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SOS por Caibarién


Un infierno en Caibarién, dicen los testigos y comparan lo acontecido con el huracán Kate que azotó la zona en 1985.

Un infierno de vientos de huracán, lluvias torrenciales y penetraciones marinas se vivió el sábado en Caibarién, un pueblo del centro norte de Cuba, por donde cruzó el ojo de poderoso ciclón Irma. "¡Ay Dios, esto va a acabar con el pueblo", dijo Francis al ver los destrozos que está causando la tempestad en su localidad.

La muchacha de 19 años, que vive próxima al malecón, abandonó su casa para refugiarse en la de su abuelo y se lamentó: "El agua ya estaba en la esquina de mi casa (cuando salió), ya debe estar llena de agua".

Irma llegó en la mañana del sábado a Caibarién, una población de 40.000 habitantes a 330 km al este de La Habana, pero perdió fuerza al mediodía y ahora sus vientos máximos son de 205 hm/h, por lo que se degradó a categoría 3 de la escala Saffir-Simpson, de un máximo de 5.

Las calles, recorridas por ambulancias y camiones de bomberos, están llenas de trozos de tejas arrancadas de los techos por el viento, postes y tendidos eléctricos derribados, ramas de árboles y escombros. "Ya se llevó el techo de Reynaldo, el pobre, no hace ni un mes que lo puso", dijo Rosa (64), en referencia al techo de tejas de zinc de su vecino.

El viento es "atronador", gritó un periodista de la AFP al reportar por teléfono móvil desde el lugar. El servicio eléctrico fue suspendido desde el viernes para prevenir accidentes. En el parque Libertad, el viento arrancó los bancos, fijados con grandes tornillos de hierro al concreto del piso.

Caibarién revive la pesadilla de 1985, cuando el huracán Kate destruyó parte del pueblo, el agua alcanzó la "altura de los postes" de la electricidad y algunos botes pesqueros entraron desde la costa al paseo principal de la ciudad.

Las autoridades evacuaron a más de 12.800 personas. Norberto Tamayo, miembro del Consejo de Defensa Municipal, dijo a la prensa cubana que, aún sin cuantificar, se conoce de "múltiples derrumbes de viviendas, tanto parciales como totales, caída de techos y tendido eléctrico".

Una tienda de pan y dulces, de sólida construcción, perdió su fachada. La radio local no dejaba de pedir a los habitantes que evitaran salir a las calles durante el paso del huracán, pero muchos se asomaban a las puertas para ver los destrozos que estaba produciendo.

La casa de Rosa y su esposo Ramón Cobas (jubilado, 72) es una de las más fuertes del pueblo, por lo que el matrimonio acogió allí a otras seis personas de la familia.

Sin embargo, el muro divisorio con su vecino, construido con fuertes bloques de hormigón y de dos metros de altura, se desplomó.

Como proyectiles, los fragmentos de tejas, vidrio y concreto impactaban contra la casa, poniendo más nerviosa a Rosa, que por un momento no dejaba de hablar.

"Aquí puede pasar lo peor, un huracán de esta magnitud puede provocar daños enormes, temo que hasta pueda derrumbar esta casa y claro que temo por la suerte de los vecinos, estos vientos son más fuertes que los de Kate", dijo.

Pero el agua es también una gran amenaza en un pueblo costero y sin alcantarillado público; no hay desagües en sus calles.

AFP

Según vecinos, el mar avanzó ya 500 metros tierra adentro y la altura del agua es de un metro.

Los integrantes de otra familia, que posee una sólida casa próxima al mar, "están resguardados en el segundo piso porque el agua ya va por el cuarto escalón, preparados con maletines y todo por si hay que evacuar", contó una vecina.

A pesar de los llamados oficiales, algunos salían a la calle en bicicletas, preocupados por amigos y parientes.

Parado en la sala de su casa, donde comenzaba a entrar el agua, Angel Cordero, un campesino de 69 años, lamentó la pérdida de sus cosechas de plátano, boniato, fruta bomba y guayaba. "Esto es un destrozo, si dura un día más, aquí no queda nada", dijo con pesar a la AFP.

En la casa de los Cobas todos estaban fuertemente impresionados. Hasta dos perritos, Lassie y Gorgojo, se movían constantemente, con las orejas muy paradas y una mirada inquieta e interrogante.

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