enfoca a dos agentes del FBI de vacaciones en Estambul, sentados a una mesa con sus familiares. Un hombre con una mochila entra y todos en la mesa se ponen las manos en la cabeza como presas de un dolor repentino.
Vidas y carreras frustradas
Así se han arruinado las vidas y carreras de unos 1.500 afectados en 96 países, como la del jefe de operaciones clandestinas de la CIA en Europa y Eurasia, Marc Polymeropoulos, quien debió retirarse en el esplendor de su carrera de 26 años.
En una entrevista con los periodistas cubanoamericanos Miguel Cossío y José Antonio Évora, Polymeropoulos, quien había alcanzado en la CIA un rango equivalente al de un general de tres estrellas en el Ejército, mencionó a un colega de la “compañía” que cuando estaba estacionado en La Habana gozaba de increíble forma física y mental y que después de ser blanco de los ataques necesita ir acompañado de un perro lazarillo para caminar porque su vista quedó afectada, y tiene que llevar un chaleco con contrapesos debido a su vértigo crónico.
El entrevistado consideró un golpe bajo un informe investigativo de la comunidad de inteligencia de EE.UU. presentado en marzo de 2023 por su Directora Nacional, Avril D. Haines. El reporte afirmaba que la mayoría de siete agencias participantes en la evaluación habían estimado como muy improbable que detrás de los incidentes estuvieran un arma y / o un adversario extranjero. Y concluía que los síntomas reportados se debían a condiciones médicas preexistentes, enfermedades convencionales y factores ambientales.
Para Polymeropoulos definitivamente sí hubo un actor extranjero detrás de los ataques, pues los objetivos principales eran oficiales de inteligencia. Enfatizó a Cossío y Évora que la lesión cerebral que sufrió en Moscú es visible en las Imágenes de Resonancia Magnética que le tomaron en el hospital militar Walter Reed de Arlington, Virginia.
El alto oficial de la CIA recordó que los ataques comenzaron en medio del deshielo ente La Habana y Washington y aventuró que ese proceso de acercamiento no puede haber sido del agrado de Rusia, ni de la facción de línea dura de la cúpula comunista cubana.
¿Sabía Cuba?
Aunque Raúl Castro prometió en 2017 a Estados Unidos ayuda para investigar los casos, la posición de La Habana fue la de lavarse las manos aun a costa de mentir: ˝No hay ninguna prueba sobre la causa de las dolencias reportadas, ni tampoco hay pruebas que sugieran que esos problemas de salud hayan sido causados por un ataque de ningún tipo”.
Esto fue reiterado en 2021 por un análisis de un grupo de expertos de la Academia de Ciencias de Cuba que concluyeron que no existía evidencia científica de “ataques sónicos” ni de un nuevo síndrome; que la narrativa de los ataques carecía de bases reales porque no se detectaron daños cerebrales consistentes, ni lesiones como roturas de tímpanos ni armas de energía dirigida capaces de actuar a distancia sin ser detectadas.
Alejandro Castro, de negociador a plan pijama
A fines de 2016, el primogénito de Raúl Castro, coronel Alejandro Castro Espín, ocupaba la jefatura de la Comisión de Seguridad Nacional, una entidad por encima de los Ministerios de las Fuerzas Armadas y del Interior y temida en ambas dependencias por su labor de fiscalización. Alejandro tenía especialmente a su cargo la supervisión de la Inteligencia y la Contrainteligencia.
Formado como militar en la Unión Soviética, distinguido por su papel en las conversaciones secretas que condujeron al deshielo con la administración Obama, y cercano a la Rusia de Putin, adonde viajó en 2014 y 2017 para cerrar acuerdos de seguridad, una investigación independiente lo vinculó con los ataques invisibles.
En “El misterio del Síndrome de La Habana”, reportaje investigativo publicado por The New Yorker y escrito por los periodistas Adam Entousy y Jon Lee Anderson, se presenta a Alejadro Castro como un entusiasta de la detente con Estados Unidos, al punto de haber invitado a La Habana al entonces director de la CIA, John Brennan, para discutir la posibilidad de cooperar en temas de seguridad e inteligencia.
