Se esperaba que el cubano César Prieto recibiera más oportunidades en su tercer llamado del año a las Grandes Ligas, que coincidió con la estancia en la lista de lesionados del segunda base JJ Wetherholt y el campocorto Masyn Winn.
Sin embargo, a la tercera no fue la vencida, y tras dos comparecencias al plato en una semana, en la que falló una vez y recibió boleto en la otra, fue enviado nuevamente a la Triple A, en una movida que podría marcar el fin de la aventura de Prieto en la organización de los Cardenales de St. Louis.
Su espacio en el roster fue ocupado por Winn, activado de la lista de inhabilitados.
De esta manera, el cienfueguero se despidió con dos hits en 63 turnos, para un anémico average de .063, un boleto, una carrera anotada, una base robada y cuatro ponches en sus tres convocatorias a las Mayores en el 2026.
Ahora regresa a los Memphis Redbirds de Triple A, el nivel al que ha demostrado pertenecer.
En 79 partidos, Prieto promedia .308, con 12 jonrones, 20 dobles y un triple, 43 remolcadas y un OPS de .872.
Firmado por los Orioles de Baltimore en el 2022 y traspasado dos años después a los Cardenales, hizo su debut en las Mayores en el 2025, cuando se ponchó en cinco de seis turnos, con un infield hit.
Lo peor es que el cienfueguero empieza a ganarse fama de ser un pelotero de AAAA, un término que se maneja a nivel gerencial que identifica a un jugador a quien la Triple A le queda pequeña, pero las Grandes Ligas le resultan enormes.
¿Qué le depara el futuro al cienfueguero?
Lo mejor que le pudiera pasar es que la organización de San Luis decida canjearlo a otra franquicia, como los Reales de Kansas City, los Atléticos o los Angelinos de Los Angeles, de esas que viven en eternas reconstrucciones, donde pueda recibir más oportunidades y sin la presión de equipos que son contendientes cada año.
La paciencia es corta en el béisbol y las oportunidades son pocas, sobre todo para aquellos peloteros que no cargan con grandes salarios, como el caso de Prieto, que obligaría a la gerencia a insistir, con tal de justificar su inversión.
A diferencia de los recién ascendidos Lázaro Montes (Marineros de Seattle) y Yohandy Morales (Nacionales de Washington), Prieto no ha sabido aprovechar sus chances, y a los 27 años, el reloj corre en su contra.
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