Pero al tratar de explicarse la caída en desgracia del delfín de Raúl Castro después del retiro de su padre en 2018 ─Alejandro no fue electo a la Asamblea Nacional y su Comisión de Seguridad fue disuelta─ Entousy y Anderson citan a un antiguo colaborador de Fidel Castro, quien “sugirió una posibilidad más sombría: Alejandro podría haber sido despedido por ser responsable de los incidentes sónicos. ‘O bien él dio las órdenes o encubrió a quienes lo hicieron, pero actuó por su cuenta, sin el conocimiento de su padre’, dijo. ‘Esa es la única explicación posible de que Raúl tomara medidas para castigarlo’”.
En un artículo publicado en Diario de Cuba, Las cinco preguntas de detective sobre los ataques acústicos de La Habana, el politólogo cubano Juan Antonio Blanco señala:
“La hipótesis de un tercer actor autónomo es la más frecuente entre quienes quieren exonerar a la elite de poder cubana y su Ministerio del Interior (MININT) por lo ocurrido. Sin embargo, para que un tercer actor pueda operar de manera autónoma e independiente de la red de la Contrainteligencia cubana debe disponer de facilidades logísticas excepcionales que solo tiene el MININT: locales próximos a esas viviendas donde puedan instalarse puntos fijos de vigilancia para operar varios equipos transmisores contra más de una docena de residencias diplomáticas, las 24 horas durante meses, sin ser descubiertos por las múltiples escuchas y agentes operativos de la Contrainteligencia cubana”.
El castigo de Raúl a Alejandro, si lo hubo, al parecer se ha extendido hasta el presente. Habiendo sido el negociador que logró el deshielo en 2014 con los enviados de Obama, Ben Rhodes y Ricardo Zúñiga, este año crucial en las relaciones entre EE.UU. y Cuba su nombre solo fue barajado brevemente en los medios, para ser rápidamente sustituido por el de su sobrino Raúl Guillermo Rodríguez Castro, un teniente coronel de Seguridad Personal, viajero frecuente, amante del reggaetón, los videojuegos y los yates, con estampa de gigoló, pero quien además de cuidar de su abuelo parece tener su oído y ser su mensajero favorito.
La conexión rusa
En marzo de 2024, The Insider —un medio de periodismo de investigación independiente enfocado en Rusia— publicó el resultado de una investigación de un año de duración, realizada en colaboración con el programa 60 Minutes de la cadena CBS y la revista alemana Der Spiegel. El estudio reveló pruebas que sugieren que los inexplicables incidentes de salud conocidos como el “Síndrome de La Habana” podían tener su origen en el uso de armas de energía dirigida, empleadas por miembros de la Unidad 29155, un notorio escuadrón de asesinatos y sabotaje perteneciente al GRU, el servicio de inteligencia militar ruso.
Los tres medios sacaron a la luz pruebas documentales que indican que la Unidad 29155 había estado experimentando precisamente con el tipo de tecnología armamentística que, según los expertos, constituye una causa plausible de las misteriosas dolencias que afectaron en La Habana a espías y diplomáticos estadounidenses, así como a funcionarios canadienses,.
La investigación también determinó que agentes adscritos a la Unidad 29155 que viajaban con identidades falsas fueron geolocalizados en diversos lugares del mundo justo antes o en el momento en que se reportaron Incidentes Anómalos de Salud —como se refiere formalmente el gobierno de EE. UU. al Síndrome de La Habana.
Finalmente: aparece el arma…
En la citada cuarta edición de 60 Minutes sobre el tema que salió al aire el 8 de marzo de 2026 parece despejarse el enigma del Síndrome de La Habana:
- “60 Minutes ha sabido que agentes estadounidenses que investigan a traficantes de armas ilícitas tuvieron noticia de que una red criminal rusa estaba vendiendo un arma de microondas. Nuestras fuentes nos informan que agentes encubiertos del Departamento de Seguridad Nacional adquirieron dicha arma en 2024. La misión tuvo un costo aproximado de 15 millones de dólares, financiados por el Pentágono”.
- “60 Minutes ha obtenido detalles sobre un arma de microondas clasificada que podría explicar las misteriosas lesiones cerebrales sufridas por funcionarios estadounidenses. Llevamos nueve años investigando estas lesiones. Y ahora, nuestras (tres) fuentes nos revelan que esta arma de microondas es portátil, fácil de ocultar y consume relativamente poca energía”.
- “Está diseñada para pasar desapercibida y es lo suficientemente pequeña como para ser transportada por una persona. Es silenciosa y no genera calor, a diferencia de un horno de microondas. Nuestras fuentes afirman que el dispositivo es programable para distintos escenarios y puede ser operado mediante control remoto. El alcance del haz es de varios cientos de pies. Puede penetrar ventanas y paneles de yeso. Sus componentes vitales fueron fabricados en Rusia. Nuestras fuentes señalan que la clave no reside en el hardware, sino en el software. La programación da forma a una onda electromagnética única que asciende y desciende abruptamente, y pulsa con rapidez”.
- “Se han reportado cientos de posibles ataques, incluidos —según hemos sabido— algunos en la sede central de la CIA en Virginia y al menos dos incidentes dentro del recinto de la Casa Blanca. Durante años, el gobierno puso en duda los testimonios de los afectados. Pero ahora, las víctimas —entre ellas el exoficial de la CIA Marc Polymeropoulos— confían en que la noticia sobre el descubrimiento de esta nueva arma sirva, por fin, para reivindicarlas”.
60 Minutes no dice sin embargo que el arma haya sido usada en combate, sino que ha sido probada en un laboratorio militar estadounidense durante más de un año y que las pruebas en ratas y ovejas muestran lesiones similares a las observadas en seres humanos.
… y su nombre
El 24 de enero de 2026 el diario The New York Post publicó una entrevista que le hicieron al presidente Donald Trump sus periodistas Steven Nelson, Emily Goodin y Marisa Schultz. Algunos extractos:
“El presidente Trump declaró al Post que una nueva arma secreta resultó esencial para la audaz incursión estadounidense que permitió capturar al dictador narcotraficante de Venezuela, Nicolás Maduro”.
“El ‘Discombobulator’. (en español ‘Desconcertador’) “No se me permite hablar de eso. Me encantaría, pero no puedo”, afirmó Trump durante la entrevista exclusiva concedida en el Despacho Oval.
“Trump alardeó de que esta misteriosa arma ‘hizo que el equipamiento [enemigo] dejara de funcionar’ cuando los helicópteros estadounidenses irrumpieron en Caracas el pasado 3 de enero para detener a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, bajo cargos federales de narcotráfico y tráfico de armas, todo ello sin que se perdiera ni una sola vida estadounidense.
“Trump se refirió al arma cuando se le preguntó sobre informes que indicaban este mes que la administración Biden había adquirido un dispositivo de energía pulsada, del cual se sospecha es del tipo que generó el ‘Síndrome de La Habana’”.
“Dicha revelación surgió a raíz de testimonios obtenidos en el terreno en Venezuela, los cuales describían cómo los escoltas de Maduro caían de rodillas, sangrando por la nariz y vomitando sangre”.
“‘En un momento dado, lanzaron algo; no sé cómo describirlo’, relató uno de ellos. ’Fue como una onda sonora muy intensa. De repente, sentí como si mi cabeza estuviera explotando desde el interior’”.
“‘Todos empezamos a sangrar por la nariz. Algunos vomitaban sangre. Caímos al suelo, incapaces de movernos. Ni siquiera pudimos ponernos en pie después de esa arma sónica… o lo que fuera’”.
Foro